Redacción Animal Político · 31 de marzo de 2024
Me encuentro para entrevistar a Raúl y Julianna en un restaurancito de la Narvarte. Con Julianna cada vez que nos vemos tenemos algún evento transfóbico recién sucedido a comentar. A Raúl Cruz le conocí leyendo el informe “Polarización y transfobia: Miradas críticas sobre el avance de los movimientos antitrans y antigénero en México”. Ambes se han dedicado a investigar los discursos de odio, en especial la transfobia, en los activismos, en el espacio público y en el ecosistema digital. Raúl es periodiste digital, investigadore de redes sociales y lleva 9 años trabajando en medio digitales. Se interesa en el monitoreo y la construcción de contranarrativas a los discursos de odio en redes digitales. Julianna Neuhouser es traductora e investigadora de la ultraderecha, y a veces también periodista independiente.
No hay día sin discursos de odio en las redes. Cuando nos sentamos a platicar, un gran grupo de feministas académicas mexicanas acababan de publicar una carta de apoyo a Marcela Lagarde por la protesta de estudiantes universitarios en una conferencia suya en contra de los pronunciamientos transfóbicos que ha tenido la antropóloga mexicana. Unos días antes, se opusieron a la legislación que prohibió las terapias de conversión sexual, bajo el argumento de que son tramposas ya que reconocen a las infancias trans.
¿Cuándo y cómo se puede protestar? Hay que reconocer que discutir abiertamente en foros si las personas trans son sujetos de derechos o no es violencia simbólica que deshumaniza a un colectivo históricamente vulnerado.
De acuerdo con Julianna, “la defensa del libre debate en las universidades a raíz de esa protesta en contra de Marcela Lagarde esconde un debate tramposo, porque, por un lado, los derechos no se ponen a discusión, y por otro, lo que realmente están suprimiendo es el derecho al libre debate alrededor de la transfobia de Marcela Lagarde. Hemos visto este tipo de pánicos morales en el norte global, en el que las manifestaciones de los estudiantes son vistas como un atentado contra la libertad de expresión. Un argumento que olvida la libertad de expresión de los propios estudiantes y muchas veces termina en la criminalización del derecho a la manifestación dentro de las universidades”.
En la región hay partidos políticos o personajes de la política que instrumentan discursos de odio para capitalizar el malestar y el descontento social ante problemas económicos o de seguridad. Discursos que atentan y amenazan con un retroceso de los derechos de las mujeres, pueblos indígenas y afrodescendientes, y comunidad lgbtiq+. En la presente coyuntura electoral mexicana hemos visto estos discursos y, aunque no son mayoritarios, según Julianna “en México no hay un solo partido que sea aliado de las personas trans; algunos manejan el tema mejor que otros, pero todos tienen gente dentro que apoya la transfobia, normalmente con protección de los más altos niveles del partido. Eso hace que el panorama electoral para las personas trans sea terrible porque no tenemos a quien votar”.
Asimismo, Raúl coincide en que “hay una atmósfera digital compleja en el tema y ha sido preocupante y frustrante ver cómo desde hace 10 años, los políticos han aprendido a copiar los discursos más extremos en otras latitudes. Como organizaciones, colectivos, medios, activistas y personas que fomentamos la alfabetización digital tenemos que aprender a construir herramientas para contraponer estas narrativas, pero especialmente los medios y la legislación se han quedado cortas en frenar estos discursos y oleadas transfóbicas. Es más frustrante cuando defienden la transfobia desde la libertad de expresión porque no hemos parado de repetir que el discurso de odio no está protegido por la libertad de expresión, pero nadie quiere legislar contra el discurso de odio porque es una línea muy peligrosa a trazar. Algo que hemos visto y que es muy evidente es que los políticos mexicanos tienden a copiar y pegar el discurso gringo y que de momento no está todavía aterrizando bien, no está siendo del todo comprado. ¿Hay un prejuicio antitrans en la sociedad mexicana? Totalmente, pero este prejuicio no es el mismo que en la sociedad estadounidense porque el tipo de conservadurismo es diferente. En el momento en que los políticos entiendan la diferencia, vamos a tener un contexto de cambio discursivo que va a ser muy peligroso”.
Ante la pregunta sobre las señales que nos advierten de un escenario futuro en que se pueda consolidar una opción política de ultraderecha en México, tanto Julianna como Raúl coinciden en que “hay dos síntomas que debemos tener en cuenta. Por un lado, voltear a ver lo que pasa en Estados Unidos porque no es una amenaza vacía. Durante 2022, la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) realizada en México se trató de cómo importar estos discursos transfóbicos y ver las legislaciones antitrans de estados como Florida o Texas. En México, nuestra configuración federal no permite tanta libertad ni tanta diferencia en cómo se hacen las legislaciones. Tenemos un marco legislativo mucho más protector de los derechos, pero ¿tenemos la capacidad, la energía, la atención, las fuerzas y los recursos para estar vigilando todas las campañas, todas las iniciativas, todos los mensajes? No lo tenemos, es una estrategia desgastante y por eso siempre estamos un paso atrás, porque es muy cansado”.
Y por otro lado hay que observar que en México el discurso transfóbico que sí pega es el discurso transfóbico feminista. Y ello conlleva otras implicaciones porque, según Julianna “el discurso de odio más peligroso de México no viene solo de la derecha, sino de algunos feminismos, y las candidaturas tienen -todas- acercamientos a posturas transfóbicas desde algunos feminismos. Entonces, la pregunta que debemos hacernos es: ¿quién va a quedar al frente de las instituciones encargadas de avanzar en la igualdad de las mujeres, de toda la diversidad de mujeres?”.
Todos estos retos están presentes en la coyuntura política actual en México y no es menor porque las enseñanzas del contexto regional muestran que, en relativamente poco tiempo, las opciones políticas de ultraderecha se han consolidado conformando gobiernos que de un plumazo borran derechos, instituciones, garantías y libertades. Evitar esto dependerá del esfuerzo conjunto de organizaciones, colectivos, activistas, académiques y de la sociedad en general, reconociendo que todas, todos y todes somos sujetos de derechos. En el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir estamos apostando por construir narrativas, alianzas y estrategias entre activistas y sociedad civil para contrarrestar los efectos de los discursos de odio. En un mundo sin transfobia, Raúl se dedicaría a escribir sobre Alfonso Reyes, de One Piece o sobre cocina que le gusta mucho, y Julianna escribiría sobre el movimiento estridentista.
* Silvia Soler es coordinadora de Formación y Saberes en intercambio del ILSB (@ilsb_ac).