Trabajar y vivir juntos en tiempos de pandemia

blogeditor · 25 de febrero de 2021

Trabajar y vivir juntos en tiempos de pandemia

Pocos se imaginaban que los modos de trabajo flexible como el home office y en general las formas remotas de colaboración iban a llegar para instituirse. Trabajar hoy de esta manera puede ser un privilegio ante el contexto de incertidumbre y precariedad que se vive. Sin embargo, en este texto se considera que las nuevas formas de trabajo plantean una serie de preguntas, implicaciones para pensar el futuro del trabajo y en general de nuestra manera de convivir como sociedad: ¿Cómo separar y distinguir en un mismo espacio, lo personal y lo laboral? ¿Qué desafíos de convivencia se dan entre los miembros de las familias cuando se superpone trabajo, escuela y hogar? ¿Cómo cuidar y educar a los hijos en este contexto? ¿Cuáles serán las consecuencias subjetivas y emocionales e incluso cuáles las nuevas invenciones sociales, los nuevos lazos? Estamos frente al replanteamiento de la forma de trabajar y convivir, en suma, de vivir juntos y aprovechamos la ocasión para ampliar la conversación en torno a un problema contemporáneo.

Los problemas que plantean las preguntas realizadas no nacen por el COVID 19 sino que las empresas, los empleados, freelances, colaboradores en general y los gobiernos ya se encontraban ensayando respuestas en torno a las nuevas modalidades de trabajo antes de la pandemia. La pandemia ha sido el gran acelerador de estos cambios y por ello para algunas empresas ha sido más fácil hacer el cambio y para otras con menos infraestructura y capacitación, obvio más difícil.

Además, en este campo de problemas el tema del bienestar y la subjetividad que se produce en el trabajo son ya temas centrales para las organizaciones. Antes de la pandemia el fenómeno del burnout o síndrome de estar quemado y la incapacidad de desconectarse ya eran un tema de salud laboral, estos se pueden explicar desde cuestiones internas, individuos hiper productivos y motivados por rendir al máximo y externas, por ejemplo, demandas explícitas o implícitas de las organizaciones y empresas por crecer o cumplir con objetivos impuestos. Un filósofo en boga, Byung Chul Han habla del exceso de positividad de las sociedades occidentales, una tendencia a decir siempre que sí y vivir bajo los imperativos del rendimiento y el éxito individual, de tal forma que Chul Han argumenta que vivimos en una sociedad del rendimiento.

Es decir que no es nada fácil trabajar hoy en día, ya que en la mente de los trabajadores hay autoexigencia y saturación de cantidades de información -mediática, escolar, personal, laboral, lúdica- que cognitivamente no se pueden elaborar del todo y pueden provocar pánicos, es decir, estados subjetivos donde el individuo siente que una totalidad se impone a la mente y cuerpo, sin capacidad de controlarla, discriminarla, contenerla. Franco Berardi llama al capitalismo, semiocapitalismo al ser un sistema que produce y se excede en flujos semióticos, como los financieros o los que lanza la publicidad y apunta que los trabajadores actuales son un cognitariado al consistir muchas labores de las esferas más estratégicas del capital en producir lenguaje, sentido y signos.

La pandemia hizo que, de un día para otro, muchas empresas se mudaran y transformarán su cerebro y operación al plano digital, sin embargo, también implicó una nueva disposición material y mental en todo su personal para poder seguir con los proyectos, las metas, los deseos. Y para los que son padres, a la autoexigencia por producir se sumó, en el mismo espacio, en la casa, la exigencia por ser buenos ejemplos y cuidadores.

En México no se cuenta aún con la infraestructura o el marco normativo consolidado para que las y los trabajadores en México hagan frente a una evidente ausencia de servicios de soporte y cuidado (educativos, de alimentos preparados y de cuidado en general). Por ello hoy para la mayoría de las madres y padres que sostienen el mundo laboral, las actividades de educación de niñas y niños, cuidado de adultos mayores, y las tareas domésticas se presentan como una labor titánica y algo enloquecedora.

¿Qué podríamos decir del tiempo?  En 2018 la OCDE México comunicó que México es uno de los países en donde las personas más horas trabajan, esto sin que implique que sea el país más productivo. Sin embargo, el caso de las mujeres y madres es particular ya que a la carga laboral y las tareas domésticas se ha agregado una nueva práctica, la de realmente acompañar a muchas niñas y niños principalmente en una de las tres tareas o compromisos imposibles que Sigmund Freud señalaba: educar y las otras dos, gobernar y psicoanalizar. Imposibles por lo insatisfactorio que pueden resultar en su proceso y en su realización.

Hoy los padres se ven confrontados con sus propias habilidades pedagógicas de una manera más crítica, ya que se ven en la tensión de acompañarlos o abandonarlos a las pantallas y sus algoritmos.

De manera intempestiva las familias se vieron confrontadas a mantener vida, trabajo y educación en un lazo social que demanda empatía, colaboración y creatividad y en el que cada día la incertidumbre y la muerte arrojan a las personas a los sentidos contrarios, a velar más por los intereses particulares, competir descarnadamente y repetir modelos caducos. En LEXIA identificamos este cambio en el lazo social y el ethos solidario en dos de nuestros estudios en el contexto de COVID 19, en los siete cambios conductuales y en los 21 elementos para salir de la crisis. Advertimos de los desafíos al nivel del lazo social y los aspectos éticos de la convivencia que presenta la llegada del COVID19 a la vida humana. De fondo se encuentra la pregunta por cómo seguir viviendo juntos, en la casa y en la oficina, espacios clave donde se desenvuelve la vida.

Un dato que habla sobre esta problemática es el incremento de la violencia intrafamiliar en este tiempo de pandemia, apenas a unos meses de confinamiento la Red Nacional de Refugios (2020) reportó un aumento del 80% en reportes de este tipo de altercados. Asimismo, se está dando un incremento en las afecciones de estrés, depresión, ataques de pánico, aspectos que hablan de disposiciones afectivas que no encuentran el modo en que los vínculos con uno mismo y el otro se mantengan sanos.

Las regulaciones y normativas en torno al nuevo paradigma de trabajo contemplan apenas los aspectos técnicos, como pagar luz, internet y brindar equipo al personal. En 2017 se lanzó la NOM-035-STPS-2018 que busca prevenir los ambientes laborales dañinos, contempla los riesgos subjetivos y emocionales, sin embargo, parece que la realidad avasallante y la necesidad de mantener la operación diaria no ha permitido que se implemente a tiempo y cabalmente este tipo de regulaciones en las empresas.

En otros países como Francia se comienza a instituir el derecho a la desconexión que consiste en que queda prohibido enviar mails después de terminar el horario laboral.

Además ¿qué podemos reflexionar sobre las nuevas habilidades que se requieren en este contexto? Desde hace algunos años tanto en ámbitos educativos como laborales se habla de las habilidades blandas o mejor dicho sociales, emocionales para enfrentar un mundo caótico y en donde se requiere contar con el aparato crítico y el carácter para tomar decisiones, de nuevo la empatía, la horizontalidad, la colaboración. Estas habilidades señalan las pautas para la construcción de un lazo social no centrado en la competencia voraz y el beneficio personal teniendo como pilar la idea de cuidado común.

No obstante ¿es posible adquirir estas habilidades en un contexto de híper exigencia, saturación y competencia? La formación de habilidades para un nuevo lazo social en principio requiere disponer de un tiempo y de capacitación de parte de las empresas y de una nueva cultura del cuidado al interior de los hogares, vuelve a sonar a privilegio a algo inalcanzable para una cultura centrada en la inmediatez y obtusa para terminar de comprender.

Y aún con todo el contexto de incertidumbre, es posible pensar que la pandemia hace visible y precipita lo que nuestra época agonizante, nuestros grupos gozosos de un narcisismo de la pequeña diferencia, niegan, vuelven a negar, que la infraestructura material y subjetiva construida por humanos históricamente, ya no está funcionando como la conocíamos, brotan flujos sin sentido, el fascismo, el populismo sin pueblo, la violencia, la competencia absurda, el machismo, etc.

La pandemia es el agenciamiento actual del capitalismo, son las condiciones en las que hoy produce valor, extrae recursos del planeta, subjetiva, emociona, deprime, pone a flor de piel lo peor y lo mejor de nosotros, confronta con lo siniestro, lo más familiar y lo más ajeno, la muerte simple y llana. Nos hace pensar en tomar las decisiones más importantes, vivir o morir, quienes son los amigos, con quienes puedo hacer lazo, lo personal o lo colectivo, el interés o el bien común, trabajar, educar, cuidar ¿Cómo realizarlo en este contexto?

Un hecho, un acontecimiento que hoy refleja el síntoma de esta ausencia de lazo social es la competencia por las vacunas ¿porqué no crear una vacuna en común?  Parece que no podemos vivir bajo otro lazo que no sea el capitalista y no es que el capitalismo sea una cosa trascendente, malvada, casi divina, son nuestras prácticas diarias, nuestra conciencia, nuestra forma de ¿amar?, hacer lazo, de darle sentido a las cosas.

Trabajar y vivir juntos, la casa y la oficina, dos espacios que han sufrido una gran transformación a raíz de la pandemia y en donde se desarrolla gran parte de la dinámica social, donde se conversa y también hay conflicto. Parece que tuvimos que esperar una pandemia para comenzar a plantearnos de verdad algunas transformaciones de fondo, si bien la oficina contemporánea mantendrá limites difusos entre un sistema físico y uno digital, la jornada continua dejará de existir como tal y más que un home office será un trabajar a cualquier hora y en cualquier lugar. El valor del trabajo radica en lo que las personas, colaboradoras, colaboradores construyen como intelecto general, como cooperación de manos y cerebros, es por eso por lo que el sistema funciona porque existen personas dispuestas a seguir con el proyecto de otro mundo posible, otro lazo social.

Por otro lado, está la casa, oikos para los griegos, unidad social y económica fundamental donde se desarrollará la educación de nuestros hijos de una manera más integral, donde tendremos que convivir con el otro género reconociendo las fallas y las diferencias, reducir la brecha, inventar nuevas prácticas, inventar el cuidado común para construir un tesoro simbólico, una cultura capaz de enfrentar la muerte con sentido.

Estamos frente a la oportunidad de resignificar el trabajo y el hogar, pero también ante el riesgo de repetir lo peor y encontrar nuevos monstruos, dependerá de la disposición, del deseo de trabajadoras, trabajadores, familias, organizaciones, colectivos para sostener dignamente la vida.

@LexiaGlobal