Tolerar: sus acepciones y otras confusiones

blogeditor · 23 de marzo de 2015

Tolerar: sus acepciones y otras confusiones

Por: Mariana Roca (@SansSobriquet)

El 21 de marzo se celebró el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. Así ha sido desde que lo proclamó la Organización de las Naciones Unidas, en 1966. Pero pareciera el colmo que en pleno siglo XXI sigamos necesitando una fecha para recordarnos que todos somos iguales. La realidad es que el ser humano es más decimonónico de lo que pretende aparentar.

Un montón de tiendas y restaurantes tienen en la entrada la leyenda “En este establecimiento no se discrimina por raza, religión, orientación sexual, condición física o socioeconómica, ni por ningún otro motivo”. Ya bastante escándalo me parece que se tengan que aclarar este tipo de cosas, pero, la peor parte es que no es una aclaración en vano.

[contextly_sidebar id=”V25e89I3im19pwJ8tAzfgA52qYV58LuT”]Bah, oficialmente todos podemos entrar al establecimiento que queramos, podemos vestir como queramos, estudiar lo que queramos, viajar como queramos y acceder al servicio que queramos o necesitemos. En general, ante la pregunta de si nos sentimos discriminados por nuestra apariencia, por nuestro acento al hablar, por costumbres, cultura, o color de piel, responderíamos que no. Claro, oficialmente, no tenemos que comer en restaurantes distintos, usar baños distintos, viajar en camiones distintos e ir a hospitales distintos. Dirán que la discriminación es cosa del pasado, es horrible pero qué bueno que ya no pasa más que en las películas… Lo escandaloso es que podemos ser profunda y agresivamente racistas sin notarlo siquiera.

Discriminamos lo que no entendemos, lo desconocido, lo que nos da miedo. Discriminamos a quien nos parece distinto, como si nos ofendieran las diferencias. Discriminamos para sentirnos más poderosos, porque estamos seguros de que tomamos mejores decisiones. Pero también discriminamos sin darnos cuenta, como si no hubiera más opción, por la enorme flojera de ponernos en el lugar del otro, porque no nos dan ganas de entender de dónde viene y qué es lo que necesita.

Y la discriminación en México está tan normalizada, interiorizada y enredada entre lo que comemos y soñamos, que los mexicanos tendemos a autodiscriminarnos. ¿Y cómo no? Si desde la publicidad hasta el médico de la clínica familiar me hacen sentir mal con lo que soy, seguramente sería mejor ser como el otro. Y todas esas razones por las que nos discriminan son cosas que no podemos cambiar: color de piel, lengua, origen, género, condición física o socioeconómica, ideología…Y la realidad es que no tendríamos por qué cambiarlo.

Tal vez al inicio de este texto erré el adjetivo. No somos decimonónicos. Somos medievales, oscurantistas, y estamos muy confundidos con lo que significa la palabra tolerar.

Unos hablan de tolerar al otro, tolerar sus diferencias y tolerar que sus ideas y prácticas sean distintas. Pero este tolerar se refiere a respetar. Otros hablan de tolerar el maltrato, la negligencia o la ignorancia que lastima, como quien lo sufre en silencio y lo acepta con paciencia.

Esta confusión es peligrosa. Mortal, de hecho. Si una mujer muere por no recibir atención a tiempo porque no habla español, si un bebé nace afuera de una clínica porque un médico no acepta que la mujer embarazada tiene capacidad de describir lo que le pasa, si una pareja de dos hombres españoles no puede salir de México con su hijo recién nacido, si una joven pierde el empleo sólo por estar embarazada, si un grupo de politiquillos creen que una madre soltera no es más que una víctima de su situación… es sólo por esta terrible confusión. Todos y todas somos vulnerables a ser discriminados en algún momento. Por ser mujeres, por ser gordos, por ser de izquierdas, o morenos, o dedicarnos al hogar, o no tener una formación universitaria, o haber crecido en el campo, o irle a otro equipo de futbol, o creer en uno u otro dios, por tener alguna enfermedad, o por habernos hecho viejos…

La celebración del Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial no se trata nada más de dejar de herir los sentimientos de otros. Es una invitación de la ONU a que los gobiernos garanticen igualdad de derechos a todas las personas, sin importar quienes sean ni de dónde vengan. Se trata de que todos aprendamos a respetar y no nos limitemos a soportar.

 

@GIRE_mx