Teuchitlán: el exterminio que el gobierno quiere ocultar con narrativas

Redacción Animal Político · 28 de marzo de 2025

Teuchitlán: el exterminio que el gobierno quiere ocultar con narrativas

Lo sucedido en el Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, y lo que está ocurriendo con la reacción oficial ante ello, no sólo lastima: ofende y encabrona. Provoca rabia, tristeza, impotencia y una profunda percepción de mezquindad del gobierno. Porque no estamos hablando de matices, sino de verdades que se buscan ocultar. No estamos hablando de versiones, sino de hechos evidentes que se intentan barrer bajo la alfombra y limpiar de la memoria colectiva. Es clarísimo que al gobierno de Claudia Sheinbaum le urge deshacerse del llamado en redes sociales #AuschwitzMexicano que ya se convirtió en el #Ayotzinapa de su sexenio. ¿Karma para un grupo político que lucró comunicacional y electoralmente con la tragedia de Ayotzinapa para luego, ya en el poder, abandonar a víctimas, olvidar sus demandas y a esos 43 estudiantes?

La guerra de narrativas se enfoca en si lo hallado en Teuchitlán fue un campo de exterminio o un centro de reclutamiento de la delincuencia organizada. Y mientras el gobierno da pequeños pasos en reconocer lo ocurrido —como lo ilustraba mi amigo Javier Tejado en un tuit en su cuenta de X— al mismo tiempo lanza a sus “reporteros”, influencers y youtubers oficialistas a decir que en realidad no pasó nada, no vieron nada, no mataron a nadie, que era casi un Juego del Calamar este campo, propiedad de alguno de los muchos grupos de la delincuencia organizada que hoy controlan grandes regiones en México en alianza incluso con las autoridades locales.

La contradicción es brutal: mientras Omar García Harfuch detalla lo que sucedía en el lugar, mientras se difunden imágenes y testimonios que nos estremecen y escandalizan, en la misma mañanera donde el encargado de la seguridad nacional dice que ahí entrenaban, torturaban y mataban personas, el aparato de comunicación del Estado hace lo posible por cambiar la narrativa, buscando salvar la aprobación de Claudia Sheinbaum y mantener la impunidad de sus aliados electorales. La estrategia narrativa oficialista con la que se responde a esta tragedia —una narrativa que minimiza, que desinforma, que se burla de la inteligencia ciudadana— ofende profundamente.

Y aquí otro clavo al ataúd de la credibilidad en materia de transparencia y rendición de cuentas de este gobierno federal, este jueves Animal Político publica una investigación sobre el supuesto informe de la manipulación mediática sobre el caso #Teuchitlán anunciado por la presidenta Sheinbaum en la conferencia mañanera y revela que dicho informe nunca existió, así que fue una más de las mentiras de las “mañaneras” orquestada por el poder para cambiar la narrativa.

Resulta brutal que presuntos grupos de delincuentes publiquen videos en redes sociales con la misma narrativa de la presidencia, explicando para qué era utilizado el rancho Izaguirre y queriendo convencernos de lo mismo: no era un campo de exterminio. En lugar de informar, se busca mentir y manipular. Este caso ya representa la crisis más grave que ha enfrentado Claudia Sheinbaum como presidenta, y una de las crisis más severas del lopezobradorismo en el poder.

El horror de Teuchitlán no es un caso aislado; se multiplican los campos de “entrenamiento” de los delincuentes bajo la omisión gubernamental. Es uno de los resultados del fracaso histórico del Estado mexicano en brindarnos paz y seguridad. La tristemente célebre ocurrencia lopezobradorista “abrazos, no balazos” es el epitafio de la seguridad pública en México, frase convertida ya no en una consigna de paz, sino en el lema que describe la omisión del gobierno de López Obrador, de Morena como partido en el poder ante las acciones de la delincuencia organizada y el narcotráfico. Lo que vimos en el Rancho Izaguirre es el retrato de un Estado que ha sido omiso y en muchos casos hasta cómplice, brindando sombra y protección a la expansión de la actividad criminal. Ya no hablamos de casos aislados, de campos únicos y excepcionales, sino de una estructura sistemática de reclutamiento, capacitación criminal y asesinato de personas bajo la mirada permisiva o la complicidad de las autoridades.

En medio de esta guerra de relatos, hay voces e historias que el Estado se niega a escuchar: las de las madres buscadoras. Mujeres heroicas que, sin el más mínimo apoyo institucional de ningún nivel de gobierno, se dedican a buscar a sus hijas e hijos desaparecidos con una dignidad y una valentía que desarman cualquier ataque oficialista. Sí, parece un mal chiste, pero en México se ataca, persigue y acosa a las madres buscadoras, no a los delincuentes.

Una alumna de comunicación de la Ibero me compartió una anécdota devastadora. Al entrevistar a una madre buscadora para su investigación, le preguntó por qué utilizaban palos para sus búsquedas en descampados, terrenos baldíos y tiraderos. La respuesta fue brutal: después de introducir estos palos en la tierra, los huelen, para detectar si hay restos humanos. Así de atroz. Así de doloroso. Porque en México, para encontrar a tus desaparecidos, tienes que oler la muerte con tu propia nariz, buscando así en el olor de la muerte la presencia de tus hijos o hijas.

Las madres buscadoras no tienen empatía oficial, no tienen recursos, no tienen protección. Tienen, eso sí, todo el desprecio de un Estado y de una presidenta que prefiere recibir a influencers que a víctimas. Que prefiere el espectáculo narrativo antes que la verdad de las víctimas. Que prefiere silenciar a esas mujeres que no duermen, antes que acompañar su búsqueda con todo el poder del Estado mexicano.

En torno a #Teuchitlán, hay cinco grandes relatos que estructuran las narrativas de exterminio que hoy se manifiestan en México.

1. El descubrimiento del campo de exterminio

El primer relato es el hallazgo en el Rancho Izaguirre de crematorios clandestinos, prendas calcinadas, huesos humanos, hornos improvisados, zapatos, ropa y otros objetos personales. Todo eso que vimos con nuestros propios ojos, en los videos del Colectivo Guerreros Buscadores y que ahora el gobierno pretende que olvidemos. Lo que se encontró en Teuchitlán no fue una “casa de seguridad” ni un “centro de reclutamiento”. Fue un lugar de muerte. Un sitio donde personas fueron asesinadas y calcinadas. No hay otra forma de nombrarlo.

2. La complicidad y corrupción de autoridades

El segundo relato tiene que ver con las condiciones que permitieron que existiera un campo de exterminio en el Rancho Izaguirre. Estas operaciones no existen sin el permiso, el silencio o la complicidad de autoridades municipales, estatales y federales. No se instala un campo de exterminio en medio de la nada sin que nadie lo vea. ¿Dónde estaban los cuerpos policiacos? ¿Dónde los mecanismos de inteligencia del Estado? ¿Cómo se dejó crecer un brutal sistema de reclutamiento para la delincuencia organizada que hasta se anunciaba en redes sociales? La corrupción no sólo es omisión: es facilitación activa del horror.

3. La ineficiencia y negligencia en las investigaciones

El tercer relato es la respuesta institucional ante el descubrimiento del campo de exterminio. Ni la Fiscalía de Jalisco ni la Fiscalía General de la República han ofrecido una respuesta efectiva. Hay inconsistencias, contradicciones, opacidad y falta de resultados. El manoseo descuidado y revictimizante del “tour” para influencers y youtuberos organizado por el gobierno federal en el Rancho Izaguirre fue otra mega pifia. La investigación oficial está plagada de omisiones, errores y silencios sospechosos. Se encargaron de acabar con la credibilidad de cualquier investigación conducida por el gobierno.

4. Las desapariciones forzadas como crisis nacional

El cuarto relato crece en los días posteriores al descubrimiento de #Teuchitlán, cuando se va revelando la existencia de otros campos en México, descubiertos en los últimos años, pero sin el impacto de #Teuchitlán. Otros campos que hacen evidente que este no es un caso aislado. Es el reflejo de una tragedia nacional. México vive una crisis humanitaria brutal: fosas clandestinas, más de 125 mil personas desaparecidas, decenas de miles de familias quebradas. El caso Teuchitlán es un episodio más —uno especialmente brutal— de una serie de atrocidades que el Estado no ha querido frenar.

5. El intento de silenciar y desviar la atención

El último relato es indignante y tiene que ver con la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum y su gobierno. La reacción oficialista ha sido clara: controlar la narrativa, maquillar los hechos, minimizar la gravedad del asunto, negar que en #Teuchitlán encontraron un campo de exterminio y mandar a los propagandistas de Jesús Ramírez a decir que no pasó lo que todos vimos en los videos del Colectivo Guerreros Buscadores. Se intentó imponer una versión oficial que niega la evidencia. Esta estrategia narrativa pretende borrar el caso de la agenda pública lo antes posible. Apuestan al olvido y, desafortunadamente, tienen amplias posibilidades de ganar. El olvido y el silencio son parte de la estrategia de exterminio. No sólo se desaparece a las personas, también se desaparece la demanda de sus familiares, la voz de las madres buscadoras y la verdad.

Este caso también exhibe los rostros de la impunidad en el ciclo político morenista-lopezobradorista. Uno de ellos es el del fiscal Alejandro Gertz Manero, cuya gestión al frente de la Fiscalía General de la República ha sido una simulación constante. Un funcionario oscuro, más interesado en resolver sus pleitos familiares que en impartir justicia. Gertz no ha sido nunca un aliado de las víctimas, sino un gestor del pacto de impunidad con la delincuencia organizada. Tener a Gertz en la Fiscalía no sólo es una señal de la descomposición y retroceso institucional que ha traído el lopezobradorismo: es una declaración de principios. De principios equivocados.

Finalmente, reflexionemos sobre el papel que ha jugado en el escándalo #Teuchitlán la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Es responsable? Considero que sí. Porque ha seguido la misma estrategia de López Obrador, ha replicado las narrativas, la comunicación y la lógica de respuesta de su antecesor. Porque ha negado la crisis. Porque ha colocado el reclamo y la cobertura periodística del caso como un complot y ataque de conservadores o la derecha. Porque no ha mostrado ninguna empatía con las víctimas. Porque no ha recibido a las madres buscadoras. Porque sigue apostando por el control comunicacional de daños, las cortinas de humo, el acoso a medios y periodistas críticos de su gobierno, el cambio de ánimos y por exterminar #Teuchitlán de la agenda pública y de la memoria nacional.

* Claudio Flores Thomas (X / TT @ClaudioFloresT – IG @ClaudioFloresThomas) es #Polímata y narratólogo, investigador de mercados, consultor en comunicación, analista en diversos medios de comunicación, profesor del departamento de comunicación de la Ibero y productor de vino y mezcal.

Este texto es una adaptación de la colaboración semanal del autor, “Guerra de Narrativas”, en Radar 90.9 de Mario Campos del lunes 24 de marzo 2025.