TLCAN, el adolescente que sigue dando de qué hablar

blogeditor · 10 de febrero de 2014

TLCAN, el adolescente que sigue dando de qué hablar

Dicen que 20 años no son nada… pero la verdad es que son años suficientes para detonar cambios y sentar precedentes. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte es prueba de ello. Hace 20 años, exactamente, que entró en vigor y sigue dando mucho de qué hablar.

Apologistas y críticos lo siguen usando de referente para señalar o bien que hemos entrado a la globalización gracias a él o que, justamente, el malestar nacional es su culpa.

En lo personal, considero que ha sido una herramienta que le ha dado estabilidad y credibilidad al país en la esfera internacional y que le ha hecho un participante en el campo de juego global mucho más confiable. En otras palabras, nos puso en el mapa.

[contextly_sidebar id=”fe38d0e8c4f3e69f1cc074fd61786e70″]Definitivamente, no es la panacea (si existe alguna, por favor, avísenme), pero no dejo de preguntarme ¿cómo sería el país sin él? Claramente, no habríamos podido firmar acuerdos comerciales con los países que lo hemos hecho: Colombia (1994), Costa Rica (1995), Nicaragua (1998), Chile (1999), Unión Europea (2000), Israel (2000), Triángulo del Norte (2000), Unión Europea (2000), AELC (2001), Uruguay (2004), Japón (2005), Perú (2012), TLC Único con Centroamérica (2013), y no podrían estarse llevando a cabo en este momento las negociaciones del TPP. Lo mismo sucedió con Canadá y Estados Unidos, el TLC fue el puente que les permitió hacerlo con otros países y regiones.

Como bien dijo Jaime Zabludovsky hace unos días en el foro que organizamos en el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), el TLCAN cambió a México y cambió al mundo. Implicó para los tres países establecer no sólo un nuevo diálogo político-económico, sino un nuevo diálogo al interior de sus sociedades y con el resto de los países.

En el caso mexicano, cambió por completo la manera de hacer y “tejer” la política exterior. Implicó unir la agenda económica con la política en el ámbito internacional y también involucrar nuevos actores en la relación con Estados Unidos: cabilderos, think tanks, empresarios en el “cuarto de al lado”. Participó un grupo de negociadores del más alto nivel, Yvy Leaguers muchos de ellos, que negociaron en la palestra bilateral y después trilateral como no lo había hecho jamás el gobierno mexicano.

El  Canciller José Antonio Meade señaló en el encuentro que: “México a 20 años del tratado de libre comercio seguirá avanzando para construir y revitalizar la idea de una Norteamérica próspera y dinámica, por ello al cumplirse 20 años de la entrada en vigor del TLCAN conviene preguntarnos tanto acerca de los logros como de los retos que enfrenta hoy este tratado”. La pregunta adquiere relevancia doble considerando que en pocos días se reunirán el Primer Ministro Stephen Harper, el Presidente Barak Obama y el Presidente Enrique Peña Nieto para repensar la relación estratégica entre los tres países.

La gran pregunta que queda sobre la mesa es ¿cómo optimizar y revitalizar este acuerdo para impulsar a México hacia el futuro que su población merece, sobre todo la mitad que vive en condiciones de pobreza? El TLCAN es una herramienta para potenciar el desarrollo, fomentar la inversión, generar empleos e insertar al país en la economía internacional.

Algo se ha hecho mal en materia interna, indudablemente, ya que la igualdad y la riqueza no se han distribuido ni se han generado condiciones dignas para la mitad del país. El problema no es el TLCAN. ÉSE es problema de los tomadores de decisiones y políticos, y nos corresponde a la sociedad meter a la agenda trilateral temas tales como la transparencia, combate a la corrupción, fomento del emprendedurismo, innovación, inclusión, y muchos etcéteras.

Algo queda claro 20 años después: para poder ocupar un lugar clave en el mapa mundial, tenemos que tener una estructura interna a la altura del papel que queremos jugar en lo externo. Los grandes enemigos de nuestra posición en el mundo son la corrupción, la falta de visión en un futuro común (mientras se privilegien las posiciones partidistas, no habrá mucho que hacer ni posibilidades de cambiar), la preeminencia de los slogans publicitarios por encima de las políticas públicas, la falta de incentivos al emprendedurismo (no se hacen empresarios por decreto), el empoderamiento económico de la mitad de la población (o sea, las mujeres) y la falta de una visión transexenal, entre otros factores.

Si tenemos todo para ser jugadores de clase mundial ¿por qué siempre estamos a punto de serlo… y no llegamos a serlo del todo? Aprovechemos esta coyuntura crítica y estos 20 años para reconsiderar nuestro papel en el mundo y hacia delante.  Aprovechemos al máximo las herramientas internacionales que tenemos para detonar el crecimiento interno y decirle adiós a la pobreza.

 

@LaClau