Terremoto en Colombia: una emergencia múltiple para la niñez

Joel Aguirre · 21 de agosto de 2026

Terremoto en Colombia: una emergencia múltiple para la niñez

Un terremoto no golpea en el vacío. La magnitud de un desastre puede medirse en la fuerza con la que se mueve la tierra, pero sus consecuencias también dependen de las condiciones en las que viven las personas y de los recursos con los que cuentan para enfrentar una emergencia.

El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia lo demuestra con claridad. El epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en Chocó, uno de los departamentos con mayores niveles de pobreza del país, donde las debilidades de infraestructura pueden agravar todavía más el impacto de un fenómeno de esta magnitud. La emergencia ya afecta a 13 departamentos y, hasta ahora, se reportan 314 personas fallecidas, 3,472 heridas y al menos 496 desaparecidas.

En una situación así, hablar de niñas, niños y adolescentes significa reconocer que una emergencia puede profundizar desigualdades que ya existían y generar nuevas barreras para ejercer derechos fundamentales. Por eso, una respuesta humanitaria centrada en la niñez debe preguntarse quiénes están en mayor riesgo y qué necesitan para recuperarse.

Antes de la catástrofe

Para una comunidad, las condiciones existentes antes de un desastre pueden determinar qué tan difícil será enfrentarlo. En las zonas afectadas, más de 45,000 viviendas resultaron dañadas y 11,789 fueron destruidas. También fueron afectados 1,813 centros educativos, 179 instalaciones de salud y al menos 527 centros comunitarios. Las comunicaciones y el suministro eléctrico se han interrumpido en algunas zonas, mientras que también se reportan afectaciones en el agua y la atención médica.

A esto se suma una dificultad que puede parecer logística, pero que tiene consecuencias directas sobre los derechos: llegar hasta las comunidades afectadas. Seis aeropuertos suspendieron operaciones y 73 carreteras resultaron afectadas, algunas por deslizamientos y otras por daños en puentes.

Una carretera bloqueada puede impedir que lleguen suministros y dejar a una familia aislada de servicios esenciales. Una escuela dañada puede significar la pérdida de rutinas, espacios seguros y vínculos importantes para niñas y niños. Un centro de salud fuera de funcionamiento, por su parte, puede dejar sin atención a quienes más la necesitan justo en el momento en que más la requieren.

Las primeras evaluaciones ya muestran que niñas, niños y familias necesitan agua potable, alimentos, artículos de higiene, refugio de emergencia y atención médica. Al mismo tiempo, cientos de escuelas han resultado afectadas y miles de niñas y niños necesitan espacios seguros, apoyo educativo y atención psicosocial.

Pero las necesidades no son idénticas para todas las personas

La destrucción de viviendas, escuelas e infraestructura comunitaria puede aumentar los riesgos de protección, particularmente para quienes se han separado de sus familias durante la emergencia. En esas circunstancias, niñas y niños pueden quedar más expuestos a violencia, abuso, negligencia o explotación.

Esto obliga a mirar la emergencia con otros ojos. Además de contar cuántas viviendas fueron destruidas o cuántas personas necesitan ayuda, debemos identificar quiénes enfrentan mayores riesgos dentro de las comunidades afectadas y qué medidas específicas pueden protegerlas.

Poner a la niñez en el centro significa precisamente eso: reconocer sus necesidades particulares y garantizar que la respuesta no reproduzca ni profundice las desigualdades que existían antes del terremoto.

En una emergencia, la velocidad es indispensable. Pero la rapidez tiene que ir acompañada de la capacidad de comprender el territorio y sus necesidades.

Save the Children ha iniciado evaluaciones para conocer el impacto específico en niñas, niños y familias y orientar la siguiente fase de la respuesta. Cuenta con equipos y organizaciones socias en las zonas afectadas y cercanas, además de suministros previamente posicionados, como kits de higiene.

La respuesta contempla atención primaria de salud, educación en emergencias, protección de la niñez y adolescencia, salud mental y apoyo psicosocial, nutrición, agua, saneamiento e higiene, así como asistencia monetaria y alimentaria.

Esta diversidad de acciones responde a una realidad sencilla: las necesidades de una niña o un niño durante una emergencia no pueden reducirse a una sola categoría de ayuda.

Necesitan protección frente a nuevos riesgos, pero también alimentos y agua. Necesitan atención médica, pero también apoyo para afrontar el impacto de lo ocurrido. Necesitan refugio, pero también oportunidades para continuar aprendiendo. Y necesitan que quienes toman decisiones puedan identificar esas necesidades con rapidez y adaptar la respuesta conforme cambie la situación.

La recuperación debe empezar pensando en la niñez

Hay una lección que las emergencias vuelven evidente: la capacidad de responder comienza mucho antes de que ocurra el desastre.

Nuestro equipo de Save the Children trabaja en Colombia desde 1985 y cuenta con oficinas de terreno en distintas regiones del país. Esa presencia previa, las alianzas con autoridades y organizaciones socias y el conocimiento de las comunidades permiten activar una respuesta con mayor rapidez cuando ocurre una emergencia.

Eso también explica la importancia de contar con recursos disponibles antes de que llegue una crisis. Para iniciar la respuesta al terremoto, destinamos 400,000 dólares de su Fondo de Emergencias para la Niñez, recursos que fueron desembolsados dentro de las primeras seis horas posteriores al terremoto. Poco más de un día después, los equipos comenzaron actividades de apoyo psicosocial y trabajaron con autoridades locales para establecer espacios seguros para niñas y niños.

Todavía es temprano para conocer la dimensión total de los daños. Las operaciones de búsqueda y rescate continúan, las cifras pueden aumentar y las condiciones de acceso siguen cambiando. Precisamente por eso, la respuesta debe mantener una mirada de largo plazo.

En el centro de la respuesta humanitaria

La recuperación de una comunidad va mucho más allá de cuántas viviendas vuelven a levantarse o cuántas carreteras son reparadas. También debe preguntarse qué ocurre con quienes habitan esos lugares y, especialmente, con niñas, niños y adolescentes.

¿Pueden volver a aprender? ¿Tienen acceso a servicios esenciales? ¿Están protegidos frente a nuevos riesgos? ¿Cuentan con apoyo para afrontar las consecuencias emocionales de la emergencia? ¿Las familias que han perdido sus viviendas tienen condiciones para recuperarse? Responder estas preguntas es ineludible, forma parte de la emergencia misma.

El terremoto que golpeó a Colombia nos recuerda que los desastres pueden ser impredecibles, pero que la forma en que afectan a las personas sí puede cambiar. Una respuesta centrada en derechos puede reconocer las desigualdades existentes, identificar a quienes enfrentan mayores riesgos y dirigir recursos y capacidades hacia donde más se necesitan.

Para Save the Children, esto significa una responsabilidad clara: trabajar para que niñas, niños y adolescentes permanezcan en el centro de la respuesta humanitaria, desde las primeras horas de una emergencia y durante el proceso de recuperación.

Porque proteger a la niñez empieza mucho antes de que ocurra un desastre: empieza con la preparación necesaria para que, cuando llegue, ningún niño o niña quede todavía más atrás.

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