Trabajo juvenil: la fuerza invisible del Mundial

Joel Aguirre · 17 de junio de 2026

Trabajo juvenil: la fuerza invisible del Mundial

Luis Carlos Sánchez Díaz*

Desde la semana pasada México se ha convertido en el epicentro del planeta. El campeonato de futbol más importante del mundo moviliza a miles de personas. Albergar un evento de esta magnitud ha representado una titánica carrera de retos de índole gubernamental y de infraestructura.

Los reflectores internacionales apuntan a las canchas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Sin embargo, en medio del fervor por los goles y las estadísticas de ocupación hotelera y derrama económica, hay una verdad incómoda que se prefiere ignorar: el Mundial no funciona por sí solo, se sostiene por una fuerza laboral que permanece invisible.

Ese ejército tiene una cara joven. Son las personas que trabajan mesereando, que doblan turnos, hostess que reciben al turismo internacional, baristas, cocineros, vendedoras, repartidores de plataformas digitales, personal de limpieza de hoteles que borra el rastro de las celebraciones y los recolectores de basura que limpian los estadios y las calles.

De acuerdo con la ENOE (2025-3er Trimestre), 15.4 millones de personas de entre 15 y 29 años se encuentran trabajando, lo que representa nada menos que el 25 por ciento de la fuerza laboral total de México. Solamente en las tres entidades que fungen como sedes mundialistas —Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León—, casi 3 millones de personas jóvenes se encuentran laborando en estos estados.

Fiesta de pocos, precariedad de muchos

Lo que oculta este tipo de eventos es una profunda y sistemática estructura de precariedad. Los datos no mienten, sino que desnudan las carencias del mercado laboral que hospeda la justa internacional: el 48 por ciento de estos jóvenes trabaja en la más absoluta informalidad. Solo en la capital del país, 160,000 jóvenes vivirán el torneo sin derechos garantizados, ganando en su gran mayoría salarios que no alcanzan a cubrir el costo de dos canastas básicas.

El 50 por ciento de personas jóvenes trabajadoras en las tres entidades carece de seguridad social que lo ampare ante un accidente o enfermedad, 972,000 jóvenes no cuentan con un contrato escrito que respalde su empleo y más de 330,000 trabajan jornadas excesivas que superan las 48 horas semanales, violando abiertamente los límites de la ley.

Esta realidad adquiere un tinte aún más injusto cuando se analiza con perspectiva de género. Las mujeres jóvenes cargan con la peor parte de esta ecuación laboral: son ellas quienes enfrentan una brecha salarial más pronunciada, mayor inestabilidad contractual y dobles jornadas al sumar el trabajo de cuidados no remunerado. Mientras las marcas transnacionales celebran récords de patrocinio, las trabajadoras que limpian sus stands carecen de lo básico para asegurar su salud o su futuro inmediato.

Pregunta obligada: ¿cuál será el legado?

El torneo pasará, los estadios se vaciarán, y los turistas volverán a sus hogares; sin embargo, nada cambiará. No podemos continuar como cómplices de la explotación que padecen a diario millones de jóvenes.  Exigir un empleo digno para las personas jóvenes no es un boicot a la fiesta del futbol, es una condición mínima de derechos humanos.

Por ello, desde las organizaciones que formamos parte de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno hacemos un llamado al gobierno, empresas y sociedad a no seguir siendo omisos de la precariedad laboral e impulsar verdaderas reformas que ayuden a formalizar contratos, garantizar salarios dignos y respetar jornadas laborales.

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Luis Carlos Sánchez Díaz es director de Monitoreo y Evaluación de YouthBuild México.