Todo queda en familia

Joel Aguirre · 17 de julio de 2026

Todo queda en familia

Por Lourdes Morales Canales*

La idea de “familia” suele reunir atributos positivos. A ese grupo de personas que guardan algún tipo de parentesco entre sí se le considera la unidad básica de la sociedad, el primer espacio de socialización de las infancias o el primer entorno cultural. Sin embargo —lo sabemos bien— también puede ser todo lo contrario.

¿Qué pasa cuando la familia deja de ser una pieza dentro del engranaje social y se convierte en el medio para acumular poder político y económico de manera ilegítima? En su libro “Corrupción familiar en negocios y la administración pública”, publicado en la primavera de este año, el profesor David Jancsics explora cómo el fenómeno de la corrupción familiar puede ir desde actos simples de nepotismo —como repartir puestos públicos o contratos a parientes— hasta la captura dinástica del Estado.

A través de una definición de corrupción entendida como la transferencia de recursos públicos hacia actores o intereses privados del mismo clan, Jancsics parte del principio de que los vínculos familiares no son un accidente trivial en las administraciones públicas, sino que pueden ser la base de una estructura de poder organizacional. Este fenómeno, en contextos de instituciones débiles y escasos contrapesos, desafía la vigencia misma del Estado democrático. La confianza, la presión social, el sentido de pertenencia al clan y la lealtad asegurada por la consanguinidad permite normalizar y perpetuar a estas “empresas de confianza”.

Familias vemos, corrupciones conocemos

Está el caso de “la Muñeca”, la guapa esposa de Daniel Ledezma, inspector de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), que compraba bolsas y artículos de lujo mientras facilitaba el paso de cargamentos de cocaína. O el de Mailis Reps, la exministra de educación en Estonia que fue condenada por usar recursos del Estado para vacaciones familiares y fiestas privadas. Ambos son ejemplos clásicos del uso de lo público.

Sin embargo, cuando se construye una dinastía político-empresarial que acumula riqueza de manera ilegítima para infiltrar y subordinar instituciones públicas, empresas privadas, procesos legislativos y redistribución de recursos, el problema y el daño social es mayor. Aquí también existen ejemplos: el emporio de la familia del ex primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, hecha a base de contratos, negocios y conflictos de intereses, inspiró el documental “La Dinastía”. István Tiborcz, yerno de Orbán, se convirtió en uno de los hombres más ricos del país. El complejo residencial de Hatvanpuszta, una finca a nombre de la familia, indignó a la sociedad y fue señalado como símbolo de la corrupción en su país. El régimen que parecía imbatible fue derrocado en las urnas por una ciudadanía cansada del abuso. 

El clan Trabelsi, en Túnez, se convirtió en la familia más odiada. Este grupo familiar, encabezado por Leila Trabelsi —segunda esposa del dictador Zine El Abidine Ben Alí—, transformó el país en una cleptocracia que se mantuvo de 1992 a la caída del régimen en 2011. Se calcula que la familia logró controlar más del 30 % del sector privado del país. Al final, acumuló una fortuna superior a los 10,000 millones de dólares. Tras la revolución de los Jazmines en 2011, la pareja presidencial huyó, mientras que otros enfrentaron juicios en tribunales.

David Jancsics cita como caso de patrimonialismo al presidente Donald Trump. Durante su primer periodo presidencial nombró como asesores en la Casa Blanca a su hija Ivanka Trump y a su cuñado Jared Kushner. Después de dejar su posición, Jared fundó una firma de capital y en 2022 aseguró una inversión con el príncipe de Arabia Saudita Mohammed bin Salman, por un monto de 2,000 millones de dólares. 

En tanto, el padre de Jared se declaró culpable por 16 cargos de evasión fiscal. Sin embargo, recibió el perdón presidencial en 2020. En 2024, fue nombrado por Trump embajador de Estados Unidos en Francia. En su segundo mandato, los hijos de Trump, Donald Trump Jr. y Eric Trump, se convirtieron en figuras políticas asistiendo a juntas y consejos de alto nivel. Su nuera, Lara Trump fue nombrada copresidenta del Partido Republicano. El único presidente estadounidense que ha sido dos veces acusado formalmente en un juicio político (impeached) ha logrado acumular una gran fortuna gracias a los activos y negocios de criptomonedas, que incluyen la plataforma World Liberty Financial.

En México ocurre hasta en las mejores familias

En nuestro país, el nepotismo también ha sido un problema constante. La herencia de puestos y cargos de elección popular motivaron la reforma constitucional que prohibió la reelección consecutiva y la herencia de plazas hasta el cuarto grado. Sin embargo, se hará realidad hasta 2030. Esto no ha evitado la contratación, en las administraciones públicas, de hermanos, primos, sobrinos y un largo etcétera.

En 2025, la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional Anticorrupción publicó el “Informe sobre el análisis de cruce de datos entre tres bases de datos de la Plataforma Digital Nacional”. Consiste en lo siguiente: la declaración 3de3 de los funcionarios (declaración de intereses, fiscal y patrimonial); los datos de servidores públicos que intervienen en contrataciones públicas y la información sobre estas contrataciones. En ese análisis, que desafortunadamente está mayormente testado —es decir, con secciones y partes tachadas—, se identifican empresas con contratos adjudicados en las que tienen participación funcionarios públicos.

¿Qué hace el gobierno frente a esta evidencia? No sabemos. Lo que sí se sabe es que las dinastías mexicanas ahí están, a la vista de todos. Y si la historia no se equivoca: tarde o temprano se les cobrará la factura.

 —∞—

*Lourdes Morales Canales es coordinadora del programa de Ciudadanía en México Evalúa.