Joel Aguirre · 11 de junio de 2026
Por Daniel Cruz Ocampo*
En 1981 Rubén Blades y Willie Colón cantaron por primera vez sobre una bestia marina que acechaba el verde mar Caribe. Se trataba de un tiburón buscando causar intranquilidad en la zona. Entre tambores y maracas vaticinaban: “Pobre del que caiga prisionero”.
Lo cierto es que el tiburón lleva siglos poniendo nervioso a todo el mundo, pero aún más a los habitantes de ese mar. La élite que sostiene el poder en Estados Unidos desde el primer mandato de Donald Trump ha aumentado la presión y hecho más férrea su presencia en América Latina y el Caribe.
En marzo de 2023, Carlos Giménez, miembro de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes dijo que durante demasiado tiempo hemos ignorado nuestro propio patio trasero y hemos permitido que Rusia, China e Irán, adversarios de Estados Unidos, hagan grandes incursiones en nuestra región.”
Por otro lado, en enero de 2025, durante el Foro Económico Mundial, la exjefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, mencionó la importancia del subcontinente para Estados Unidos: “[América Latina] alimenta al mundo, tiene el 30 % del agua fresca del mundo, tierras, más del 30 % del azúcar, minerales de todo tipo, el 60 % del litio, el 30 % del cobre. La región tiene casi un quinto de reservas de petróleo y también el Amazonas, la región más biodiversa.” Estas fueron algunas de las bases para la nueva Doctrina Donroe.
Con motivo de la conmemoración del 202 aniversario de la doctrina Monroe, el 2 de diciembre de 2025, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que Donald Trump reafirma su compromiso con este pilar de la política exterior estadounidense además de actualizar y ensanchar sus alcances.
“Desde que asumí el cargo, he llevado a cabo una política agresiva que da prioridad a Estados Unidos y aboga por la paz mediante la fuerza. (…) Con el fin de defender a los trabajadores y las industrias de nuestra nación, recientemente he firmado acuerdos comerciales históricos con El Salvador, Argentina, Ecuador y Guatemala, que permiten un acceso más amplio y fluido al mercado. Revitalizada por mi corolario Trump, la doctrina Monroe sigue viva, y el liderazgo estadounidense está de vuelta, más fuerte que nunca”.
Un mes después se presentó formalmente la primera víctima, escenario o consecuencia de la doctrina Donroe; la captura del presidente Nicolás Maduro. Con ello, el gobierno estadounidense pasó de nombrar “América para los americanos” a “América para los estadounidenses” por una sola razón: los recursos naturales. Y envalentonado por la victoria en Venezuela Trump vaticinó, en mayo pasado, que “de regreso de Irán, haremos que uno de nuestros grandes portaviones, tal vez el USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo, se acerque (a Cuba), se detenga a unos 100 metros de la costa y nos digan: ‘Muchas gracias, nos rendimos‘”.
Más allá de ser real o no, la acusación contra Raúl Castro es una más de las campañas para justificar el derrocamiento del régimen cubano que desde el triunfo de la Revolución ha sido y seguirá siendo acosado.
Tan solo durante la primera administración de Donald Trump (2017-2021), Estados Unidos implementó más de 240 medidas dirigidas a endurecer su política hacia Cuba, configurando uno de los periodos de mayor presión económica y diplomática sobre la isla desde la década de 1990.
Entre las acciones más significativas destacaron la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, que permitió demandas contra empresas vinculadas a propiedades nacionalizadas tras la Revolución; las restricciones al turismo mediante la prohibición de cruceros, la eliminación de viajes educativos “pueblo a pueblo”, la limitación de vuelos y la creación de una lista de alojamientos vetados; así como nuevas limitaciones a las remesas familiares, afectando una importante fuente de ingresos para la población cubana.
Paralelamente, Washington intensificó las sanciones comerciales, financieras y energéticas contra La Habana. Se ampliaron las restricciones a las transacciones con empresas cubanas, se prohibió la importación de productos emblemáticos como el ron y el tabaco, se reforzó la persecución de operaciones bancarias internacionales y se sancionó a compañías vinculadas al suministro de combustible hacia la isla.
Además, la administración Trump promovió el fin de acuerdos de cooperación médica cubana en diversos países, impuso restricciones de visado a funcionarios cubanos y reincorporó a Cuba a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
En conjunto, estas medidas buscaron (y lograron) aumentar el aislamiento económico y político de Cuba, dificultando sus relaciones comerciales, financieras y diplomáticas con el exterior.
Por su parte, Susanne Gratius, profesora en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, menciona que existe un deseo, desde Estados Unidos, tanto desde los exiliados como de la propia administración Trump de invertir en Cuba mediante el gran negocio de la reconstrucción, como lo fue el Plan Marshall o lo que se avecina con Plan integral del presidente Donald J. Trump para terminar con el conflicto en Gaza. La cara de una misma moneda. David Harvey lo llama acumulación por desposesión.
Actualmente, la influencia de Estados Unidos en América Latina es evidente, los gobiernos de derecha han ganado posición, quizá no en todos los casos se deba a la tendencia conservadora de las sociedades, sino al descontento con las izquierdas o alternancias, según la especificidad de cada caso. Sin embargo, en el tablero regional esta tendencia muestra claros pesos y contrapesos políticos.
Desde 2023 a la fecha, se han llevado a cabo 14 elecciones presidenciales en la región de América Latina y el Caribe, las cuales han reconfigurado el mapa político en donde 11 de las 14 elecciones dieron el triunfo a la derecha: Paraguay, Ecuador, Argentina, Panamá, El Salvador, República Dominicana, Chile, Ecuador, Bolivia, Honduras y Costa Rica. Y para el segundo semestre de 2026 se esperan elecciones de cuatro países más; Perú, Haití, Brasil y Colombia. Estos últimos son de gran importancia para la cúpula Trump debido a que forman parte de las tres mayores economías de la región.
En septiembre de 2024, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, impartió una conferencia magistral en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM, ahí dijo: “Que repiquen las campanas de Hemingway porque lo que se vive en Gaza, es el futuro próximo para toda la humanidad”.
Ruban Blades y Willie Colón en la canción de El Tiburón dicen que “en la unión está la fuerza”, y evidentemente se han hecho ver las muestras de apoyo internacional hacia Cuba y en contra del bloqueo, como cada vez que se reactivan las presiones estadounidenses hacia la Isla. Sin embargo, surge la duda: ¿será posible vivir, tan solo un día, sin el yugo de la doctrina Donroe?
¿Qué le espera a Cuba y a los cubanos? ¿Es este el fin de la Revolución? Si bien nada está dicho, el tiburón está pescando a la orilla de La Habana. ♦
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*Daniel Cruz Ocampo es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y maestro en Seguridad Internacional por el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Academia Nacional de Policía de Ankara, Turquía. Especialista en migración por el Departamento de Gestión de Crisis de la Academia de Policía de República Checa, laboró en la embajada de Egipto en México, la de México en Turquía, y desde 2020 es asesor político en México.