Trabajo del hogar: organización y derechos

Jorge Avila · 1 de abril de 2026

Denisse Eréndira Celis Peña y Miguel Ángel Ramírez Villela

Celia, como muchas trabajadoras del hogar, inicia su jornada a las 5:30 de la mañana, en Ocoyoacac, Estado de México. Poco después sale rumbo a su centro de trabajo: un departamento en Polanco, Ciudad de México, donde labora de 8 de la mañana a 6 de la tarde, de lunes a sábado. El tiempo que le queda lo dedica a revisar las tareas escolares de su hijo y atender su propio hogar.

Los domingos, en Chapultepec, se reúne con otras trabajadoras del hogar. Ahí comparten experiencias, se capacitan y se organizan para defender sus derechos laborales. Estos encuentros han dado lugar a procesos organizativos que trascienden a Celia y a sus compañeras, y que han transformado las condiciones de este trabajo en distintos niveles.

En 1988, durante el primer Congreso Regional en Bogotá, Colombia, trabajadoras del hogar de América Latinaproclamaron el 30 de marzo como una fecha para reconocer el valor de su trabajo en la sostenibilidad de la vida. Ese momento también marcó un hito organizativo: de este encuentro surgió la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO), la primera plataforma sindical regional de este sector en el mundo, que más adelante influiría en la creación de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH).

Mirado en retrospectiva, este proceso organizativo resulta aún más significativo si se consideran las condiciones en las que se desarrolla el trabajo del hogar. A diferencia de otros sectores, no existen grandes centros laborales donde las personas trabajadoras puedan encontrarse y organizarse. Por el contrario, el trabajo está disperso en múltiples hogares, lo que dificulta el contacto entre pares. A ello se suman jornadas extensas y exigentes, que dejan poco tiempo y energía para la acción colectiva. Además, hasta hace relativamente poco, el derecho a la organización y a la negociación colectiva no estaba plenamente reconocido para este sector.

A pesar de estos obstáculos, uno de los hitos más importantes de su acción colectiva ocurrió en 2011, con la adopción del Convenio 189 de la OIT y su Recomendación 201. Bajo la premisa de avanzar “hacia una nueva era de justicia social”, los Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), junto con organizaciones de trabajadoras del hogar y representaciones de empleadores, lograron un acuerdo histórico. Por primera vez, se reconoció de manera explícita que el trabajo del hogar es trabajo y que quienes lo realizan son titulares de derechos.

Este logro colectivo ha tenido impactos significativos. El Convenio ha establecido estándares mínimos para los Estados y ha orientado la construcción de marcos legales y políticas públicas que buscan garantizar condiciones laborales dignas: acceso a la seguridad social, ingresos adecuados, jornadas razonables, descanso semanal, así como el ejercicio pleno del derecho a la organización sindical y a la negociación colectiva.

Este último derecho ha sido fundamental para fortalecer una plataforma organizativa sólida e influyente. Desde ahí, las trabajadoras del hogar han impulsado el reconocimiento de su trabajo, han conquistado derechos y han incidido en transformaciones legales e institucionales. A nivel nacional, sus organizaciones se han consolidado como interlocutoras clave en el diseño y mejora de políticas públicas laborales.

A casi cuatro décadas de aquel primer encuentro, este Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar es una oportunidad para reconocer el papel esencial de las más de 75 millones de personas trabajadoras del hogar en el mundo, quienes, desde el interior de los hogares, sostienen las condiciones materiales y afectivas necesarias para el bienestar y el cuidado. Pero también es un momento para subrayar que los avances alcanzados no han sido concesiones: han sido el resultado de su organización, su persistencia y su acción colectiva.

Como bien lo expresó Ernestina Ochoa, ex vicepresidenta de la FITH en 2016:

“No sabemos si cada 30 de marzo estamos celebrando lo logrado en cada país o lo mucho que aún nos falta por hacer; pero sabemos que en muchos países las trabajadoras del hogar se vienen organizando y han ganado derechos como un sueldo digno, seguro social, pensión, vacaciones, gratificaciones, 8 horas de trabajo, descanso semanal, etcétera”.

Denisse Eréndira Celis Peña es estudiante de maestría en cooperación internacional para el desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Su línea de investigación se centra en la economía feminista, el trabajo del hogar remunerado y la feminización de la migración.

Miguel Ángel Ramírez Villela es investigador especialista en seguridad social en la Conferencia Interamericana de Seguridad Social. Su trabajo se enfoca en el análisis de políticas laborales, organización del trabajo y derechos socialesen el continente americano.