Toma de casetas: el negocio de la impunidad

blogeditor · 30 de noviembre de 2020

Toma de casetas: el negocio de la impunidad

Voy y vengo de Culiacán a Mazatlán dos o tres veces por semana. Hay 200 kilómetros entre una ciudad y otra por una autopista que es, prácticamente, una línea recta pegada a la costa. La “maxipista”, de 181.5 kilómetros de longitud y cuatro carriles, ha sido una de las carreteras más productivas para Sinaloa y la costa del pacífico pues hizo más accesible el puerto y destino turístico de Mazatlán a la capital sinaloense.

Esa carretera fue comprada en concesión por la empresa IDEAL (Impulsora del Desarrollo del Empleo en América Latina) de Carlos Slim desde 2009 por un monto de 3 mil 220 millones de pesos. Fue la oferta más alta, además del ofrecimiento de la construcción y operación de un distribuidor de autopistas de 22 kilómetros alrededor de Culiacán y un distribuidor de 38 kilómetros alrededor de Mazatlán, ya concluidos.

La principal queja con la autopista es su costo pues no es barata, por lo que mucho tránsito de carga prefiere usar la carretera libre de dos carriles y con una ruta más larga. Aún así, la maxipista es ampliamente usada.

Pues bien, desde hace 322 días esa carretera había estado tomada en ambas casetas por grupos de “ciudadanos” no identificados con un movimiento o causa en particular. al igual que muchas otras del país. En más de una ocasión los intentamos entrevistar en Noroeste para entender las razones de su actuar y nunca mostraron ningún argumento concreto, tampoco ningún liderazgo visible; incluso, una de las veces amagaron a nuestros reporteros por tomarles fotos.

Esos “ciudadanos” empezaron pidiendo una cuota voluntaria que luego se convirtió prácticamente en obligatoria de 50 pesos por automóvil. Siempre me negué a darles dinero y conforme las semanas fueron pasando, vi como su organización crecía: empezaron a tener más gente y con funciones más específicas: el que contaba la lana, el que organizaba la fila de vehículos, el que te cerraba el paso con bandera en mano. Eso sí, ya todos con chalecos fluorescentes y hasta cubrebocas. Las mujeres que empezaron y que explicaban algo así como una “concesión vencida” y el “derecho al libre tránsito” cedieron el paso a jóvenes que solo exigían la cuota y que se coordinaban con las decenas de “halcones” en motocicleta que también ahí operan a plena luz del día.

Más de una vez, cuando me negué a darles dinero, me gritaron y manotearon mi carro: “Te ha de hacer mucha falta”, “Pinche codo”, etc. Lo cierto es que con las casetas tomadas y sin pagar por el uso de la autopista uno perdía el seguro que ese ticket incluía y que ya usé alguna vez. Sobra decir que con el incremento del tránsito de carga y la falta de mantenimiento, la carretera devino en pésimas condiciones y fuertes accidentes.

Durante todo ese tiempo, ninguna autoridad federal se pronunció al respecto. Lo que llama más la atención pues en Sinaloa cada vez que un grupo campesino bloquea una caseta en protesta, suele ser desalojado casi de inmediato.

Ayer, en un operativo nocturno organizado por las fuerzas federales de la Guardia Nacional y en coordinación con la policía estatal, las casetas de Rosario, Mármol, Costa Rica y Los Mochis, fueron liberadas sin que hubiera ningún detenido. Solo dejaron que se retiraran tranquilamente. Esa misma Guardia Nacional que se paró en sus patrullas a 30 metros de los “manifestantes” durante casi un año sin hacer absolutamente nada.

Celebro, por supuesto, la recuperación de una vía pública a su normalidad legal. Pero todavía el gobierno federal tiene mucho que explicar: ¿cuál era el argumento de la toma ilegal de esas casetas?, ¿por qué no hubo ningún detenido?, ¿a dónde fue a parar ese dinero?, ¿por qué Slim, tan cercano ahora al Presidente, nunca protestó?, ¿habrá alguna investigación posterior?

Mientras no respondan preguntas tan elementales en un estado de derecho como al que se presume arribamos por decreto desde hace dos años, el mensaje sigue siendo el de la impunidad.

Somos ese país donde cualquiera, sin argumento alguno, puede apoderarse de una vía de comunicación, obstaculizar el libre tránsito, expoliar a los ciudadanos y un día, sin consecuencia legal alguna, irse a su casa con la bolsa repleta de dinero y el visto bueno de las  autoridades.

@AdrianLopezMx