Redacción Animal Político · 2 de octubre de 2024
El 1 de octubre tomó protesta Claudia Sheinbaum, la primera presidenta de México. Al tener una mujer presidenta, el país representa cierta excepción a nivel mundial. De acuerdo con el Pew Research Center, a marzo de 2023, menos de la tercera parte de los Estados miembros de la ONU había tenido una mandataria mujer. Sin embargo, internamente México no se caracteriza por un apoyo social a los liderazgos de las mujeres.
De acuerdo con datos de la encuesta de opinión pública Latinobarómetro, en México las mujeres aprueban igual que los hombres la idea de que ellos son mejores líderes políticos que las mujeres. Treinta y cinco de cada 100 hombres mexicanos y 33 de cada 100 mujeres mexicanas están de acuerdo con esta idea. En cambio, en los otros 16 países de América Latina incluidos en la encuesta, las mujeres piensan distinto que los hombres: en promedio, 27 de cada 100 hombres y 17 de cada 100 mujeres apoyan esta postura sexista. Es decir, en otras partes de América Latina, además de que esta afirmación es menos aceptada en general, existe una brecha en las opiniones de las mujeres y los hombres: en comparación con los hombres, las mujeres rechazan más esta idea sexista, a diferencia de lo que observamos en México.
Lo que revela la encuesta es que, en realidad, México es un país donde tanto los hombres como las mujeres continúan teniendo posturas sexistas bastante arraigadas. En este contexto, Sheinbaum afirma que al ser la primera mujer en llegar a la Presidencia mexicana, “no [llega] sola, llegamos todas”. Pero, dado este contexto, ¿qué significa exactamente esa afirmación? Si bien la nueva presidenta ha prometido que su Gobierno será feminista, 1 durante su campaña evitó casi por completo tocar temas como el aborto y la educación sexual integral. Su cautela respecto a estos asuntos refleja y refuerza un contexto nacional en el que los partidos políticos y los y las dirigentes que elegimos se mantienen al margen de la discusión pública sobre temas que algunas consideraríamos centrales del feminismo.
Desde Data Cívica, nos dimos la tarea de averiguar qué tanto las mujeres mexicanas se parecen a otras latinoamericanas en sus opiniones sobre los roles tradicionales de género y sobre los derechos sexuales y reproductivos. Para hacerlo, analizamos los datos del Latinobarómetro 2023. Lo que encontramos sugiere que hay una similitud persistente entre las opiniones de mujeres y hombres en México sobre el machismo, lo cual es un fenómeno particularmente único en la región. Nuestros hallazgos confirman que la lucha por desmantelar los estereotipos de género y asegurar la salud sexual y reproductiva de las mujeres es menos generalizada de lo que esperábamos. Aquí te contamos:
Si las mujeres vivimos experiencias compartidas, si bien diversas, de trato diferenciado por nuestro género, se podría argumentar que representamos un grupo social heterogéneo con ciertos intereses en común. Algunas autoras feministas han llamado dichos intereses “intereses estratégicos de género” y argumentan que para mejorar nuestra posición colectiva como grupo social, a las mujeres nos conviene particularmente posicionarnos en contra de la violencia basada en género, el control de nuestra sexualidad y la restricción de nuestro acceso a los recursos económicos, sociales y al poder político. 2
De hecho, en muchos países de América Latina observamos divisiones en la opinión pública que coinciden con estos “intereses estratégicos de género”. En países como Perú, Venezuela y Argentina, en comparación con los hombres, las mujeres rechazan significativamente 3 más, por ejemplo, las ideas de que ellas deberían enfocarse en las labores del hogar y que los hombres sean mejores líderes políticos que las mujeres. En estos y otros países, son precisamente las ideas sobre los roles de género tradicionales las que más distinguen las opiniones de los hombres y las mujeres, por encima de las opiniones sobre temas como la democracia, la economía de mercado o la protección del medio ambiente.
En México, en cambio, existe otro escenario. Encontramos que no existe una diferencia significativa entre hombres y mujeres en ninguna de las posturas que analizamos, pero las menores brechas en opinión son específicamente en respuesta a afirmaciones sobre roles de género. En otras palabras, las mujeres mexicanas suelen concordar con los hombres mexicanos en general, pero están particularmente de acuerdo con ellos en que ellas deberían enfocarse en la casa y que ellos son mejores líderes políticos.
De los siete países más poblados de América Latina (a saber: Brasil, México, Colombia, Argentina, Perú, Venezuela y Chile), México es el país con la menor diferencia puntual 4 entre hombres y mujeres en términos del porcentaje de personas que está de acuerdo con cada una de las siguientes posturas:

De los países más poblados de la región, México es el único donde las mujeres no divergen significativamente con los hombres respecto a la idea de que ellos son mejores líderes que ellas. Además de esta falta de diferencia por sexo, México es (por mucho) el país donde más mujeres apoyan esta postura, pues el 33.2 % de las mexicanas están de acuerdo con esta idea. A México le sigue Brasil, donde el 17.4 % de mujeres están de acuerdo con esta postura. En Perú, menos del 10 % de mujeres aceptan esta idea.
En otras palabras, en comparación con una mujer brasileña, es casi dos veces más probable que una mujer mexicana afirme que los hombres son mejores líderes políticos, y en comparación con una mujer peruana, más de tres veces más probable. Asimismo, México es el país donde más mujeres reportaron estar de acuerdo con la afirmación de que es mejor que la mujer se concentre en la casa y el hombre en el trabajo, una diferencia significativa respecto a todos los otros países analizados salvo Venezuela. Cuatro de cada 10 mexicanas apoyan esta división sexual tradicional del trabajo.

Buena parte de la literatura sobre brechas de género en la política parte del contexto de los Estados Unidos, donde el apoyo para políticas públicas que protegen los derechos sexuales y reproductivos es considerablemente más alto entre votantes del Partido Demócrata, y particularmente entre mujeres simpatizantes de este partido. En comparación con votantes del Partido Republicano (generalmente interpretado como el partido más de derecha de los dos), es tres veces más probable que una mujer demócrata esté de acuerdo con la legalización del aborto. 5
En algunos países de América Latina, observamos divisiones parecidas en donde la izquierda se alinea a favor de los derechos sexuales y reproductivos y en contra una división sexual tradicional del trabajo, y la derecha, en cambio, adopta posiciones más conservadoras al respecto. En Argentina, Brasil y Chile, por ejemplo, es significativamente más probable que alguien de izquierda esté de acuerdo con que las escuelas faciliten el acceso a métodos anticonceptivos para adolescentes. Entre la población chilena que se nombra de izquierda, dos tercios apoyan esta propuesta, mientras que entre personas chilenas de derecha, apenas un tercio lo hace.
Pero como muchas activistas de izquierda nos recuerdan, la adopción de una agenda en contra de los estereotipos de género y a favor de la protección de los derechos sexuales y reproductivos (o algunas diríamos, una agenda feminista) no es una característica intrínseca de la izquierda. 6 La izquierda, más bien, puede optar (o no) por alinearse con tales demandas, y en el caso de México, los datos indican que no lo ha hecho. El apoyo para la división sexual del trabajo y los derechos sexuales y reproductivos no varía significativamente por posición política en México. Es más, la facilitación de acceso a anticonceptivos para adolescentes es significativamente más aceptada por hombres de derecha en países como Argentina, Colombia y Venezuela que por mujeres de izquierda en México.

Una postura parecida respecto a estos temas de género y sexualidad se nota incluso entre las mujeres jóvenes del país– así como la opinión pública sobre los derechos sexuales y reproductivos y los roles de género no varía significativamente por ideología política, tampoco cambia mucho por edad. Entre mexicanas de 16 a 25 años de edad, 39.3 % de ellas (cuatro de cada 10) afirman que los hombres son mejores líderes que las mujeres, esencialmente la misma proporción de mujeres de la tercera edad que piensan eso: 34.2 % de mexicanas de 60 años o más están de acuerdo con esta idea.

Que estas opiniones no cambien por edad también es una anomalía en la región. Para ilustrarlo, podemos contrastar México con Brasil. Mientras que las personas adultas mayores de ambos países apoyan este estereotipo sexista a tasas comparables, existe una disparidad significativa entre las juventudes de los dos países. En comparación con una mujer brasileña de 16 a 25 años, es más de tres veces más probable que una mexicana de la misma edad crea que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres. Frente a una joven peruana, argentina o colombiana, es hasta seis veces más probable que una joven mexicana esté de acuerdo con esta idea.
Resulta claro, entonces, que si bien la toma de protesta de la primera presidenta de México representa un hito histórico para el país y la región, en realidad ello no es un reflejo de que la lucha por desmantelar los estereotipos de género y asegurar la salud sexual y reproductiva se haya generalizado. Tampoco se traduce necesariamente en la alineación de la nueva presidenta con demandas feministas, como ciertos medios han sugerido. 7 Que la nueva presidenta nombre a su Gobierno como feminista, 8 y que Morena busque posicionar su partido como progresista sucede mientras que ambos han evitado posicionarse con respecto a temas emblemáticos de las luchas feministas en América Latina, como la división sexual del trabajo o la salud sexual y reproductiva– quizás con algo de razón. La opinión pública nos indica que las posturas conservadoras siguen siendo altamente aceptadas por la ciudadanía mexicana, incluso por las mujeres, sin importar la edad o la posición en el espectro político, a diferencia de lo que sucede en otros países de la región. Si queremos un Gobierno que responda a las demandas antipatriarcales, necesitamos también un electorado que se posicione y demande esta agenda pública. En ese sentido, si queremos un electorado antipatriarcal, desde el movimiento feminista debemos de darnos la tarea de hablarle a todas.
Dentro de una burbuja de círculos sociales que comparten posiciones antipatriarcales, puede ser muy fácil convencernos de que vivimos en un país donde la mayoría de las mujeres (por lo menos las jóvenes y las de izquierda) coinciden con nosotras, pero los datos nos indican que, por lo menos relativo al resto de la región, no es así. Si lo que nos interesa es luchar en contra de la normalización del machismo en el país, tenemos que hablar con mujeres fuera de esta burbuja feminista.

Hay muchas formas de inclusión que aún faltan en los feminismos. Ante esto, varias agrupaciones y colectivas de mujeres, sobre todo de mujeres indígenas, se han posicionado fuera de los feminismos precisamente por ello. 9 Una de las ausencias importantes que ha sido nombrada desde distintos movimientos antipatriarcales es la descentralización geográfica de los movimientos feministas. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022, el Estado de México y la CDMX son las entidades donde menos mujeres están de acuerdo con que ellas deberían ayudar con las labores del hogar más que los hombres, con solo 6.2 % y 7.2 %, respectivamente, apoyando esta idea. En cambio, a nivel nacional, 16 % de las mexicanas están de acuerdo con esta postura, más de dos veces la proporción en la Zona Metropolitana del Valle de México. Hace falta, entonces, darle visibilidad al activismo en contra del patriarcado en distintas geografías y reconocer la diversidad de contextos que enfrentan las mujeres, sobre todo fuera de la capital del país.
Así como las opiniones del electorado influyen directamente en quién gobierna el país, las figuras políticas también pueden influir en la politización de ciertos temas. Si lo personal es político, como afirman los feminismos, entonces las luchas antipatriarcales deben tener un lugar en la política. Como primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad de transformar esta lucha contra el machismo en una demanda política, en un país que no la trata como tal. Esperemos que sí la tome.
1 Redacción RPP, Claudia Sheinbaum subraya que su Gobierno en México será “feminista” con enfoque “social”, Radio Programas del Peru, 17 de julio de 2024.
2 Molyneux, Maxine, ¿Movilización sin emancipación? Intereses de la mujer, el Estado y la Revolución: El caso de Nicaragua, Revista Desarrollo Y Sociedad, 1985.
3 Cuando hablamos de una diferencia “significativa”, queremos decir que estamos bastante seguras (en este caso, con un nivel de confianza de 95 %) de que esta diferencia realmente existe entre la población más amplia, y que no solo ocurre por casualidad entre aquella parte de la población que fue encuestada.
4 Cuando decimos que México tiene la menor diferencia “puntual” entre estos países, queremos decir que entre la muestra del Latinobarómetro, las personas encuestadas en México reportaron la menor diferencia por sexo en respuesta a cada una estas preguntas, en comparación con los otros países analizados. A diferencia de una diferencia significativa, una diferencia puntual no necesariamente toma en cuenta el nivel de incertidumbre que enfrentamos al generar estimaciones sobre una población nacional a través de una encuesta implementada a solo una pequeña parte de esta población. Por lo tanto, no podemos afirmar con “confianza estadística” que entre la población total de estos países, México realmente tenga la menor brecha por sexo.
5 Center for American Women and Politics, Gender Gap Public Opinion.
6 Guillermoprieto, Alma, ¿Será que soy feminista? Literatura Random House, 2020.
7 Para un ejemplo de este tono particularmente notable en medios extranjeros, consulta el artículo “Mexico’s Next President Is the Country’s First Woman, First Jewish President—And a Feminist”, redactado por Jennifer Piscopo y publicado en la revista feminista estadunidense Ms. el 3 de junio de 2024.
8 Redacción RPP, Claudia Sheinbaum subraya que su Gobierno en México será “feminista” con enfoque “social”, Radio Programas del Peru, 17 de julio de 2024.
9 Aguilar, Yásnaya, Mujeres indígenas y lucha antipatriarcal. Tres acercamientos, Noticonquista; AFROntera, Una conversación con Ochy Curiel: criticando el feminismo blanco, articulando contra las colonialidades constituyentes del mundo y cimarronando nuestras resistencias, Terremoto, 4 de julio de 2022.