Los tigres de laboratorio en América Latina

Joel Aguirre · 3 de julio de 2026

Los tigres de laboratorio en América Latina

Por Erick Daniel Cruz Ocampo*

Uganda Railway fue el proyecto con el que el imperio británico buscó unir el puerto más importante del este de África, Mombasa, en Kenia, a orillas del mar Índico, con la joya de las ciudades británicas del continente: Kampala, Uganda, a orillas del lago Victoria. Mientras se construía un puente, a la orilla del río Tsavo, dos leones de la zona atacaron a los trabajadores, algunas fuentes mencionan que hubo más de un centenar de muertos. Oscuridad y Sombra fueron los nombres que se ganaron los felinos.

La obsesión de Occidente por narrar sobre terribles animales que devoran a seres humanos llevó esta historia al cine. En 1990 se estrenó The ghost and the darkness (Demonios de la noche) y su portada invita a la cerrazón, dice: pray for the hunters.

La adaptación de historias reales al cine es una industria que ha ofrecido grandes dividendos. Sin embargo, existe otra fijación desde Occidente, especialmente Washington, en donde los dividendos son aún mayores, pero las consecuencias más devastadoras: la fabricación de felinos políticos.

De manera in vitro, en lo que va de la última década, han nacido jaguares, leones y tigres, con garras afiladas y dientes puntiagudos, primero como candidatos y luego como presidentes de algún país de la región de América Latina.

Felinos con las mismas propuestas para gobernar

Son felinos de laboratorio con motosierra en mano, gorra beisbolera, se toman selfies en la Asamblea General de la ONU, se presentan con gafas de rockstar en su reelección, planean destripar a la izquierda, prometen capitalismo para todos o simplemente seguir los mismos pasos de sus padres, porque son herederos de una dinastía criminal que rehúsa desaparecer del subcontinente.

Todas y todos estos felinos tienen, en estricto sentido, las mismas propuestas para gobernar: militarización de prisiones, mano dura contra la criminalidad, control institucional, concentración de poder y posturas controversiales sobre derechos humanos.

Se repite, además, una campaña mediática de presentarlos como los dictadores cool, el nepotismo que conviene, el transgresor buena onda, el outsider de la política, el “nerd” que hará implosionar al Estado. El marketing político por presentar a estos renegados del sistema comienza a mostrar paulatinamente sus avances. Además, otro mínimo común múltiplo entre estos candidatos es su estrecha afinidad con Donald Trump, así como justificar lo que Israel hace en Gaza, es más, afirmar que esa será la misma metodología para defender la patria.

Pareciera que siguen un mismo guion, están muy bien entrenados. Tienen la misma fórmula, los mismos eslóganes. ¿No hay tigres o leones con criterio propio?

El escudo de las Américas

El domador de los tigres y el dueño de la jaula viste saco con corbata, despacha desde la Oficina Oval y acepta públicamente su apoyo cuando alguno de sus gatos lo necesita. Sin tapujos, Trump admite que, sin su ayuda, sus candidatos alineados no habrían tenido la oportunidad de ganar.

El Escudo de las Américas es la cueva donde se fabrican las órdenes hacia estos androides felinos: es el búnker de la doctrina Donroe. Se erige hoy como la piedra angular para los nuevos felinos de la derecha; actúa, a ratos, como un faro de doctrina y, en otros, como el manual de un guion mediático cuyas fórmulas no siempre encajan en el tejido de nuestras propias realidades en América Latina y el Caribe. ¿Hondurasgate o el Plan Cóndor 2.0?

Lo ocurrido en Perú y en Colombia (y que previamente se ha utilizado en otros países) muestra que en América Latina se conoce de memoria el guion de la extrema derecha internacional: la exacerbación del miedo como principal propuesta, propaganda para confundir, campañas millonarias, la operación de las élites financieras y, aun así, resultados tan cerrados que se presentan como verdades incuestionables o rotundos triunfos previo a la conclusión oficial y legal del proceso electoral. 

Pocas veces hubo tantos gobiernos de derecha en América Latina a la vez: la última fue la década de las dictaduras en donde también Washington preparó las condiciones para evitar el avance de ideas políticas contrarias a sus intereses. ¿Acaso no tenemos memoria histórica ni responsabilidad política? ¿Nos enfrentamos a la nueva década de las dictaduras confeccionada por Palantir e Instagram? ¿Qué clase de experimento es este?

Un antídoto contra los tigres

A pesar de que se presenta un discurso de una supuesta marea conservadora en el continente, las cifras revelan una realidad distinta. Lo ocurrido en estos procesos, donde el triunfo electoral se confía a una industria de propaganda millonaria, al uso sistemático de la desinformación y al despliegue de ejércitos digitales para la manipulación emocional, revela que no estamos ante una gesta histórica. 

En realidad, se trata de una operación política frágil, sostenida apenas por alfileres de cristal, que busca simular una fuerza que la voluntad popular no respalda con contundencia; un guion mediático que presenta resultados mediocres como verdades incuestionables. Aunque no por eso se exime de su peligrosidad.

Sin embargo, en esto hay una lección para los países de la región que pronto se enfrentan a un proceso electoral, en el futuro inmediato Brasil, en donde Washington ya comenzó a crear contrapesos políticos, manipulaciones mediáticas y enfrentamientos sociales al apoyar a quien se perfila como sólido candidato e hijo del expresidente Bolsonaro.

En México, se estrenaron con una estrategia que acaba de agregar a su repertorio: sancionar las visas a figuras políticas solo del partido gobernante para presionar e influir en una elección o la reciente campaña en la que aparentemente gobernadores y legisladores se ofrecen como informantes ante la justicia de Estados Unidos. No se trata de estar a favor de ninguno de los bandos, solo es menester mencionar que la narcopolítica no es nueva en el país, y que señalar solo a un grupo elimina la imparcialidad.

Todos los felinos políticos muerden

La maquinaria para crear los escenarios electorales favorables a la Casa Blanca ya está aceitada y el empirismo en las elecciones de este año en la región le está entrenando para acciones de mayor amplitud. ¿Estamos preparados? ¿La izquierda regional podrá revertir estos embates?

El aprendizaje es que todos los tigres y leones que nos presentan desde el marketing político conservador son perjudiciales. Unos más simpáticos, aunque siempre dañinos como el tigre del cereal para el desayuno con exceso de azúcares añadidos, otros despóticos como el de Huitzuco con exceso de sangrienta represión. Sin olvidar al Tigre colombiano ni al León libertario de Argentina. Al final, hay que entender que todos los felinos de este tipo muerden.

La hipótesis sobre los leones de Tsavo menciona que la territorialidad fue la causa de que mataran a un centenar de obreros. Con los felinos de laboratorio sueltos en América Latina se obedece igualmente a la defensa territorial que el imperialismo ejerce en esta zona.

La constante convivencia, cíclica, sistemática, sistémica y centenaria con la fábrica de grandes felinos en la región ha hecho que se practique el arte de domar a estos animales, al menos en la poesía de Eduardo Lizalde. Sin embargo, en lo político aún quedan espacios que defender.

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*Erick Daniel Cruz Ocampo es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y maestro en Seguridad Internacional por el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Academia Nacional de Policía de Ankara, Turquía. Especialista en migración por el Departamento de Gestión de Crisis de la Academia de Policía de República Checa, laboró en la embajada de Egipto en México, la de México en Turquía, y desde 2020 es asesor político en México. Redes: @EDCruzOcam