Jorge Avila · 24 de marzo de 2026
La próxima revisión del T-MEC no debería leerse solo como una conversación sobre aranceles o reglas comerciales. Lo que realmente está en juego es si Norteamérica seguirá siendo una plataforma competitiva de coproducción, capaz de atraer inversión, elevar productividad y generar empleos de calidad, o si perderá terreno frente a otras regiones. Sin inversión suficiente no hay mayor productividad ni crecimiento en el empleo formal; y sin empleo de calidad, la reducción de la pobreza se vuelve insostenible.
El tratado ha funcionado como un habilitador del modelo de coproducción en Norteamérica y, con ello, ha permitido que México se consolide como el socio comercial más relevante de Estados Unidos: su principal proveedor y también su mayor mercado. Esto, gracias a que la cercanía entre ambos territorios reduce costos y facilita la coordinación. No obstante, esa integración no ocurre únicamente por su cercanía geográfica, sino también porque existe un marco institucional que define reglas, reduce la incertidumbre y posibilita la inversión transfronteriza.
Este esquema de cooperación hoy se pone a prueba por un cambio en el entorno global. La revisión del tratado llega en un momento en el que Estados Unidos busca reducir riesgos asociados a la dependencia de otras regiones, especialmente en sectores donde identifica vulnerabilidades en cadenas de suministro y pérdida de capacidades industriales. El reto no es solo “mantener el comercio”, sino preservar la integración regional mientras se responde a la preocupación por construir cadenas de valor críticas en la región.
Estados Unidos tiene una alta dependencia de Asia en cadenas de valor estratégicas. Dos ejemplos son especialmente ilustrativos:
Esta lectura es consistente con el diagnóstico del reporte The North American Project (MCV en conjunto con U.S.-Mexico Foundation): economías asiáticas como China, Taiwán, Corea del Sur y Japón dominan el mercado de electrónicos desde hace al menos una década. Sin embargo, ante las tensiones y riesgos geopolíticos entre EUA y China, se abre una ventana de oportunidad para México: convertirse en el proveedor de productos y componentes tecnológicos más relevante para Estados Unidos.
Los datos confirman el espacio de crecimiento para el país. En junio de 2025, el balance comercial de Estados Unidos mostraba un déficit elevado en productos de tecnología avanzada (-298.9 mil millones de dólares) y tensiones por dependencia sectorial. Siendo las TICs el principal impulsor de este déficit, el cual alcanzó un total de (-)152.5 mil millones de dólares. Dentro de este total, Taiwán acumulaba 54.3 mil millones de dólares frente a 47.8 mil millones de México, lo que ilustra tanto la competencia como el margen para crecer si México logra atraer inversión y desarrollar capacidades de producción. El punto no es “sustituir” a Asia de un año a otro, sino profundizar la integración vertical en segmentos donde Norteamérica puede escalar: ensamble avanzado, pruebas, empaquetado, manufactura de componentes, servicios especializados, y, eventualmente, eslabones de mayor contenido tecnológico.
México también aporta una ventaja comparativa indiscutible: una fuerza laboral joven en manufactura. La edad promedio de los trabajadores en plantas estadounidenses ronda los 52 años, mientras que en México se ubica cerca de los 29. Esa diferencia importa porque una base laboral joven suele adaptarse más rápido a nuevas tecnologías y procesos, y puede transitar con mayor facilidad hacia puestos técnicos y mejor pagados cuando existe capacitación. Esto conecta con otra ventana de oportunidad que aún podemos aprovechar: el bono demográfico. Pero sus beneficios no se dan de forma automática, ya que, si no se invierte en capital humano, educación y creación de empleos formales de calidad, esa ventaja se puede convertir en presión, traduciéndose en mayor subempleo, menor productividad promedio y, en consecuencia, menor crecimiento.
Aquí es donde se condensa toda la información: México puede tener oportunidades regionales, pero sin inversión suficiente no habrá crecimiento sostenido.
Durante décadas, la inversión total como proporción del PIB ha oscilado entre 20% y 25%, sin incrementos sostenidos. La inversión privada representa casi el 90% del total, con 19.5% del PIB al cuarto trimestre de 2025. En contraste, la inversión pública ha caído de forma persistente y actualmente representa solo el 3.4% del PIB. Esa caída es doblemente costosa porque la inversión pública suele generar crowding-in: infraestructura, servicios y proyectos habilitadores que elevan la rentabilidad esperada del capital privado y, por lo tanto, atraen más inversión.
Por ello, es importante enfatizar que la integración regional no se sostiene solo con comercio sino con flujos de inversión. En 2024, Estados Unidos fue el principal receptor global de IED con 279 mil millones de dólares, Canadá captó 64 mil millones y México 37 mil millones. Además, más de la mitad de la IED que recibió México en 2024 provino de sus socios norteamericanos. Esa concentración es un recordatorio práctico para México, pues cuidar la relación trilateral no es diplomacia, es estrategia de crecimiento.
Entonces, si el objetivo es fortalecer a Norteamérica como plataforma productiva y que México capture la oportunidad TIC, las propuestas deben ser específicas.
A estas tres palancas se suma una condición necesaria: certeza jurídica y reglas claras para inversiones de largo plazo. La inversión es una apuesta al futuro; si el marco de decisiones (regulatorias y de justicia) se percibe incierto, suben las primas de riesgo y por lo tanto, se reduce el atractivo de inversión.
Para México, el mensaje es claro: la mejor defensa de la integración regional es una estrategia de inversión. Inversión pública que habilite, inversión privada que escale, y una agenda trilateral que convierta la oportunidad de TICs en crecimiento, empleo formal y reducción de pobreza. Esa es la discusión económica que debería dominar la revisión del T-MEC.
* María Solís (@MariaSolisMCV) es Economista con área de concentración en Finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Actualmente, se desempeña como analista de México, ¿cómo vamos?