blogeditor · 29 de abril de 2011
You know that you tried to hide it
Shouldn’t you have said what you meant?
-¿Crees que las relaciones se basan en engaños para que funcionen?, le preguntó #Aquel.
Ella entornó los ojos y le respondió:
-¿Tú crees que alguien que se va a tatuar la puta palabra VERDAD puede creer eso?
Rieron.
Para ella, la verdad cobró un significado más profundo hace ya casi tres años. Todavía recuerda a #Aquel casi gritándole que aprendiera a ser honesta, a SIEMPRE decir la verdad. #Aquel odiaba las mentiras. Cuando sospechaba que ella mentía, enloquecía. Era hasta violento. El diablo hecho carne.
#Aquel cayó del pedestal de la verdad cuando, tiempo después (¡un año!), algunas de sus mentiras fueron desenterradas. Después de todo, #Aquel no era tan honesto como tanto alardeaba.
Sus mentiras fueron veneno para ella. Todavía, meses después de haberse separado, ella tenía conversaciones imaginarias con #aquel en las que le reclamaba a gritos y puñetazos la negra incongruencia con la que se había conducido al final de la relación.
Fue después del noviazgo con #Aquel cuando a ella le comenzó a gustar demasiado la verdad en todos los aspectos de su vida. El amor, el trabajo, los amigos, la familia, la lectura, el sexo. Es una especie de búsqueda permanente, por eso quiere tatuarse la palabra.
Sin embargo, aunque ella está consciente de su ligera obsesión con la verdad, también lo está de la naturalidad de la mentira. Mentir es parte de ser humano. Mentir es un mecanismo de defensa que asegura la supervivencia en determinadas situaciones en las que estamos expuestos dentro de nuestros grupos sociales. Eso lo acepta.
Sí, pero hay de mentiras a mentiras. Las hay blancas, cotidianas, inofensivas, de esas que no mueven el mundo interior ni el exterior. Pero también están las otras, las que desangran y quiebran el espíritu. Después de esas mentiras uno no vuelve a ser el mismo jamás. Esas mentiras son paradigmáticas, como #Aquel.
Después de ese tipo de mentiras, uno mira el mundo y a los prospectos amorosos con “ojos de sospechosismo”.
Ella lo hace. Los examina detalladamente y se ha convertido en experta en olisquear el hedor de la mentira. Por supuesto que ahora es mucho más lista y va “dos pasos adelante”, como le dijo un #Aquel que debía hacer. Ese ha sido de los consejos más prácticos que le han dado en los últimos meses y le ha funcionado.
Decir la verdad es lo justo. ¿Perder el tiempo contándolas y peor aún, escuchándolas? Gracias, pero no gracias. La vida ya es demasiado complicada como para ensuciarla con “cuentos chinos”.
La verdad se agradece. Ella le agradece a todos los #aquellos que tuvieron la vena de ser honestos, que no tuvieron miedo a exponer su verdadero sentir y pensar, que respetaron su tiempo y así le demostraron que en realidad la querían.
A ella dale verdad o silencio.
You can´t hide what you feel inside.