blogeditor · 11 de mayo de 2016
Por: Lilian Chapa Kolloffon (@cklilian)
Una de las caras conocidas del emblema fronterizo que es Tijuana es la violenta. Por temporadas, las facciones de esta cara se endurecen y le enseña al mundo expresiones de horror: un número indeterminado de vidas descartadas por el crimen organizado, disueltas en ácido por lo menos entre 2008 y 2010. Pero en otras las facciones se relajan y suavizan. El año pasado la edición americana de la revista Vogue la nombró (sin ironía) “hot spot” gastronómico y escenario de una revolución culinaria que desde hace algunos años palpita en esta ciudad.
Los elementos que convergen en ella para colocarla de por sí como una ciudad potencialmente violenta prevalecen. Se trata de un cruce estratégico hacia uno de los mercados de droga más importantes del planeta y sus aduanas son lo suficientemente permeables como para permitir el ingreso ilegal de armas desde Estados Unidos tales como lanzacohetes y fusiles Barret para abastecer a grupos del narcotráfico local[1]. Por si fuera poco padece un déficit de policías municipales: necesitan seis mil; tienen poco más de dos mil según reconoce la autoridad local. Así, un desequilibrio entre cárteles o al interior de éstos es la chispa para que la violencia homicida estalle como ocurrió entre 2007 y 2010[2], cuando la división interna del Cártel de los Arellano Félix (CAF), presuntamente auspiciada por el Cártel de Sinaloa, contribuyó a que la ciudad pasara de 207 a los mil 250 homicidios de acuerdo con cifras de defunciones por homicidio del INEGI. Un aumento superior a 500 por ciento.
Si bien la cifra bajó a 332 casos en 2012, el último año del sexenio calderonista, la capacidad de fuego de estos grupos cuando de disputar territorios se trata no parece haber disminuido[3]. Por el contrario, las alertas deberían encenderse de nuevo: si hablamos de averiguaciones previas por homicidio doloso, el primer trimestre de 2016 es el más mortífero en Tijuana de lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto. Con 191 averiguaciones entre enero y marzo, este delito superó en 63 por ciento el mismo periodo de 2013 y en 97 por ciento el primer trimestre de 2015 de acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública[4].
Precisamente desde mediados del año pasado el medio especializado ZETA alertó de la incursión en Tijuana del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), una escisión del CS que hace un lustro colocó dos camionetas con 35 cadáveres en Boca del Río, Veracruz. La DEA confirmó la información en un reporte en el que destacó el vertiginoso crecimiento que en pocos años ha logrado la organización delictiva. Aunque en un inicio células del CAF se habrían aliado con el CJNG, actualmente los tres grupos habrían entrado en una pugna que endurece nuevamente las facciones a Tijuana.

Aún con este escenario cambiante, el rostro emprendedor de Tijuana ha sabido aprovechar su posición geográfica –la misma que la coloca en problemas–, para atraer a foodies que no requieren viajar por muchas horas desde el otro lado de la frontera para disfrutar la genial oferta de sus chefs. También, a turismo nacional. Las autoridades de los tres niveles de gobierno no pueden permitir que los focos amarillos que prenden las cifras más recientes de homicidio pasen al rojo que tiene el potencial de mermar esta actividad económica y la tranquilidad de la población.
Urgen las intervenciones específicamente dirigidas a evitar que la infancia y los jóvenes se sumen a las filas de la delincuencia organizada, fuente de violencia y factor de riesgo que, como a un elefante en el cuarto, nadie ha querido ver en la política nacional de prevención del delito impulsada por el gobierno federal. ¿Recuerdan cuando el Presidente Peña Nieto presumió en 2015 como logro de esta política la reducción del homicidio en algunas regiones del país? Lo que está pasando en Tijuana debe motivar ajustes mayores a la misma porque es una de las demarcaciones que reciben el subsidio federal del Programa Nacional de Prevención, cuyas debilidades se han abordado ampliamente en el trabajo que ha realizado México Evalúa.
El Ministerio del Interior británico publicó recientemente una herramienta con este preciso fin que, adaptada al contexto mexicano, puede ser de gran utilidad para guiar la estrategia a nivel local. El primer paso, sin embargo, es reconocer el déficit y que la violencia homicida quiere regresar a Tijuana.
* Lilian Chapa Koloffon es analista en seguridad pública y especialista en políticas de prevención del delito. La autora agradece los comentarios de Leonel Fernández Novelo.
[1] De acuerdo con un documento de la Procuraduría General de la República, “Tráfico de armas México-USA”, el Cártel de los Arellano Félix, con base en Tijuana, es el segundo grupo delictivo al que más armamento especial se le ha asegurado, incluyendo Fusiles Barret, Lanza Cohetes y sub ametralladoras FN Herstal calibre 5.7×28. Disponible en http://bit.ly/1l9ont2
[2] Cifras de defunciones por homicidio de INEGI.
[3] En el caso de Tijuana existe una correlación alta (0.85) entre los datos de homicidios del INEGI y los de homicidio doloso del Secretariado entre 2011 y 2014, por lo que se puede afirmar que el comportamiento de ambas series de datos, correspondientes a registros de certificados de defunciones principalmente y a averiguaciones previas respectivamente, es similar.
[4] Disponibles a partir de 2011 a nivel municipal.