Redacción Animal Político · 1 de abril de 2024
El 24 de febrero se expidió, mediante publicación en el Periódico Oficial del Estado de Jalisco, la Ley del Sistema Integral de Cuidados del Estado. Una ley que tiene como objetivo principal establecer un marco legal que siente las bases para el acceso universal a servicios de cuidado de calidad, con especial atención a grupos en situación de vulnerabilidad, y promueva la coordinación entre instituciones para asegurar una atención integral y eficiente. La importancia de este acontecimiento radica en que Jalisco es el primer estado en el país en contar con una ley específica en la materia.
¿Cuántas de nosotras hemos tenido que ser cuidadoras de nuestras hermanas menores, de nuestras abuelas, de nuestros padres? ¿Cuántas de nosotras hemos tenido que llegar a casa, después de nuestras jornadas laborales, cansadas y aún así barrer, trapear, cocinar, lavar? Esto ha sido una trampa de los estereotipos de género: que las mujeres somos por naturaleza “amorosas y abnegadas” y está en nuestro ser demostrar el amor mediante los cuidados. Eso es trabajo de cuidados y trabajo doméstico no remunerado, como dice Silvia Federici “eso que llaman amor es trabajo no pago”.

Todo esto lo respaldan los datos: las mujeres aportamos 2.6 veces más valor económico que los hombres por el tiempo que dedicamos a estas labores durante el año. Por cada 30 minutos que le dedican los hombres, nosotras le dedicamos casi 2 horas. Esto teniendo en cuenta que, a nivel nacional, las mujeres trabajamos 6.2 horas más que los hombres de manera remunerada. Trabajamos más, pero ganamos menos; por cada 100 pesos que ganan los hombres, nosotras ganamos 65 pesos. Esto sin mencionar que 4 de cada 5 “ninis” en México son mujeres jóvenes que realizan trabajo de cuidados no remunerado. Y que dicho trabajo aporta al Producto Interno Bruto (PIB) el 24.3 %, que equivale a 7.2 billones de pesos, una cifra inimaginable.
La división sexual del trabajo ha abonado a esta jerarquización en donde el trabajo remunerado se realiza en el mercado que es masculinizado, mientras que el trabajo no remunerado y doméstico está feminizado, pese a que todas las personas hemos requerido o requerimos cuidados desde la niñez hasta la vejez. Ante la falta de respuesta del Estado han existido redes comunitarias que comparten, regalan e intercambian ropa, comida y dinero (tandas). La teórica Nthabiseng Motsemme lo ha denominado “sabiduría de la sobrevivencia”, que consiste en un conocimiento práctico que se traspasa generacionalmente para ingeniar formas de cuidar y sostener la vida.
Desde diferentes espacios (incluido GIRE) se ha impulsado el reconocimiento del derecho al cuidado, entendido como el derecho a recibir cuidados, a cuidar y al autocuidado (a veces solo necesitamos un día para nosotras mismas y que se nos reinicie la vida), pues es parte de los derechos humanos. Los cuidados son el sostén de la vida, de la comunidad, y abonan al tejido productivo; pese a ello, han sido invalidados e invisibilizados.
Diversas organizaciones de la sociedad civil en México redactaron un amicus curiae dirigido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos en torno al derecho al cuidado y la justicia fiscal feminista, en el que se pide que el Estado garantice recursos al derecho al cuidado a través de medidas que promuevan la igualdad de género, mediante cambios en la legislación y la creación de políticas públicas. Necesitamos que el costo de los cuidados ya no recaiga sobre las mujeres solamente. El Estado es garante de derechos humanos –a los cuales las mujeres no pueden acceder debido a las cargas desproporcionadas de trabajos no pagados– y tiene que asumir una corresponsabilidad.
Es por esto que celebramos avances en la legislación como en el caso de Jalisco, donde se reconoce la importancia social e histórica del trabajo de cuidados no remunerado. Esta ley tiene perspectiva de género e interseccionalidad, y busca conformar un modelo solidario y corresponsable entre familia, Estado, comunidad y sector privado (diamante del cuidado). También busca regular y reconocer a las personas cuidadoras, así como brindarles formación y capacitación.
Sin embargo, han existido otros esfuerzos en torno a implementar programas sociales. Por citar un ejemplo, Iztapalapa implementó el Sistema Público de Cuidados, el cual integra acciones para la atención de los adultos mayores, las personas con discapacidad, así como a las personas cuidadoras, atendiendo principalmente a mujeres en situación de vulnerabilidad.
En conclusión, se necesita corregir la injusticia que históricamente ha ocurrido con los cuidados y garantizar recursos para empujar un Sistema Nacional de Cuidados que permita a las mujeres, principalmente, reducir la carga horaria en trabajos no remunerados y así tener tiempo para ejercer su autonomía y acceder al trabajo remunerado, a la educación y a la cultura; contar con buena salud y alimentación, y tener un desarrollo integral para alcanzar una verdadera igualdad sustantiva.
* Anahí Rodríguez Martínez (@anahirgzm) es Oficial de Incidencia en @GIRE_mx.