blogeditor · 5 de septiembre de 2011
Con esa patética insistencia del borrachín famoso de YouTube escribo el presente aporte, y es que tal expresión se emite de manera recurrente al prever lo que nos espera en el proceso electoral federal de 2012.
Como es tradición en las últimas décadas, la conclusión del quinto informe de gobierno marca el banderazo de salida para las cargadas, estampidas, amarres, conectes, galopes, patadas, codazos y piquetes de ojos rumbo a la Presidencia y cargos colaterales. Si mucho de esto ya había comenzado meses antes, espérense a ver lo que viene.
“Tengo miedo…” por lo que serán las cientos de campañas, con sus convenciones, congresos y giras, con sus caravanas y sus mítines; por los miles y miles de metros de bardas, mantas, carteleras, pasacalles y gallardetes que “decorarán” pueblos y ciudades;
“Tengo miedo…” por los millones de hojas volantes (especie ya en franco desuso), folletos, trípticos, posters que se imprimirán; por los millones y millones de camisetas, gorras, bolsas, pañuelos, mascadas, bufandas, balones y juguetes, sombrillas, plumas y lápices, encendedores, gomas de borrar, reglas, vasos, tortilleros y cubetas que se regalarán (todos bien útiles y comprados con recursos públicos).
“Tengo miedo…” por la invasión de las cuentas “zombis” de Twitter, los perfiles falsos en FaceBook, los “me gusta” con tarifario; los banners publicitarios en todos los sitios de internet, o los millones de correos basura electoral que circularán por el ciberespacio; por los otros tantos millones de llamadas telefónicas no solicitadas, mensajes de texto y “correos directos” que pasarán del buzón al basurero. (Tip: ponga un basurero abajo del buzón y ahórrese el trabajo)
“Tengo miedo…” por la guerra de descalificaciones, acusaciones, video-escándalos, propaganda negra, gris, cafecita, pinta y colorada que surcará el 2012 en todas direcciones como si de obuses y morteros se tratara en un campo de batalla. En este caso la reforma electoral de 2007 prohíbe dicha propaganda, lo cual no será impedimento: simplemente constituye un reto adicional para los creativos, o para el cinismo de partidos y candidatos.
“Tengo miedo…” por las muchas empresas y despachos de consultoría, war-rooms, de estrategia, “marketing político”, estudios de mercado, encuestas y levantamientos, grupos de enfoque, comunicación, relaciones públicas, de imagen, monitoreo (también), gestores de crisis y cabildeo; las cuales junto con los otros tantos asesores, consejeros, facilitadores, especialistas, “coaches” y “trainers”, merolicos, vividores, chichifos y demás fauna relacionada han comenzado ya a disputarse los muy abultados presupuestos de partidos y candidatos, aún cuando éstos todavía no se reciben.
“Tengo miedo…” Por las decenas, cientos de millones de pesos que, de los recursos públicos, pasarán por los partidos para ser entregados directamente, de manera legal y sin mucho trámite a toda suerte de activistas, promotores, seguidores, facilitadores, coordinadores, y en pocos casos a los votantes por el eufemístico concepto de “Reconocimientos por Actividades Políticas” que en mi pueblo tienen otro nombre.
“Tengo miedo…” por las ingentes cantidades económicas que radiodifusoras y televisoras recibirán en esta campaña. Ello es totalmente ilegal, pero en los últimos años todas, o casi todas, han aprendido como darle la vuelta a la cuestionable ley electoral para cobrar bien y bonito todo tipo de servicios que si bien no son tiempo aire, al final son propaganda de los más diversos tipos. Entrevistas, comentarios, apariciones incidentales, novelas, reportajes, convenios, intercambios, concursos, bailes y recetas de cocina; imágenes cuidadas (o descuidadas) y de plano toda la cobertura informativa a disposición del mejor postor. Ominosa prueba de ello es que ya pocos voceros de los medios electrónicos se quejan de las imposiciones de la ley, -o lo hacen con menor intensidad- cuando ésta no ha cambiado un ápice desde que la industria en pleno clamaba su desgracia hace pocos años. Como toda ley injusta e imposible de fiscalizar, se ha dado pie a la simulación, al ocultamiento y al cinismo.
“Tengo miedo…” de la “espotiza”. 40 millones de spots –o los que quiera el IFE que sean-, transmitidos mañana, tarde y noche en versiones que, por más esfuerzos que se hagan para mantenerlas actualizadas constituirán en su conjunto el más grande caso de ruido comunicacional que los medios electrónicos de un país moderno hayan sufrido en toda la historia –descontando desde luego los regímenes comunistas-. Y es que aún bien aplicada la ley, y funcionando los procedimientos para actualizar las versiones de dichos spots, las audiencias mexicanas se enfrentarán a una intensidad de impactos sobre un tema recurrente de una magnitud tal, que aún tratándose de la mejor producción y calidad posible (cosa para la cual tampoco tengo ilusiones) la sola densidad; es decir la repetición machacante de uno, y otro y otro spot todo el tiempo, todos los días, causará en las audiencias el efecto opuesto al deseado: un rechazo a todo lo que tenga que ver con elecciones y candidatos. Ya nos pasó en 2006, 2009 y nos pasa en menor medida con las diferentes campañas que instituciones del poder ejecutivo o legislativo han colocado bajo este esquema, y que no han logrado más que las audiencias “alucinen” los spots, a los actores o locutores que los hicieron, y de pasada a las instituciones que los emitieron. Partidos y candidatos saben desde ahora que el esquema de spots que la ley los hará poco útiles para incidir en el electorado y probablemente veremos y escucharemos en 2012 muchas versiones de spots anodinos, insulsos y carentes de interés. Espero equivocarme.
“Tengo miedo…” finalmente, de que los temores anteriores se hagan realidad en 2012 y la gente termine por cuestionarse si eso de los procesos electorales no resulte demasiado costoso, demasiado cansado, demasiado chocante, y el nuevo presidente de la república sea elegido por una raquítica minoría.