Tú, yo y un transporte público digno; no sé, piénsalo

blogeditor · 12 de julio de 2017

Tú, yo y un transporte público digno; no sé, piénsalo

Por: Ari Santillán (@ari_santillan) y Berenice Zambrano (@darkolina)

A nosotrxs no nos importa que gane (o pierda) Mancera… y es que la necesidad de una movilidad más democrática, segura, eficiente, sostenible, sustentable y de calidad es innegable para todxs los habitantes de la zona metropolitana independientemente del “jefe de Gobierno” en cuestión. Entonces, ¿cómo le hacemos para tener la ciudad que merecemos?

Demanda Metrobús L7

El Paseo de la Reforma, en el corazón de la Ciudad de México y su continuación al norte, la Calzada de los Misterios, son rutas altamente transitadas por cientos de miles de personas, por lo que la necesidad de un transporte público ordenado, de alta capacidad y, sobre todo, rápido, es más que clara; sobre todo si tomamos en cuenta que existe actualmente una demanda cercana a los 130 mil usuarios por día que actualmente se mueven en 180 autobuses de baja capacidad, contaminantes y que comparten la congestión causada por los automovilistas que circulan por la arteria.

Medio Ambiente

Nos dijeron que el Metrobús es amigable con el medio ambiente porque cuenta con tecnología Euro VI, pero esto, sinceramente, no significa nada para la mayoría de nosotrxs.

Euro VI es la normativa europea sobre emisiones contaminantes vigente y es definida por la Unión Europea; ésta impone límites de emisiones para cualquier vehículo. Manejan dos esquemas, uno para autos (Euro 6) y uno para vehículos pesados (Euro VI).

Para entender un poco mejor cómo funciona esta normativa podemos hacer el siguiente ejercicio; mientras que los nuevos BRT de la Línea 7 del Metrobús deben emitir un máximo de 1.5 gramos de CO2 por kilómetro recorrido, el Honda FIT 2017 que se vende en México emite 174 gramos de dióxido de carbono por cada kilómetro que recorre, y éste es de los autos más ecológicos.

Además, de acuerdo con este estudio de la UNAM, incentivar un mayor uso del Metrobús en la Ciudad de México puede llegar a evitar la emisión de 2.4 millones de toneladas de CO2 para 2020 y 19.1 millones de toneladas de CO2 para 2050.

Al parecer, cuando menos en este tema, lo único que le falló a las autoridades es entender que no somos (ni tenemos por qué ser) expertos en transporte y medio ambiente.

La simple sustitución de 180 autobuses por 90 BRTs (Metrobús) y el confinamiento de un carril (porque será confinado, ¿verdad?; no queremos soluciones a medias por miedo a las rutas metropolitanas o a algunos vecinos) representa una reducción de aproximadamente 19 toneladas al año.

Bien común y chismes

Ahora bien, el chisme que se ha llevado -y lleva- a cabo en redes sociales no es para menos. Por un lado tenemos a unas agencias de publicidad enojadas ya que no serán quienes vistan las estaciones del Metrobús (esto en un proceso poco transparente), por otro lado a una “Academia Mexicana de Derecho Ambiental” que al parecer protesta muy puntualmente por ciertas zonas, ciertos proyectos y ciertos -conflictos de- intereses (por acá preguntan si su fundador, Ramón Ojeda Mestre, defiende el pulpo de los microbuseros y otras tantas cosas), en otro frente tenemos a un grupo de vecinxs que después del revuelo causado en Twitter han terminado sentando en una mesa a la secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, para externarle sus preocupaciones sobre algún posible daño a los monumentos históricos, y al medio ambiente (que, por cierto, otros vecinxs han comenzado a articular propuestas de reforestación urbana en su zona), por la falta de regulación de la publicidad que habrá en las estaciones (o mejor dicho, que hay en toda la ciudad, pero eso lo decimos nosotrxs) y alguna otra cosa que olvidamos ahora. Todo esto, está apoyado por falta de información y comunicación de gobierno central y Metrobús (y no sería la primera vez que desconfiamos y acertamos en desconfiar de un proyecto del gobierno).

Y es que el proyecto no es perfecto, preguntamos: ¿qué vamos a hacer con los microbuses metropolitanos?,  ¿van a compartir el carril con la Línea 7 del Metrobús?, ¿alguien está ya hablando con el gobierno de allá para arreglarlo? (Rodrigo y Onésimo presentaron una muy buena propuesta sobre las posibles nuevas rutas). ¿Dónde y cómo va a dar la vuelta el Metrobús?, ¿en Auditorio o en la Fuente de Petróleos? Oigan, ¿y la ciclovía?, ¿qué tan funcional es para los pasajeros que sea de dos pisos el BRT?, etc.

Todo este enredo solo parece ir en contra de los ciudadanxs, de un mejor transporte público, de negar la necesidad de 130 mil traslados dignos diarios. Es como si la discusión tuviera intereses, conflictos y ganancias en algún otro lado lejos de la realidad de Avenida Reforma, Calzada de los Misterios y la ciudadanía que usa el transporte público, que es casi el 70 %.

Ninguno de estos chismes o -conflictos de- intereses minimizan la necesidad que existe de un mejor transporte público, incluso de un sistema de movilidad, uno que permita hacer la mayor parte del trayecto en Metro o Metrobús y los viajes cortos en bici o caminando. Que si un día hay que trasladar muchas cosas, se pueda pedir un taxi sin ver cómo lo único que avanza es el taxímetro. Las opciones para movernos tienen que existir para poder decidir cuándo nos conviene más usar cada una de ellas. Nosotros queremos que todas estas opciones para trasladarnos no solamente sean seguras, sino dignas, sostenibles, sustentables, eficientes e incluyentes. Y es que incluso estar horas dentro de tu auto no es digno (aunque la percepción pueda ser otra), ni eficiente, mucho menos incluyente y está lejos de ser sustentable.

Este es el derecho a la movilidad que defendemos y es justo aquí donde queremos que haya mejor calidad en el debate porque hasta ahora, estamos bastante decepcionadxs y cansadxs de estos chismes y conflictos de interés.

Si bien, el proyecto del Metrobús Línea 7 no es perfecto, es mejorable (como proponen Rodrigo Díaz y Onésimo Flores, aunque habrá que rediscutir esa propuesta de ciclovía), nosotros no solamente señalamos, sino que demandamos al gobierno, al Metrobús, a las instituciones, a los ciudadanos, a todx el que transite y respire la ciudad, que ejercitemos una relación responsable y de respeto, hasta que la dignidad se haga costumbre, por medio de la democracia participativa, que no se debe confundir con consultar públicamente si los derechos se deben cumplir o no, sino traer a la vida cotidiana estrategias como esta, esta y/o esta otra.

¿O será que cuando se está acostumbradx al privilegio, la equidad se siente como opresión?

 

 

* Ari Santillán edita en TheCityFix Mexico; flâneur y ciclista. Inquieto. Berenice Zambrano diseña gráficos, camina, anda en transporte público y en bici. También es miembro de Bicitekas A.C.