De terror, Halloween y máscaras de Trump

blogeditor · 1 de noviembre de 2016

De terror, Halloween y máscaras de Trump

Imagínense algo más aterrador que Donald Trump en la Casa Blanca. Terrible cuasi parodia de tantas películas de la humanidad amenazada por un villano capaz de destruir el mundo. El peligro está ahí, a la vista de todos. Y para subir la tensión Hillary parece más la Dulce Polly que la Mujer Maravilla -ya no digamos Gatubela.

Súper Obama sí tiene cualidades y características nivel Marvel, pero en 2016 no está en la boleta. Aunque una aprobación presidencial entre el 50 y 54 % no está nada mal para brindar un manto protector invisible pero magnético a quien se perfila para continuar su legado.

Al seguir los medios y escuchar las conversaciones acá en los Estados Unidos estoy descubriendo una soterrada afición perversa por el misterio y el suspenso. En estos días de la globalización del morbo, es difícil imaginar una historia tan atractiva como la del suicidio colectivo del país más poderosos del mundo.

Es comprensible: la vida diurna de los estadounidenses se caracteriza por la búsqueda del orden, lo funcional, lo práctico, lo aburrido y sin sorpresas. Sin embargo, en ciertas noches aspiran a transfigurarse. No es gratuito que la celebración de Halloween sea tan importante en la psique estadounidense. Es la oportunidad del disfraz, de carnavalear, de ser otro aunque sea por un día.

Ahí viene Freddy Krueger amenazante caminando hacia nosotros. Volteamos a nuestro alrededor y vemos cómo millones de votantes estadounidenses se quedan pasmados ante la pantalla, como hipnotizados y a la vez estimulados por la adrenalina del terror. Los Trumpzombies se ciegan a la evidencia y empujan hacia escenarios apocalípticos.

Un King Kong anaranjado y con pelos de neón amenaza con destruir todo a su alrededor esgrimiendo la nostalgia de un mundo que ya no existe ni podrá existir. El escenario electoral se divide entre los espectadores que quieren que el monstruo venza y los que quieren que sea derrotado. Los modelos de análisis electoral que incorporan las más que abundantes encuestas de todos los colores y sabores prefiguran la derrota del gigante. Pero en la batalla final lo que importa es lo que hagan los ejércitos, quien movilice mejor inclinará la balanza a su favor. Hay que salir a votar para ganar.

Las películas de terror y suspenso tienen su mercado cautivo. Hoy todos los profesionales de la información noticiosa ven su relevancia en mantener la incertidumbre; el mismo Trump conocedor instintivo de las audiencias ha declarado que mantendrá en suspenso si acepta o no el veredicto de las urnas.

La ventaja de Hillary parece definitiva al esgrimir su escudo y barrera en Pensilvania y Colorado (hagan sus cuentas, puede perder Florida y seguir adelante) pero en los días de la lucha por la atención ni modo de que dejen de asustarnos y con ello a la vez alentar escenarios de un triunfo del villano. Muchos de estos comentarios están más guiados por la vocación de asustar con el petate del muerto que verdaderamente informar a sus audiencias.

Entrándole al jueguito y sin quedarme atrás de mis colegas comentócratas que afianzan su posición a partir de alimentar el nervio y la tensión, les comparto un dato aterrador: en las elecciones recientes la máscara de Halloween que más se vende ha sido un predictor infalible del triunfo en la elección presidencial. Y este año se han vendido muchas más máscaras de Trump que de Hillary[1]… !tómala!

La emoción que define la presente elección presidencial es el miedo. Si Obama construyó su proyecto político a partir de la audacia de la esperanza, Trump lo está haciendo a partir de la arrogancia del aplastamiento. Pero una cosa es disfrutar morbosamente el suspenso y otras es caer en las manos de la bestia.

 

@guidolara

 

 

[1] Nota al pie para tranquilizar a la banda. El dato anterior aplica para contiendas donde los dos candidatos eran hombres. Este año no se vendieron muchas máscaras de Hillary porque las mujeres juegan menos a asustar a la gente, les molesta verse feas o estar incomodas con un latex embarrado en la frente, y sobre todo entienden muy bien que con el futuro de la humanidad no se juega.