‘-Tengo novio, -¿Y qué? No soy celoso

Maricela Rosales · 10 de octubre de 2011

‘-Tengo novio, -¿Y qué? No soy celoso

 

Existen quienes dicen que los celos son el condimento fundamental del amor. Que si uno cela a su pareja es porque realmente la ama y teme perderla. Y puede ser que tengan razón…siempre y cuando los celos sean medidos y no se vuelvan enfermizos, porque si no se convierten en un arma de doble filo, y no solo corremos el riesgo de perder a nuestra pareja, si no que pueden derivar en un serio trastorno psicológico.

Por mi parte me autodefino como una persona carente de ese sentimiento, básicamente porque soy una mujer segura de mi misma…cof cof… bueno, la verdad es que además, desde que me inicie en los enredos amorosos, he sido víctima de ese monstruo llamado infidelidad. No es algo de lo cual me enorgullezca.

A partir del primer hombre de mi vida, todos, absolutamente todos, me han sido infieles. Entonces he naturalizado la situación y siendo sincera, no me parece lo más saludable, y aunque piensen que quiero disculparme, tengo que decirles que cuando alguien se acostumbra a una situación, la vive como algo completamente natural.

Sé que hasta ahora da la impresión de que tengo el asunto totalmente superado, ¡pero no les voy a mentir…!

¡Me revienta que me pongan los cuernos! de todos modos es algo que yo no puedo evitar y como no pienso martirizarme persiguiendo día tras día, sin parar, a mi amorcito, he diseñado un mecanismo de defensa que hasta ahora me ha dado buenos resultados: No me preocupo por lo que hace mi hombre con las demás. Me preocupo por lo que él hace conmigo; porque si no me corresponde, o me corresponde con una infidelidad, entonces no vale la pena perder tiempo, morirse de hambre y torturarse con la cera depilatoria, para que mi hombre todos los días eleve una plegaria al cielo en agradecimiento por haberme encontrado en su camino.

Les cuento que es una buena forma de no volverse loca, obviamente que esto va sumado al hecho de mi acostumbramiento al tema del “cuerno”. Así que, mujer, si no estas acostumbrada, si eres una de las pocas privilegiadas que vive en la dulce ignorancia, este consejo no es para ti, es solo para las que estamos unidas por la misma injusticia de la que hemos sido víctimas (Y victimarias, no nos hagamos las mosquitas muertas, porque todas sabemos que esas son las peores).

Según mi humilde opinión, son muchas cosas las que entran en juego cuando hablamos de los celos: la seguridad y el respeto por una misma, la confianza, las infidelidades anteriores, la posesión. En fin varios demonios que rondan por nuestra cabecita cada vez que nos enamoramos.

Para empezar es fundamental ser una persona segura, para no convertirse en una neurótica de los celos, si vas por la vida demostrando lo “buena, inteligente y linda” que eres, ¿Quién se atrevería, quién osaría serte infiel? Nadie, obvio…

Segundo: si tu amado es una persona honesta y leal ¿Por qué desconfiar de él si vuelve con el cuello de la camisa llena de lápiz labial, sin calzones y con el boletito del table en el bolsillo del pantalón sucio con cerveza? Siempre hay que preguntar antes de sacar conclusiones que pueden destruir nuestra pareja, ¡quien sabe lo que le pudo pasar al pobre que llegó un martes a las cinco de la mañana en semejante estado!

Tercero: si nunca nadie te ha sido infiel (o si nunca te has enterado que viene siendo lo mismo, y que es lo más seguro) ¿Por qué este hombre tiene que serte infiel? Si es un dulce: te regala flores, bombones, ositos sin ningún motivo, te llama cada dos horas para preguntarte a dónde estás y si tienes pensado ir a verlo, si cada vez que llegas por sorpresa sale presuroso a recibirte y te lleva a tomar un helado sin siquiera dejarte entrar a la casa, y encima dejando la puerta sin llave…

Lo que es muy cierto y hay que tener bien presente es que nadie le pertenece a nadie, que nada te asegura que alguien te va a amar el resto de tus días. ¿O es que acaso piensas que porque alguien firmo una libretita contigo al frente de un empleado del Registro Civil, se vistió de esmoquin y gasto una cuantiosa suma de vil metal en una fiesta, esa persona dejo de carecer de todas las pulsiones humanas, que su libido solo se despierta cuando llega a casa y te ve mal peinada, los labios llenos de cera y con el más anti-sexy pijama? Mmm: tengo la obligación de decirte que a los hombres siempre les gustan los modelos nuevos, cromados, de un rodado menor, con airbag incluido, así que trata de hacerte un alineado y balanceado por lo menos una vez al año, porque si no vas a ir a parar al deshuesadero.

Igual va si solo son novios ¿ehh?

Ponte tú en su lugar: llegas a tu casa, muerta de trabajar como una esclava todo el santo día, con la imagen de jóvenes musculosos clavadas en tus pupilas, esos que circundan tu lugar de trabajo, y te encuentras con tu amorcito: desparramado frente a la tele, eructando cerveza y con la camiseta grisácea de mugre decorada con un lindo agujero en el prominente abdomen que ha cultivado gracias a las carnitas y a la chela que se come con la pandilla, que él se empeña en llamar “los cuates”…No, no es tan sexy ¿verdad? No ves la hora de acariciar los tríceps de los muchachotes que observas cuando vas a trabajar.

Pero tú eres una mujer decente ¿?.

Y no le vas a ser infiel a tu hombre.

Ahora… ¿Tú piensas que él es tan decente como tú? Fíjate y después me cuentas…

Hasta la próxima y feliz semana.