Todo lo que era sólido

blogeditor · 27 de septiembre de 2013

Todo lo que era sólido

Todo lo que era sólidoTodo lo que era sólido

Antonio Muñoz Molina

Seix Barral, Biblioteca Breve

Barcelona, 2013

pp. 253

 

 

Es un largo ensayo que ofrece una reflexión inteligente y lúcida, también muy personal, que se propone explicar el por qué de la crisis económica y social que ahora vive España, cuando el éxito y los estándares de vida alcanzados en los últimos años parecían una conquista sólida y para siempre. La realidad se ha encargado de mostrar que no era así.

El autor dice que “me gustaría que este libro pudiera ser una herramienta útil en el debate imprescindible que tenemos por delante como ciudadanos. No podemos eludir la responsabilidad de reflexionar críticamente y de actuar cada uno en el ámbito preciso de su vida civil. En tiempos como éstos, me parece más importante que nunca vindicar la claridad y la precisión de las palabras, y la tarea de los libros es la construcción de la ciudadanía”.

En España la democracia se hace realidad a partir de  1979 y para el autor es a mediados de la década de los ochenta que empiezan a tomar forma los elementos que van a llevar a la crisis 23 años después. En su análisis el autor se coloca como un ciudadano que es testigo de lo que ocurre y no como un economista o politólogo. En su visión “todo lo que era sólido” no era tal. Se construyó un gran espejismo, una mentira colectiva, que todo mundo se quiso creer.

[contextly_sidebar id=”51d1169553b211078b20a4ce4e6cd1f0″]Para el autor los políticos de izquierda reunidos en el PSOE y los de derecha en el PP son igual de responsables de lo que ahora ocurre en España. Ambos bandos han actuado en el mismo esquema irresponsable y triunfalista caracterizado por el autoengaño, la corrupción, el dispendio de los recursos públicos, la prepotencia, el insulto, la agresión, la intolerancia, la descalificación del otro, la exacerbación del localismo y los nacionalismos, el uso excesivo de los medios y los publirrelacionistas. Este comportamiento de los políticos es parte de la explicación de la crisis.

Es también responsable, es parte de la explicación de lo que sucede, la ciudadanía, sin importar si es de derecha o izquierda, que en estos años no se cuestionó lo que ocurría a su alrededor, que se sumó a la euforia acrítica del supuesto éxito, que vivió más allá de lo que tenía, que se endeudó, que descalificó a todos los que no eran como él, que se compró el boleto del nacionalismo regional, que se hizo cómplice de los políticos.

Los estudiosos de la economía o la política pueden discrepar o cuestionar la explicación de la crisis que propone Muñoz Molina, pero en todo caso les resultaría difícil, si no que imposible, descalificar el aborde ético del testigo que como se dice en la cuarta de forros “partiendo tanto de documentos periodísticos como de la tradición literaria (…) escribe esgrimiendo razón y respeto, sin eludir verdades por amargas que estas sean, porque saber es el único camino para cambiar las cosas”.

El autor no se queda en la lamentación del desastre de lo que ahora ocurre y de lo que según él lo causó sino que propone ir hacia adelante y no repetir lo que ha hecho. Eso implica cambios en la manera de actuar de los políticos, pero también de la sociedad. Coincido con el texto de la cuarta de forros cuando propone que para los españoles el libro “es un espejo en el que todos debemos mirarnos, no importa el lugar ideológico en el que nos movamos, dónde vivamos o nuestra condición social; una llamada para que reaccionemos, cada uno desde nuestro ámbito de actuación, y contagiemos con nuestro ejemplo una responsabilidad cívica que hemos de exigir, de manera contundente, a nuestros gobernantes”.

Si bien el análisis y la reflexión que hace Muñoz Molina es sobre la España de ahora, mucho de lo que dice a propósito de la crisis que allí tiene lugar y del comportamiento de los políticos y de la sociedad valdría, todo o en parte, para otras realidades. Conviene, en todo caso, verse en el espejo del otro y aprender en cabeza ajena. La argumentación que utiliza el autor es directa y se fundamenta en las historias particulares y los casos concretos. La escritura es ágil y siempre mantiene la atención.

 

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Antonio Muñoz Molina ha sido galardonado con el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, ambos en 1988, el Premio Planeta en 1991 y nuevamente el Premio Nacional de Literatura en 1992, y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013. Además, desde 1995 es miembro de la Real Academia Española.