blogeditor · 22 de febrero de 2014
Por: Odile Cortés
Todos podemos cambiar al mundo, en mayor o menos medida; todas nuestras acciones tienen un impacto y nuestra capacidad de hacerlo positivo y escalable es la que nos ayudará a cambiar al mundo.
Bajo esta premisa es que se han generado múltiples estudios sobre la medición del impacto social de nuestras acciones: como empresas, como ciudadanos, como gobiernos.
Todavía es un tema en debate, es difícil poner un número al bien que se hace. Sin embargo, tener metodologías confiables para medición del impacto social nos ayuda a entender cuánto podemos aportar a la sociedad y a hablar un lenguaje común.
Éstas son las premisas que se discutieron en el 2do Encuentro de Medición de Impacto organizado por Ashoka y patrocinado por Compartamos Banco.
El encuentro constó de pláticas y talleres impartidos por personajes provenientes de organizaciones reconocidas como CLEAR-CIDE, Estándares B, Project Concern International México A.C., Algo en Común, Meta Américas, Global ReportingInitiative y AdvocacyPlanning and EvaluationProgram.
El objetivo de este encuentro no fue únicamente informar a los participantes, en su mayoría de organizaciones civiles, sino llevarlos a reflexionar sobre el impacto de sus actividades actualmente a través de talleres donde se presentaron distintas metodologías.
Este tipo de foros son realmente relevantes en el contexto actual, donde las asociaciones prácticamente compiten en la búsqueda de fondos y donde ser capaz de medir la eficiencia y eficacia de sus proyectos puede ser la distinción entre conseguir el dinero o no.
No está en tela de juicio el origen positivo de las asociaciones y empresas sociales, pero no basta con saber que generan un bien, necesitamos saber cuánto bien generan, compararlo con otras y sobre todo, ver el panorama a largo plazo y buscar que en efecto, como lo dice Ashoka, estas asociaciones no sean solamente bienhechoras sino agentes de cambio.
[contextly_sidebar id=”2f56293cfa58f448abbb168a8cdaeebf”]Las metodologías presentadas tienen una base teórica necesaria pero no suficiente para ser las adecuadas. Lo que robustece el análisis es un esquema mixto de estudios cuantitativos y cualitativos. Una de las metodologías presentadas por Meta Americas es la bien conocida SROI, retorno de inversión social (por sus siglas en inglés) que está basada en supuestos financieros, donde se asigna a cada resultado de las intervenciones sociales un valor económico y a través del cual podemos saber si lo que se invirtió llevó a obtener ganancias sociales.
Otra de las metodologías está basada no en supuestos sino en hechos reales, Algo en Común es una calificadora de proyectos sociales y desarrolló una metodología robusta basada en evidencia empírica a través de cuestionarios a beneficiarios y no beneficiarios. Al final lo que se obtiene es una calificación que cubre tres ejes importantes que los proyectos sociales deben considerar: cobertura, calidad y replicabilidad. Sobre todo esta metodología nos permite evaluar la calidad en términos del cumplimiento de objetivos, de las externalidades que genera y de los efectos esperados.
Una de las metodologías presentadas de forma innovadora para las asociaciones fue la del Advocacy Planning and Evaluation Program del Instituto Aspen. Muchas asociaciones buscan generar cambios sociales que no son fácilmente medibles, no se trata solamente de cuántos trabajan sino de cómo ha cambiado la mentalidad de los empleadores respecto a contratar niños. Este tipo de labor está enfocada en la defensa de temas a veces intraducibles a números, como los derechos humanos, la defensa de los animales, etc. Por eso muchas veces las organizaciones que tienen estos fines no se plantean objetivos tangibles, no siempre puede lograr modificarse una ley, pero siempre se pueden tener objetivos con los cuales medir su desempeño.
El objetivo último de este tipo de encuentros es profesionalizar al tercer sector, ése que está compuesto de asociaciones de origen filantrópico, de proyectos sociales que buscan el desarrollo de comunidades y de temas como los derechos humanos. El tercer sector hasta ahora ha sido clave para el desarrollo en México, pero hasta ahora comienza a ser una labor profesionalizada, con indicadores y métricas similares a las de las empresas que puedan dar pauta para el fortalecimiento. Como mencionó Paula Hurtado, de Algo en Común, el ideal es que estas metodologías ayuden a las asociaciones a ser parte de un libre mercado, en el que existen fondos y donadores dispuestos a apoyar a causas y donde ya no es suficiente tener una buena causa sino demostrar que se está haciendo la mejor labor posible dentro de ella. Eso sólo se puede hacer teniendo una medición de impacto y Ashoka y las asociaciones que participaron en este encuentro están ayudando a generar las condiciones para que así sea.
* Alicia Odile Cortés Abascal es Directora de Proyectos en la consultora IntegraRSE, internacionalista del CIDE con un posgrado en Responsabilidad Social y miembro activo del tercer sector.