ernestoramos · 25 de noviembre de 2011
Así creció el changarro. Así creció nuestra tierra. Los tajos se entubaron y a los vados de los pedradones, también se los comió el asfalto.
A finales de los setentas, inicios de los ochentas, y bajo la estela de los Warriors de Walter Hill, una pastilla de testosterona al alcance de cualquiera catalizó un coctel de entusiasmo, y las calles fueron tomadas por razas juveniles al ritmo de un rocanrol post-escarabajo.
Fue entonces, en esa época, que una generación de laguneros asumió ciudad, reconociendo con orgullo a los que vinieron antes.
La cohesión fue en razas conocidas por motes identificadores de donde eran, de donde se juntaban. Los de Torreón Jardín, TJ, por ejemplo, el Ojos, Frisbi, Viruta… hasta el Cabe de Uva asomaba la cabeza por allí.
De esa década algunos compas ya están fundidos o muéganos… pero otros andan circulando todavía por allí. Habrá que contactarlos para ver que más nos cuentan de aquellos aconteceres.
Estaban los Dick’s un rato más o menos en el 82, el rolo, qepd. Razas formadas para competir con el olvidado y romántico sistema de los tiros derechos. Por allí surgieron los Pepos, por ejemplo, que también eran de TJ, y con los cuales se formó una sola raza para rivalizar con los Bips de los 80´s, en tiro derecho uno contra uno DicksTime. Es cierto que luego se empezó a hacer campal y el tiro derecho empezó a ser la excepción, pero siempre ese romántico madrearse fue el único honorable, no era bien visto andar madreando gente en bola… a menos que fueran más o hubiera circunstancias que lo justificaran.
Eran los laguneros en legión viviendo sus calles orgullosos.
Había razas que querían ser acá las más hipppizonas, aca las que controlaban mazizo. De hecho, para los Pepos, Ricardo Santos, quepd, buscaba otros nombres más pegadores, pero como Pepo era el que traía su renaultcito con la banda de rol todo el día y noche, se chingó Francia, o al menos eso cuenta la calle. La tocada era que el que traía la nave era el bueno, aunque también liderazgo, personalidad y reputación, porque de otra forma no jalaba.
Los del Pino también se aparecieron por allí. Los de la Brittingham, Skull Rockers, Barrio Azul, Punks de Sani, acá mas rostros, o gueyes de la 24, que eran la mayoría porros de aquella época y jugaban americano en apaches y después en los equipos de la UAC, o los Alcoholes de la ampliación LA, batos más grandes y paletones y ya más allá del rio otra jurisdicción Gómez, más acá intensa la maraca, los de Santa Rosa, Barrio Azul, Ranger Style la raza que cargaba fierro y cobraban como Boogie, jales en el área rural y poblados de los alrededores, algunos que dejaron de ‘caber’ desde muy jovencitos en las trifulcas de razitas, y que andaban en asuntos de gente mayor…
Pero eso es otra cosa…
Porque ahora, de lo que hablamos, es de aquellos chavales, ahora adultos, que vivían y asumían la ciudad como propia, y que aprendieron a amarla.
Esos que andaban de un lado a otro dando el rol y, cuando se empezó a difundir la mazacuata, asomaron la cabeza otras razas. Los bolt’s, los hilarios (después blinds), los bwamas bills, las teens, incluso chavas allí rondando las callejuelas, los bartolos, mas chicos, aca maniacones, y eso fue en TJ, pero también al otro lado de los bulevares, acá recorriendo diagonal reforma todo derecho, en Sani los kins que se trompeaban con los bolts la mayoría de las veces, o la raza inexistente a la que no pude pertenecer, o por allá los del pujido, la rinco, la 24, que eran camaradas de verdad y las bandas fresas los veían como ejemplo a seguir, ya sabes, con esa edad fácilmente impresionable de poco que hacer y poca imaginación. Esa edad en que andabas viendo quien te veía de clavo para hacerla de jamón. Pero también viviendo a plenitud la ciudad que aprendimos a construir y amar, la que urge recuperar.
Porque el lagunero se faja colega, se faja, desde siempre, y con los tiros derechos que se armaban machines se probó en demasía.
Habrá que buscar algunos de esos individuos que tienen en su memoria datos importantes e ilustrativos de aquellas correrías.
Ellos podrán decir lo que fue el Torreón de los ochentas y lo que somos los laguneros, colegas, resurjamos, hermanos.
Habrá que indagar bonito, y separar realidad y ficción de algunas mentes divergentes, pero más de uno podrá plasmar pormenores de aquellos trajines. De esa década en la que surgió y se configuró la ciudad provinciana que dejamos de ser. De la cual el asfalto se apoderó de nosotros y nos lanzó a lo que sigue. De la cual ahora debemos levantarnos y abrir los ojos, recordando la libertad que esta ciudad nos enseño a amar, y el orgullo por todos los que vinieron antes.
En esa tierra se murió mi hermano, mi primo, mis tías, mis abuelos. Aquí están, bajo esta tierra. Esta tierra colegas.