blogeditor · 1 de mayo de 2019

Los tiburones o escualos han nadado en los mares desde hace más de 450 millones de años en la era paleozoica, 200 millones de años antes de los dinosaurios que florecieron en la era mesozoica. Su enorme longevidad les ha permitido desarrollar excepcionales características y son los perfectos depredadores. Los humanos les hemos creado la fama de “come hombres”, no obstante que solo ocurren menos de 60 ataques anuales documentados hacia nosotros, la mayoría por error al confundirnos con sus presas como focas y pingüinos, y de esos ataques únicamente un 10 % son fatales.
Sin embargo, más de 100 millones de escualos son pescados todos los años provocando que varias especies estén en peligro de extinción. De esa enorme cantidad, a muchos solo se les corta la aleta dorsal que utilizan en China y Corea como ingrediente para sopas y productos afrodisíacos. Cuando los barcos pesqueros están repletos con sus presas, el tiburón -después de ser despojado de la aleta- es arrojado vivo al mar donde desciende irremediablemente hasta al fondo para sufrir una agonizante muerte de hasta una semana. Esta práctica la atestigüé en una de mis visitas a isla Del Coco, Costa Rica, durante mis trabajos con la Sociedad Cousteau. Los barcos chinos y coreanos estaban colocados en largas filas de miles de metros a un par de kilómetros fuera de las aguas territoriales costarricenses. Ahí, con toda impunidad la masacre se efectuaba ante la impotencia de quienes la veíamos con binoculares.

México no está exento de la sobrepesca de tiburones y otras especies marinas, ese será tema de un próximo artículo.
En una nota anterior relaté la jornada de Jean-Michel Cousteau a Rusia en un viaje de dos semanas a petición del presidente Vladimir Putin, solicitando asistencia para tratar de resolver una situación muy embarazosa para el gobierno ruso: la captura ilegal en su territorio de casi 100 ballenas y orcas con la idea de venderlos en el mercado chino en centros de entretenimiento. La venta no se realizó al final y los animales fueron encerrados por los pescadores furtivos en condiciones terribles durante casi un año, en pequeñas piscinas amuralladas en un lugar remoto y frío en la costa rusa. El problema fue conocido por organizaciones ambientalistas en Rusia y otros países, y causó una crisis de imagen para el gobierno ruso. Es por eso que se solicitó la presencia y el asesoramiento de Cousteau y su organización para encontrar una manera de liberarlos de manera segura, un proceso que llevará mucho tiempo. El viaje fue exitoso ya que se firmó un acuerdo de cooperación, que alivió en gran medida el problema que tuvo el gobierno de Putin.
Ahora, nuevamente se solicita a Cousteau en otro rincón del mundo para que intervenga en una situación muy dramática: la pesca ilegal de tiburones en las aguas del Océano Atlántico, mucha de ella en las costas de Brasil, Uruguay y Argentina. La organización Oceanosanos es quien convoca a la Primera Conferencia del Océano en Uruguay, y está trabajando laboriosamente para fijar una fecha que puede ser a finales de julio o principios de agosto del presente año. Se tiene contemplado tener a Cousteau como orador principal y contar con la asistencia de científicos y expertos de países de Latino América y España.
Los temas principales serán:
*Pesca ilegal, no declarada y no reglamentada,
*Abuso de derechos humanos en buques pesqueros extranjeros y
*Proyectos y/o ampliaciones de puertos pesqueros extranjeros.
No es solo la depredación de los tiburones -que se capturan a un promedio de 10 o 12 mil por hora-, además de esto hay un tráfico criminal de “tripulaciones de esclavos” que son enlistadas con engaños o por la fuerza en países básicamente africanos, así como en Indonesia y Filipinas. Es una historia trágica de casi no poder creerse. Muchos de esos tripulantes no pueden soportar las inhumanas condiciones de vida en esos barcos. Existen casos documentados que los muestra encadenados con grilletes cuando no están en operaciones de pesca. Constantemente, tanto hombres como mujeres prefieren saltar al mar prefiriendo ahogarse. El puerto de Montevideo a veces recibe en promedio de más de 5 cadáveres por mes. Los barcos pesqueros chinos cuentan globalmente con el mayor número de trabajo esclavo en la industria pesquera.

Además, Jean-Michel tendrá la oportunidad de entrevistarse con los tres candidatos principales presidenciales de Uruguay, cuyas elecciones se llevarán a cabo el 27 de octubre del presente año. Cousteau pondrá en juego todas sus habilidades de convencimiento para que estas situaciones se incluyan como parte de su agenda gubernamental, ya que el puerto de Montevideo es utilizado por barcos chinos para abastecerse y continuar su viaje de regreso con la carga de cientos de miles de aletas además de descargar mucha de su pesca ilegal de otras especies marinas en peligro de extinción. China encabeza el ranking mundial de pesca ilegal publicado en febrero de 2019 por la Iniciativa Mundial contra la Delincuencia Organizada Transnacional (Global Initiative Against Transnational Organized Crime).



China ha sido reportada anteriormente ante la Alta Comisión de la UNESCO por la violación de los Derechos Humanos en 18 proyectos operados por 15 consorcios que han obtenido el apoyo de 6 bancos chinos en América Latina.
El Mar de China prácticamente se ha vaciado de peces debido a la sobrepesca, la contaminación y la destrucción del hábitat pesquero, y al mismo tiempo mantiene conflictos de soberanía con el resto de los estados de esa región.
Una investigación internacional realizada a partir de 2017 reveló que el Puerto de Montevideo es el segundo puerto mundial en recibir barcos refrigerados con una carga de pesca sospechosa de ser ilegal.
Los armadores chinos, coreanos y taiwaneses son responsables de haber abandonado a más de cien embarcaciones pesqueras en la Bahía de Montevideo, que además de generar daños ambientales y ser un riesgo para la seguridad, ha generado una responsabilidad ambiental millonaria y es una carga para las presentes y futuras generaciones.

La flota que opera en aguas internacionales, en el límite de la Zona Económica Exclusiva de Brasil, Argentina y Uruguay, lo hace sin ningún control o regulación sobre lo que pescan, cómo pescan, cuándo pescan y el impacto en las especies incidentales (por captura), además de contaminar arrojando al mar toneladas de basura, aceites, productos tóxicos e instrumentos de pesca usados. Estos pueden durar indefinidamente en los océanos generando daños incalculables, todo esto sin un observador a bordo o respetando las regulaciones de ninguna organización. Esta es una práctica altamente destructiva para todo el entorno del Atlántico sur que afecta la biodiversidad de toda la región y pone en riesgo el futuro del medio ambiente marino a nivel mundial.
El consorcio chino Shandong Baoma Fishery tiene planes para instalar un mega puerto para 500 barcos con astillero, reparación y reaprovisionamiento en una zona cercana a Montevideo. La inversión de $200 millones de dólares permitiría procesar la pesca de los barcos chinos, la mayor parte ilegal y depredadora.
Teniendo en cuenta estos hechos, Oceanosanos propone que las actividades de descarga de buques pesqueros extranjeros en el Puerto de Montevideo y/o proyectos de extensión y/o nuevos puertos que se otorgarán a compañías y/o Estados extranjeros, como el caso de China, deben cumplir con los requisitos indispensables a fin de respetar la legislación nacional vigente, las normas internacionales y las recomendaciones de las Naciones Unidas para prevenir la pesca destructiva, la pesca ilegal, los abusos de los derechos humanos y los impactos negativos en la economía local y la pesca.
La lucha por la salud de nuestro Planeta y la protección de su biodiversidad continúa sin detenerse y la única forma de que obtengamos éxito es con la participación y concientización de los ciudadanos. El problema no es sólo de usted ni sólo mío, es de todos.
* Rubén D. Arvizu es Director General para América Latina y Escritor/Productor y Director Fílmico de Ocean Futures Society, Rubén acompañará a Jean-Michel a la Conferencia en Uruguay. Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation y Embajador del Pacto Climático Global de Ciudades.