La importancia de los traductores e intérpretes de las lenguas mesoamericanas en la salud

Redacción Animal Político · 11 de septiembre de 2024

La importancia de los traductores e intérpretes de las lenguas mesoamericanas en la salud

En el contexto de la atención sanitaria, la comunicación efectiva entre el personal médico y los pacientes es esencial para garantizar un diagnóstico y tratamiento adecuados. Sin embargo, en comunidades rurales donde la lengua materna no es el español, esta comunicación puede verse seriamente afectada cuando, para quienes acuden a la consulta médica, no resulta fácil explicar sus síntomas o malestares, y, además, el personal de la salud tampoco muestra empatía para tratar de entenderlos. Ante la imposibilidad de comunicarse y explicar sus síntomas de manera detallada, los pacientes exasperan al personal médico y se convierten en el blanco de regaños, violencia verbal y conductas discriminatorias. Tales conductas son entendidas e interpretadas por los pacientes como desprecios y prepotencia, y se resisten a asistir a las clínicas u hospitales. Los traductores de las lenguas indígenas se han convertido en una pieza clave para superar estas barreras lingüísticas y culturales, asegurando así una atención médica más objetiva y respetuosa.

En México, el Artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala la importancia del reconocimiento de los pueblos indígenas y de la procuración de políticas que los beneficien, tales como los servicios de salud mediante la ampliación de la cobertura del sistema nacional, así como el reconocimiento de la medicina tradicional. No obstante, las diferencias lingüísticas y culturales, su desconocimiento, dificultan la explicación de un diagnóstico médico a pacientes hablantes de lenguas originarias, pues se ha dado más atención a los traductores en el área del derecho y su defensa en los juicios orales, que en el sector de la salud.

En muchos países, las comunidades indígenas enfrentan una doble barrera para el acceso a los servicios de salud. La lengua materna de muchas de estas comunidades no es reconocida ni utilizada en la mayoría de estos servicios, lo que puede llevar a malentendidos, diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados. Además, las diferencias culturales pueden influir en la percepción de la enfermedad y en la aceptación de determinados tratamientos, lo que complica aún más la situación.

La existencia de traductores e intérpretes indígenas o de origen mesoamericano es indispensable, pues además de encargarse de la traducción de palabras, también facilitan la comprensión cultural entre los pacientes y los profesionales de la salud. El trabajo de los traductores consiste en expresar las explicaciones médicas y los síntomas reportados por los pacientes, asegurando que ambas partes se entiendan correctamente. Al médico le explican las creencias y prácticas culturales que pueden influir en la percepción del paciente sobre su enfermedad y tratamiento. Asimismo, actúan como mediadores en situaciones donde las diferencias culturales pueden generar conflictos o malentendidos, y aplican un tono de voz acorde a lo que ellos consideran para tranquilizar al paciente, aunque observen que el personal de salud se encuentre alterado.

La bioética es una rama de la filosofía aplicada a la ciencia, que trata de regular el papel de la investigación científica, como una forma de canon de la investigación en humanos, seres vivos y el medio ambiente. Además, es una herramienta para que no se violen los derechos humanos durante las investigaciones que se realizan en el área de la salud como en cualquier otro experimento. Para la filósofa Juliana González, la bioética debe tener un enfoque interdisciplinario y crítico, así como promover la reflexión ética en los avances científicos y no dañar la dignidad humana en el ámbito de la biomedicina. 1 Por otra parte, la antropóloga feminista Marta Lamas enfatiza que en las cuestiones bioéticas se afecta a las mujeres y a los hombres de manera diferente, por ello considera significativo retomar la perspectiva de género para mantener una postura de justicia social.

Por tanto, la aplicación de la bioética no sólo es la investigación, sino también una práctica, un estilo de vida asociado con la ética en la vida profesional. Sin embargo, se dejan de lado varios aspectos importantes en la interacción humana y uno de ellos es la comunicación, es decir, la interpretación del diagnóstico médico explicado al paciente que es monolingüe o hablante de una lengua indígena.

La interpretación médica del conjunto de malestares y síntomas que presenta el paciente es diagnosticado por el personal de salud y explicado posteriormente, no siempre en la lengua del paciente, sino en la lengua del personal de salud, lo que genera diferentes interpretaciones por parte de los pacientes. De la misma manera, el consentimiento informado para la realización de cualquier procedimiento o intervención amerita una explicación detallada con el fin de conocer los riesgos y beneficios y resolver dudas. Para esto es necesario que la información mencionada sea proporcionada en la lengua originaria.

Sin duda estamos ante un tema de comunicación y cultura. La medicina y la investigación médica es occidental y los pueblos de origen mesoamericano representan los puntos de unión de diferentes culturas y son resultado de un proceso histórico que aún está presente. Algunas poblaciones son mayoría, pero frente a la cultura occidental son minorías dispersas que no reciben la suficiente atención del modelo dominante de salud. Así también predomina el desconocimiento de los saberes y aportes a la ciencia que han hecho los pueblos de origen mesoamericano y que no han sido del todo estudiados.

La bioética ha tenido impulso en las últimas décadas; las organizaciones de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y Mundial de la Salud reconocen que la conducta científica y tecnológica poco ética ha tenido repercusiones especiales en las comunidades originarias y locales. La sensibilidad moral y la reflexión ética debería ser parte integrante del proceso del desarrollo científico y tecnológico. Asimismo, la bioética debería desempeñar un papel predominante en las decisiones que han de tomarse ante los problemas que suscita ese desarrollo.

La responsabilidad social y el reconocimiento de la diversidad cultural debe ser fomentada en todo el personal de salud en México, así como en América Latina. Dado que son zonas geográficas culturalmente diversas y que las personas que acuden a la consulta médica no todas hablan español, o bien son monolingües o bilingües, su percepción de las cosas es diferente en diversos momentos. Aunque existe un lenguaje universal de señas para marcar la parte que duele o molesta, no siempre el personal de salud está capacitado ni tiene la sensibilidad para poner atención al lenguaje no verbal de pacientes que llegan a consulta cuando son monolingües. Las barreras lingüísticas favorecen que reciban tratos diferenciados, humillantes y excluyentes.

El abuso de poder, considerado un problema, se refleja tanto en las conductas como en los discursos del personal de salud que observa a quienes hablan una lengua indígena. La importancia de la aplicación de la bioética aún es desconocida para el personal del servicio de salud, así como para varios investigadores e investigadoras que diseñan políticas públicas y de salud. La aplicación de la bioética es necesaria ante cualquier situación que implique la comunicación con las poblaciones originarias. Las lenguas originarias son aquellas que aún se hablan en poblaciones de origen mesoamericano y que tienen vigencia.

Es el papel del Estado capacitar al personal de salud para trabajar con intérpretes, de manera que la información médica pueda ser trasmitida en lengua indígena y con ello contribuir a un trato digno, respetuoso de los derechos humanos, y al empoderamiento de las comunidades indígenas, con un acceso pleno a los servicios de salud, sin los obstáculos que implica la comunicación en un idioma o lengua diferente.

Desde el punto de vista bioético, el uso de traductores e intérpretes indígenas en el ámbito de la salud toca los siguientes principios fundamentales:

El principal es la autonomía, que consiste en respetar la libertad de las personas, lo que significa asegurar que comprendan completamente la información médica que se les proporciona y que sus decisiones estén bien informadas. Sin un traductor e intérprete, los pacientes de pueblos originarios pueden no entender la naturaleza de sus tratamientos o diagnósticos ni las explicaciones que se les ofrecen, lo que compromete su capacidad para tomar decisiones autónomas al no entender el idioma.

Por otra parte, el personal de la salud tiene la obligación ética de actuar en beneficio de los pacientes y de no causarles daño. Sin embargo, se han detectado un sinfín de prácticas carentes de ética en el servicio de salud sobre todo en sociedades de origen mesoamericano. La falta de comprensión debido a las barreras lingüísticas y las conductas de enojo que puede generar entre el personal de salud al no hacerse entender durante la atención médica, puede resultar en tratamientos inapropiados, poniendo en riesgo la salud del paciente, así como originar la aparición de prejuicios y expresiones racistas.

Es justo que las personas que acuden al personal de salud tengan igualdad de oportunidades en la distribución de recursos y el acceso a servicios de salud. Proporcionar intérpretes y traductores indígenas es una manera de asegurar que las comunidades indígenas disfruten el mismo acceso a una atención sanitaria de calidad como el resto de la población.

En la actualidad, todavía es un reto contar con traductores originarios, tanto en México como en diversas partes de América Latina. A pesar de su importancia, la implementación de servicios de traducción indígena enfrenta varios desafíos, dado que entre los traductores indígenas reconocen que no cuentan con una capacitación y certificación sobre el lenguaje médico y cómo explicar a los pacientes las diferentes situaciones que surgen en el entorno. Una dificultad que surge en algunas lenguas son las variantes tonales, en las que la pronunciación confiere a las palabras diversos sentidos y significados, tal es el caso del zapoteco que se habla en la zona del istmo de Tehuantepec, en contraste con el zapoteco utilizado en la zona del centro del estado de Oaxaca.

La capacitación, como la certificación, es necesaria para que los traductores indígenas reciban una preparación adecuada, tanto en terminología médica como en técnicas de interpretación. La certificación formal puede garantizar un estándar de calidad en la interpretación.

La inclusión de traductores indígenas requiere una inversión en recursos humanos y financieros. Es necesario que los sistemas de salud prioricen este gasto como una transformación en la igualdad y la calidad de la atención. Es importante que los traductores se comprometan a estar y permanecer cuando se les necesita, y para ello requieren el reconocimiento y el apoyo económico. Los traductores indígenas deben ser reconocidos y valorados como profesionales esenciales dentro del sistema de salud. Esto incluye una remuneración justa y el reconocimiento formal de su papel. En algunos hospitales, se busca entre su mismo personal hablantes de una lengua indígena, lo que facilita en muchas ocasiones la comunicación en el entorno médico.

Para concluir, la inclusión de traductores indígenas en el sistema de salud no sólo es una cuestión práctica, sino también una exigencia bioética, lo que contribuye a un acceso equitativo a la justicia y la no discriminación. Es necesario asegurar que todos los pacientes tanto hombres y mujeres de diferentes identidades de género, así como la población infantil, independientemente de su lengua materna o contexto cultural, reciban una atención médica comprensible y respetuosa.

Los traductores indígenas desempeñan un papel decisivo en este proceso, porque son escuchados por sus receptores y esto permite que se puedan tomar decisiones completamente informadas en un entono médico. Su integración es necesaria para el desarrollo en un sistema de salud y evita conductas de marginación y discriminación. Así, la diversidad cultural no debe verse como un retraso u obstáculo para la atención médica, sino como una oportunidad de compartir los saberes que han logrado los pueblos originarios a lo largo de la historia.

* Rocío Fuentes Valdivieso cursó el Seminario Postdoctoral en Estudios de Género por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, en Buenos Aires, Argentina. Es doctora en Antropología, egresada del Instituto de Investigaciones Antropológicas y de la Facultad de Filosofía y Letras, ambos de la UNAM; es maestra en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana y licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Actualmente es profesora e investigadora del Instituto Politécnico Nacional, Escuela Superior de Medicina.

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1 González, J. 2008. Perspectivas de bioética (coord.). México: FCE, UNAM, FFyL, Comisión Nacional de los Derechos Humanos.