Las tensiones entre el trabajo de cuidado y el éxito profesional de las mujeres

Redacción Animal Político · 29 de mayo de 2024

Las tensiones entre el trabajo de cuidado y el éxito profesional de las mujeres

Cifras de la UNESCO publicadas en 2021 sugieren que en las últimas décadas se ha producido un rápido aumento en los estudios superiores de la población a nivel mundial. Gran parte de este crecimiento se debe al aumento del nivel educativo de las mujeres, quienes progresivamente han logrado niveles de escolaridad aún más altos que los hombres.

Según datos de la Secretaría de Educación Pública, de los 5.1 millones de estudiantes de nivel superior, 2.7 millones son mujeres; en cuanto al posgrado, de un total de 437 965 personas que cursan este nivel, 250 652 son mujeres.

Si bien estos datos son alentadores, en nuestra sociedad aún persisten desigualdades por razón de género, sobre todo en el ambiente laboral; puede resultar más difícil para las mujeres obtener títulos de mayor nivel académico que les permitan asumir funciones de liderazgo e incluso ganar mejores salarios.

Aunado a la distribución desigual en el mercado laboral, estudios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han revelado que la educación no determina las diferencias salariales entre hombres y mujeres, por lo que la rentabilidad del nivel educativo para las mujeres es constantemente inferior a la de los hombres. Además, a las mujeres que trabajan en la misma ocupación se les paga sistemáticamente menos que a los hombres, incluso cuando su nivel de educación equivale o supera el de sus homólogos masculinos.

Ante dichas desigualdades la participación femenina, tanto en la educación superior como en la población profesionalmente activa, puede impactar en las sociedades de muchas maneras: desde el cambio de las estructuras del mercado laboral hasta los patrones de formación de la familia.

La OIT, en el reporte “Las personas trabajadoras de América Latina con responsabilidades de cuidados”, señala que la sobrecarga del trabajo de cuidados supone uno de los factores de desigualdad que viven las mujeres en el empleo y en la ocupación.

En nuestras sociedades a las mujeres se les ha asignado el papel de cuidadoras, estereotipo de género que se asume como parte de la cultura y genera una menor participación de las mujeres en la fuerza de trabajo.

Si bien los cuidados no remunerados tales como cuidar al cónyuge, a la pareja, a las infancias u otros familiares son indispensables para el bienestar humano, así como en el desarrollo de las capacidades de las personas dependiendo de la cantidad de horas diarias designadas para ello, puede impedir que las personas con responsabilidades dentro del hogar accedan a un empleo remunerado, permanezcan en él y progresen profesionalmente.

Por lo anterior, y tomando en cuenta que en su mayoría las mujeres desempeñan labores de cuidados no remunerados, se infiere que ellas disponen de menos tiempo para realizar otras actividades; sin embargo, esta situación se ha normalizado en nuestra sociedad, pues las tareas domésticas se asumen como exclusivas de su género.

Datos de la OIT estiman que la brecha de género, en términos del tiempo dedicado al trabajo de cuidados no remunerado, no se cerrará antes de 2228, es decir que llevará 204 años. En países latinoamericanos las labores relativas a los cuidados son uno de los motivos por los que las mujeres permanecen fuera de la fuerza laboral y constituyen uno de los obstáculos para el desarrollo de sus carreras.

Ante esta problemática, posturas donde se entrelazan conceptos de feminidad con vulnerabilidad, como la propuesta por Ann Haraway en el Manifiesto Cyborg de 1985, donde afirma que “el término ‘feminizado’ significa ser enormemente vulnerable […] explotado como fuerza de trabajo de reserva, estar considerado más como servidor que como trabajador” (citado por Lerussi en 2018), resultan un parteaguas para la discusión de estos conceptos en el ámbito laboral.

De estos primeros acercamientos surge la conceptualización de la “feminización del trabajo”, la cual sugiere que al reconocer las labores de cuidados no remunerados como una ocupación “femenina”, ésta es infravalorada socialmente, por lo que, si bien mujeres y hombres reconocen su importancia, éstos últimos continúan sin asumir su parte en dicho trabajo.

A estos conceptos se une el de “flexibilización laboral”, el cual es entendido como situaciones laborales desiguales, donde las mujeres son contratadas bajo formas precarizadas en trabajos informales sin garantías laborales elementales. Este tipo de inserción laboral afecta en el progreso profesional y la permanencia laboral de las mujeres. Ante este panorama, es indispensable buscar alternativas que les permitan asegurar su participación en el mercado laboral, sin que la carga de cuidados sea un impedimento para ello.

Una de las alternativas que se proponen desde la ética de los cuidados sugiere que éste se reconozca como paradigma que otorga una “valoración positiva a todo aquello asociado a lo femenino como campo semántico, articulado con las mujeres, pero no únicamente referido a ellas”, proponiendo una postura colectiva que involucre a toda la sociedad en el reconocimiento y valoración de los cuidados como fundamentales. Así, se busca que el concepto de feminización se aleje de sus significantes valorados negativamente en un esquema jerárquico, buscando otras posibilidades conceptuales que doten de un valor positivo a las labores de cuidado no remuneradas. Este cambio de significación supone también la alteración de los sentidos prácticos y técnicos, impactando en políticas públicas que garanticen la paridad de género y la justicia social.

De manera práctica, una de las medidas para promover la inclusión laboral de las mujeres consiste en visibilizar y sensibilizar a la población inmersa en estas dinámicas con el objetivo de fomentar la corresponsabilidad entre ambos sexos en las labores no remuneradas, tanto dentro como fuera del hogar.

Asimismo, se debe fomentar una mayor investigación sobre la normativa del mercado laboral, para comprender mejor las razones de la brecha salarial de género y su impacto en la sociedad.

A pesar de que se celebra el avance que se ha tenido en la inclusión de las mujeres en la educación superior, no ha sido suficiente para garantizar el acceso a una formación equitativa e igualitaria, por lo que resulta imprescindible fortalecer las acciones que aseguren entornos libres de violencia y discriminación, en especial por razón de género.

La inserción de las mujeres en entornos laborales tendría que implicar, además de su participación en tareas profesionales, la posibilidad de acceder a puestos de liderazgo y de lograr sus metas profesionales. El beneficio sería no sólo para las mujeres que acceden a la vida laboral, sino también para la sociedad que se beneficiaría de espacios más equitativos en los que cualquier persona puede desarrollarse personal y profesionalmente sin importar su género.

* Fernanda De Blas López es licenciada en Fisioterapia, especializada en Fisioterapia Neurológica, por la UNAM; maestra en Ciencias y doctorante en el Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud, campo disciplinario en Bioética, de la misma universidad; se desempeña como secretaria auxiliar del PUB. Fernanda Xilonen García Albiter es licenciada en Fisioterapia, especializada en Fisioterapia Geriátrica, egresada de la UNAM; estudiante de la maestría en Ciencias de la Educación en la Universidad Anáhuac México.

 

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Referencias:

  • Unesco. (2021). Mujeres en la educación superior: ¿la ventaja femenina ha puesto fin a las desigualdades de género? Francia: Unesco. ISBN: 978-980-7175-56-2.
  • Secretaría de Educación Pública. (2023). Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2022-2023. CDMX: Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa.
  • Organización Internacional del Trabajo. (2019). Un paso decisivo hacia la igualdad de género. Ginebra: Organización Internacional del Trabajo. ISBN 978-92-2-133002-8.
  • Lerussi, R. (2018). Escritos para una filosofía feminista del derecho laboral. Estudios del Trabajo. Revista de la Asociación Argentina de Especialistas. En Estudios del Trabajo (ASET), (56).