Tlahuelilpan, nuestra tragedia

blogeditor · 21 de enero de 2019

Tlahuelilpan, nuestra tragedia

Fuegos alimentados por los soplos de la descomposición social que existe en México.

Entre tantos comentarios leí uno que me pareció retrataba mi raciocinio y el de muchos. “Si ves que se rompe una manguera de una gasolinera, no corres por un recipiente para llenarlo y llevártelo gratis”.

Cuando falta la ilusión y la esperanza y tienes una humillante situación de pobreza, esa pesadumbre muchas veces trasciende a la muerte.

La chispa que desencadenó el fuego, fue la violencia.

Y aunque busquemos causas y teoricemos sobre quiénes son los responsables, existe un caldo de cultivo que motiva la radicalización. La mayoría de la gente que murió en la explosión del ducto el pasado 18 de enero en Tlahuelilpan, Hidalgo, fueron jóvenes, adultos jóvenes.

Se trata de personas que tienen grandes problemas para encontrar trabajo y que, cuando lo encuentran, saben que éste será un trabajo precario y, además, muy mal retribuido.

Y no es que justifique la acción torpe que los llevó a arriesgar y perder su vida, pero estas acciones son una manera larvada que se ha ido fabricando a lo largo de los anteriores gobiernos.

¿Yo que puedo opinar? La mayoría de los políticos son considerados una pandilla de ladrones y estamos en un punto que no sólo en nuestro país sino a nivel mundial, la desobediencia civil está hasta bien vista.

Y ¿qué hacemos los ciudadanos comunes y corrientes? Si nuestra percepción es que nuestros gobernantes son los que roban, que la corrupción es enorme, que el dinero de nuestros impuestos se malgasta y que lo peor de todo hemos perdido la confianza en lo que nos prometen.

Quien vio el terrible video de la explosión estará de acuerdo conmigo, los terribles gritos de dolor y desesperación eran también los gritos de sus familias -abuelos, padres y hermanos- y amigos que, durante años, han observado con dolor la falta de futuro que se cierne sobre ellos, humillados a seguir viviendo un futuro incierto y sin esperanza.

Esperando inútilmente, día tras día, un rayo de “todo estará bien” o una racha de suerte que, desde hace muchos años, no llega.

No tratemos de evidenciar algo que es evidente, este modelo socioeconómico es una herencia que no sólo es insostenible, también es inaguantable.

 

@maricelarosales