Las tensiones entre Ucrania y Estados Unidos

Joel Aguirre · 19 de octubre de 2026

Las tensiones entre Ucrania y Estados Unidos

La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una nueva etapa de incertidumbre, en la que las presiones sobre el gobierno en Kiev ya no provienen únicamente de Moscú, sino también de las crecientes tensiones con Washington. Aunque Estados Unidos continúa siendo un actor fundamental para la defensa ucraniana, las diferencias entre ambos gobiernos se han profundizado hasta poner en entredicho los términos de una cooperación que, desde la invasión rusa de febrero de 2022, ha sido indispensable para sostener la resistencia de Ucrania. Ello pone en duda la solidez de los compromisos estadounidenses con Ucrania, sobre todo frente al reciente acercamiento entre Washington y Moscú.

Actualmente vemos cómo la relación entre Washington y Kiev está pasando por una crisis, sobre todo en la medida en que los intereses de la Casa Blanca parecen alinearse más con el Kremlin que con Kiev, por lo que Ucrania considera que los intereses estadounidenses se alinean con Rusia y estan empujando a Kiev a capitular. En este sentido hemos visto cómo Estados Unidos utiliza su influencia económica, militar y tecnológica para condicionar las decisiones militares de Ucrania, incluso cuando esta presión por parte de Washington termina por afectar las capacidades de defensa ucranianas.

Uno de los principales puntos de fricción es la decisión de Trump de reabrir la puerta al comercio de combustibles rusos. El acuerdo para importar diésel procedente de Rusia responde al interés estadounidense por aumentar la oferta energética y contener los precios del combustible, a la par de que busca limitar las sanciones económicas contra Rusia como una medida para reactivar las negociaciones de paz. Sin embargo, la iniciativa contradice la estrategia occidental de limitar mediante sanciones los ingresos que permiten al Kremlin financiar su maquinaria militar.

La contradicción energética entre Washington, Kiev y Moscú

Para Kiev, en cambio, resulta difícil aceptar que Estados Unidos contribuya a sostener un mercado del que Rusia obtiene recursos para continuar el esfuerzo bélico; por lo que para sabotear dicha colaboración, que beneficiaría enormemente a Moscú, ha atacado la infraestructura energética rusa. La contradicción se vuelve más evidente cuando Washington atribuye parte de las presiones energéticas a los ataques ucranianos contra las refinerías rusas, pese a que la volatilidad de los precios internacionales de los combustibles responden en gran medida a la inestabilidad regional en Asia occidental y sobre todo a las interrupciones del tránsito petrolero por el estrecho de Hormuz.

Esta disputa refleja dos concepciones diferentes de la guerra. Ucrania ha convertido las refinerías, los depósitos de combustible y las terminales de exportación rusas en objetivos prioritarios porque busca reducir los ingresos de Moscú, interrumpir el abastecimiento de sus fuerzas armadas y elevar el costo económico de prolongar el conflicto. Ejemplo de esto ha sido el ataque contra la refinería de Riazán, el 15 de octubre, así como la decisión de Zelenski de reanudar las operaciones contra instalaciones petroleras rusas, especialmente la terminal petrolera de San Petersburgo con el objetivo de limitar las exportaciones de combustibles rusos.

Desde la perspectiva ucraniana, detener los ataques sería privar a Kiev de una ventaja estratégica y permitiría a Rusia conservar sus ingresos energéticos mientras continúa bombardeando ciudades y redes eléctricas. Para Estados Unidos, por el contrario, estas operaciones van en contra de sus intereses ya que pueden complicar las negociaciones, aumentar la incertidumbre en los mercados y dificultar su promesa de poner fin a la guerra, sobre todo frente a las próximas elecciones en noviembre.

Trump cuestiona el liderazgo de Zelenski y aumenta la presión sobre Kiev

En este contexto, la presión estadounidense también ha alcanzado directamente la continuidad política del gobierno en Kiev. Trump afirmó recientemente que Ucrania necesita un nuevo presidente. Más allá de la retórica, la declaración introduce una dimensión política en una relación ya marcada por la dependencia militar y tecnológica. Washington no solo busca influir en las decisiones operativas de Kiev, sino que ahora cuestiona públicamente a quien encabeza su gobierno. Y si bien las tensiones entre Trump y Zelenski no son nuevas, esto refuerza la incertidumbre sobre hasta qué punto Ucrania podrá defender sus propios objetivos estratégicos sin poner en riesgo el respaldo de su principal aliado.

Aunado a lo anterior, vale la pena mencionar que la vulnerabilidad ucraniana resulta todavía más evidente en el terreno tecnológico. Las restricciones a determinados usos de Starshield y Starlink han generado nuevas fricciones, pues las comunicaciones satelitales son fundamentales para coordinar drones, transmitir información y mantener enlaces operativos cuando las redes terrestres están dañadas. Zelenski ha denunciado dificultades para utilizar plenamente estas capacidades en operaciones contra drones rusos de alta velocidad, mientras Trump ha negado haber ordenado las restricciones, aunque algunas fuentes afirman que la orden vino desde la Casa Blanca.

Aunque es necesario distinguir entre la red comercial como Starlink y el sistema militar estadounidense Starshield, el problema estratégico es el mismo, pues Ucrania depende de infraestructura tecnológica sobre la que no tiene control soberano. Una modificación de las condiciones de servicio puede afectar sus operaciones militares sin necesidad de que Washington anuncie formalmente la suspensión de la ayuda. La dependencia tecnológica se convierte así en una forma de influencia que Estados Unidos puede ejercer.

La dependencia militar y de inteligencia que limita la capacidad de defensa de Ucrania

Esta dependencia se ejemplifica también con el hecho de que Ucrania se ha quedado sin misiles interceptores para sus sistemas Patriot, esenciales para derribar misiles balísticos rusos, lo que redujo su capacidad para proteger ciudades e infraestructura energética. La escasez evidencia que, pese a sus esfuerzos por ampliar sus capacidades militares, Kiev sigue dependiendo del suministro de armamento estadounidense cuya disponibilidad no controla. La dependencia ucraniana también alcanza el ámbito de la inteligencia. En octubre, la Casa Blanca habría amenazado con suspender el intercambio de información militar si Kiev continuaba atacando las refinerías rusas; posteriormente Ucrania denunció que no recibió advertencias de sus socios occidentales frente a una oleada de ataques en Kiev, aunque Zelenski afirmó posteriormente que la cooperación se había interrumpido temporalmente y luego se restableció.

Estos ejemplos, tanto en el control sobre la inteligencia estratégica como con los misiles y los sistemas de internet satelital, muestran distintas dimensiones de una misma dependencia; pues Ucrania depende de capacidades tecnológicas y militares que no puede sustituir fácilmente por medios propios o europeos; las cuales, como hemos visto, pueden ser limitadas si Kiev contraviene los intereses estadounidenses.

Aun en este contexto, Kiev ha buscado ampliar el alcance de sus operaciones para presionar a Rusia, como muestran los recientes ataques contra objetivos en San Petersburgo y contra la infraestructura de centros de datos rusos. La expansión de estas acciones aumenta la presión sobre Rusia, pero también eleva el riesgo de una escalada. Una ofensiva de gran escala contra Moscú u otras infraestructuras estratégicas podría provocar represalias más amplias por parte del Kremlin, que ha advertido reiteradamente contra ataques que considera amenazas a sus intereses fundamentales. Para Ucrania el dilema consiste en elevar el costo de la guerra para Rusia sin desencadenar una respuesta que profundice su propia vulnerabilidad

La UE busca respaldar a Ucrania, pero no puede reemplazar a EU

Ante la incertidumbre estadounidense, Ucrania busca reforzar su relación con la Unión Europea. Zelenski ha solicitado mas de 70,000 millones de euros para financiar la defensa y sostener el funcionamiento del Estado en 2027, pero las divisiones entre los gobiernos europeos dificultan la construcción de una alternativa completa a Washington. Hungría y Eslovaquia han expresado reservas frente a determinadas iniciativas de financiación y asistencia europea a Ucrania. En el fondo se debe matizar que la Unión Europea puede proporcionar recursos económicos y respaldo diplomático, pero no puede sustituir las capacidades estadounidenses de inteligencia, armamento y comunicaciones en caso de una ruptura entre Kiev y Washington.

La crisis revela, en definitiva, que la alianza entre Ucrania y Estados Unidos se ha convertido en una negociación permanente sobre los límites de la autonomía ucraniana. El interés inmediato de la Casa Blanca es amortiguar el precio del combustible frente a las elecciones de noviembre y conservar margen para negociar con el Kremlin. Al mismo tiempo, Kiev busca mantener la presión militar sobre Rusia y evitar que las concesiones occidentales deterioren su posición. Si Washington condiciona el suministro de armas, el intercambio de inteligencia y el acceso a sistemas de comunicación a sus propios intereses estratégicos, Kiev se enfrenta al dilema de preservar el respaldo de su principal aliado o mantener una estrategia de desgaste que considera esencial para su supervivencia.

La paradoja es que Ucrania necesita a Occidente para resistir la ofensiva rusa, mientras su capacidad para hacerlo depende cada vez más de decisiones políticas que escapan a su control. En este contexto el riesgo es que el acercamiento entre Washington y Moscú termine debilitando la confianza entre los propios aliados occidentales y que Ucrania, condicionada por los intereses estratégicos de quienes hasta ahora han sostenido su resistencia, quede relegada a un segundo plano mientras las otros deciden el rumbo de la guerra. En este sentido, Ucrania se encuentra en una posición complicada entre Washington y Moscú.♦ 

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