blogeditor · 21 de febrero de 2014
José Saramago
Alfaguara
Madrid, 1998
Pp. 323
El personaje central, don José, tiene la afición inocente de coleccionar noticias sobre personas famosas, pero en ese afán y para otorgarles credibilidad, decide completar sus registros utilizando los documentos del registro civil, que es donde él trabaja.
Eso lo obliga a cometer infracciones al reglamento de la institución y a vivir aventuras que él mismo nunca se hubiera imaginado que sería capaz de protagonizar.
Saramago, a partir de esa historia, construye, con un lenguaje sencillo y muy cuidado, que denota una gran sofisticación, la vida de un hombre solo, que no tiene bienes materiales y tampoco afectos.
Es un hombre en lo más profundo de su soledad, sólo se tiene a sí mismo. En la carencia de todo es dueño de su dignidad.
[contextly_sidebar id=”d419f9c9859189f31de8c880686df18a”]El autor describe un entorno que, con rigor impecable, lo lleva a diseñar y construir el edificio del registro civil y también el panteón. Las dos construcciones son irreales, pero adquieren existencia en la magia de la literatura.
Así, es posible adentrarse en la arquitectura sólida y oscura de los archivos del registro civil que guardan las actas de defunción o caminar por horas, por las calzadas del panteón de la ciudad, hasta llegar a los límites donde éste se junta con el campo.
La novela tiene el mismo trato que el escritor da a todos sus personajes que está lleno de amor y respeto. La arquitectura juega un papel relevante y no sólo actúa como el espacio donde se mueven los personajes sino que vale por sí misma. La novela la gocé mucho.