blogeditor · 12 de agosto de 2019
En México se puede trabajar y ser pobre. Eso es un escándalo y una gran contradicción. Para reducir la pobreza hay que transformar el mundo del trabajo y la política laboral. No bastan los programas sociales.
La pobreza está estancada. En 10 años, la pobreza se ha reducido 2.4 puntos porcentuales, 0.24 puntos por año, y por el crecimiento demográfico, hay casi 3 millones de personas más en condición de pobreza, que en 2008.
Esta magnitud de la pobreza no corresponde al tamaño, el dinamismo, la capacidad de nuestra economía.
Muchas veces se dice que la pobreza no se reduce porque falta crecimiento económico. Esta no es la explicación. Los datos muestran que no hay correlación directa entre crecer y reducir pobreza. Sí la hay en sentido inverso: cuando hay crisis y recesión, aumenta la pobreza, como sucedió en 1995 y en menor medida en 2007. Pero cuando la economía crece el cambio es mínimo.
En estos 10 años el PIB ha subido un 25 %. Equivale a 2.5 puntos porcentuales por año. Las exportaciones se han incrementado en 55 % y la inversión extranjera estuvo en un nivel histórico entre 2013 y 2014. Pero como vimos la pobreza sólo se redujo 0.24 puntos porcentuales. La décima parte de lo que creció el PIB y menos de la “veinteava” parte de lo que crecieron las exportaciones (Gráfica 2).
Países con menor desarrollo, con menos exportaciones y con economías menos fuertes, han logrado reducciones significativas y sostenibles de pobreza en la década reciente. No es el caso de México.
En América Latina entre 2008 y 2016-17 la gran mayoría de los países tuvieron reducciones muy importantes. Los casos más impresionantes con Uruguay, donde la pobreza se redujo de 14.2 % en 2008 a 2.7 % en 2017, cuatro veces menos (416 %).
De estos países sólo en México la pobreza no se reduce, sino que crece un poco en estos años. Con medición comparable de la CEPAL, la pobreza en México pasa de 43.1 % a 43.7 % entre 2008 y 2017.
Ciertamente en Honduras la pobreza también aumentó, y no hay datos de Guatemala o de Nicaragua para fechas recientes. No estaríamos solos, pero eso aumenta el escándalo de nuestra realidad.
Antes de culpar al gasto social y a los programas de desarrollo social por estos malos resultados, hay que mirar hacia la economía, sobretodo al mundo del trabajo.
Los datos de CONEVAL son muy claros:
Hay dos variables que son las de mayor peso y que no han cambiado significativamente en toda la serie de mediciones de 2008 a 2018: la carencia de seguridad social y el ingreso insuficiente para adquirir la canasta básica, que es la pobreza por ingresos.
Mientras estos dos indicadores no bajen sustancialmente, no se pueden reducir la pobreza en México. Y ambos tienen su raíz en la economía, en el mundo del trabajo.
La pregunta entonces es ¿cómo? ¿Cómo se consigue la seguridad social? ¿Cómo se logran ingresos para adquirir la canasta básica? Con un trabajo que cumpla con la ley y con salario suficiente. No hay otro camino.
Y visto desde el otro ángulo para ubicar donde están los retos:
¿Quiénes no tienen seguridad social? Hay 3 posibilidades: Carecen de seguridad social quienes no tienen trabajo, quienes trabajan por su cuenta o en negocios familiares y quienes aún teniendo empleo, se les niega el derecho al seguro social.
Y respecto al ingreso: ¿quiénes no ganan ingreso suficiente para comprar la canasta básica de toda su familia? Otra vez son 3 posibilidades, casi las mismas: Quienes no tienen trabajo, quienes trabajan por su cuenta o en negocios de muy baja productividad, y quienes tienen empleo y se les pagan salarios insuficientes.
Estas tres situaciones son creadas sobretodo en el mundo del trabajo. Es urgente cambiarlas para lograr reducciones de pobreza.
Esto debe cambiar de manera estructural. La protección social y la seguridad social deben ser un derecho de las personas y deben dejar de ser una “prestación” laboral.
Es urgente avanzar en consensar las rutas para que México cuente con un sistema de protección social /seguridad social como derecho universal.
Un sistema que garantice de manera sostenible y fiscalmente responsable: acceso efectivo a salud; acceso a servicios de cuidado infantil; pensión para adultos mayores; ingreso en caso de enfermedad, accidente o incapacidad para trabajar; fondos de ahorro para vivienda. Visto así es claro que la seguridad social es la mejor política social.
El primer pilar de un piso garantizado de protección social es el acceso universal a la salud. En México esto es urgente, dado el deterioro de los servicios públicos de salud.
Hay otras medidas, que deben aplicarse de inmediato y pueden tener impactos muy positivos y de gran escala en el mundo del trabajo, mencionamos dos:
También se requieren cambios de corto plazo en la política social, mientras se clarifica el debate para establecer la seguridad social como un derecho. Mencionamos dos cambios urgentes que también pueden tener impactos muy positivos y de gran escala: