blogeditor · 24 de febrero de 2011
Mariana García *
“Todos podemos ser clientes algún día del sistema de justicia penal”
Anónimo
Cuando escuchamos la frase “sistema de justicia penal” muchas personas suelen pensar que es un ámbito que corresponde únicamente a los jueces, a los magistrados y a los ministros. Nada más falso que eso: el sistema de justicia penal no sólo se aparece en los juzgados o en las cortes, al contrario, es una de las formas más claras de expresión del Estado en nuestras vida cotidiana, pues todos los ciudadanos podemos ser acusados de un delito o bien ser víctimas de uno.
En las últimas semanas, varios episodios me han hecho cuestionar el sistema de justicia penal en México: el caso de Marisela Escobedo, el de Florence Cassez, el documental Presunto Culpable y mi asistencia a la presentación de un análisis sobre los desafíos de la implementación de la reforma penal en México.
En los casos de Marisela Escobedo y Florence Cassez se han buscado culpables y siempre se puede apuntar a más de uno: el propio acusado, la policía, los jueces, el Ministerio Público, el nuevo sistema de juicios orales, etc. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se pudo encontrar evidencia suficiente para integrar una acusación sólida que permitiera señalar, de primera instancia y con toda seguridad, la culpabilidad de los acusados. Ante esto, existe siempre la posibilidad de que ambos puedan ser inocentes. La “presunción de inocencia” es un concepto que el tribunal de la opinión pública nos hemos negado a concederle a estos y a muchos otros acusados.
Ante la llamada “duda razonable” de mis propias cavilaciones, el documental y el libro citados más arriba fueron los dos episodios que sí me dejaron una certeza: nuestro sistema de justicia penal está en riesgo y enfrenta retos monumentales.
La reforma al sistema de justicia penal de 2008 implica numerosos cambios al sistema de procuración de justicia, entre los más importantes: el establecimiento de juicios orales donde la evidencia y los testimonios deben ser presentados ante un juez, cosa que en el viejo sistema no ocurría (95% de las sentencias de los jueces –que nunca vieron o escucharon al acusado- son condenatorias).
En el sistema que opera actualmente, en muchos estados todavía, los jueces confían plenamente en los expedientes integrados por el Ministerio Público, quien actúa como juez y parte. Es decir, integra el expediente con la evidencia recabada durante la investigación y al mismo tiempo funge como la parte acusadora. Una frase grandiosa del documental de Presunto Culpable, es cuando José Antonio Zúñiga, el acusado, pregunta a la fiscal del Ministerio Público por qué insiste en acusarlo de un delito que no cometió, a lo que la aludida responde: “porque es mi chamba”. Esto refleja sin lugar a dudas la fragilidad de nuestro sistema de justicia pena, es decir, el MP se toma tan en serio su papel que es capaz, incluso, de fabricar evidencia condenatoria para que una persona permanezca en la cárcel.
Por cuestiones de economía de las palabras, me reservo para futuras colaboraciones en este espacio otros comentarios que tengo sobre el sistema de justicia penal en México, las nuevas atribuciones de policías y ministerios públicos en materia de investigación, así como las perspectivas de su reforma en el corto y mediano plazo. Mientras tanto, les dejo el Índice de Desempeño del Sistema Penal de México Evalúa para empezar el debate.
Sin embargo, no puedo evitar hacer una reflexión inclemente de que todos somos un poco culpables de la situación en que se encuentra nuestro sistema de justicia en México: como ciudadanos por no conocer (y, por lo tanto, exigir) nuestros derechos fundamentales de acceso a la justicia y a un debido proceso; de las policías por no realizar con eficiencia su labor de prevención del crimen y por muchas veces fabricar culpables en una lógica perversa donde se les premia por las detenciones; de los Ministerios Públicos por operar con una incompetencia monumental en la investigación de los delitos y la integración de los expedientes; de los jueces por ejecutar sentencias condenatorias confiando ciegamente en los expedientes integrados por el Ministerio Público; de nuestro sistema carcelario por no funcionar como una verdadera opción de rehabilitación social para los delincuentes; de la complacencia de nuestras autoridades; de la falta de visión de nuestros políticos, en fin, somos tantos los corresponsables en esta materia.
Cierro con una recomendación y otra demoledora frase: Vayan a ver Presunto Culpable por favor. Y “Si después de verla no sacudimos nuestro sistema de justicia, entonces todos somos culpables” A.G. Iñárritu
*Investigadora de México Evalúa.