Tener hijos en México se volvió un lujo

Joel Aguirre · 8 de octubre de 2026

Tener hijos en México se volvió un lujo

Por Agueda Ale Valdés*

México tiene cada vez menos niñas y niños. De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), en el año 2000 una mujer tenía en promedio 2.85 hijos a lo largo de su vida, y en 2010, 2.37. Hoy la caída se aceleró: según la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI, la tasa de fecundidad pasó a 1.9 hijos.

La Ciudad de México ocupa el primer lugar en esta caída: tiene la tasa de fecundidad más baja del país, con apenas 0.8 hijos por mujer, y también la población más envejecida, con una edad mediana de 37 años. En el extremo opuesto está Chiapas, con 1.8. Resulta paradójico que la capital, que concentra oportunidades, servicios y universidades, sea justamente donde menos se decide tener hijos. 

Detrás de estos números hay dos problemas de fondo. El primero es la falta de corresponsabilidad en el cuidado: la crianza sigue recayendo casi por completo en las mujeres, sin apoyo suficiente del Estado, de las empresas ni de los hombres. El segundo es la incertidumbre económica: salarios bajos, empleo informal y una vivienda cada vez más inalcanzable hacen que formar una familia parezca un riesgo que muchos jóvenes no pueden correr.

Ante estos datos, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió al INEGI y a la Agencia de Transformación Digital un análisis con información desagregada para entender qué está pasando con las personas jóvenes que deciden no tener hijos o tener solo uno. Es bueno que se quiera estudiar el fenómeno. Pero las razones no son un misterio. Basta con escuchar a las mujeres y a los jóvenes de este país.

La crisis del cuidado sí existe

Hace unos meses, un legislador de la Ciudad de México afirmó que la crisis del cuidado no era real. Los números lo desmienten, y de manera especial en la entidad que él representa, la que hoy tiene la fecundidad más baja del país.

En México, cuidar tiene rostro de mujer y no tiene sueldo. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 del INEGI, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, contra 18.2 horas de los hombres: una brecha de 21.5 horas, casi tres jornadas laborales. En el cuidado de niñas y niños pequeños la diferencia es todavía más clara: considerando el tiempo de supervisión, ellas dedican 33.4 horas semanales al cuidado de menores de 0 a 5 años; ellos, 14.8.

Esta carga tiene consecuencias directas. Según una presentación de Galia Borja, subgobernadora del Banco de México, elaborada con datos del INEGI, 70 % de las mujeres que no participan en la economía señalan los quehaceres domésticos como la razón de su inactividad. Y quienes sí trabajan no la tienen fácil: 60 % de las trabajadoras carece de afiliación al Seguro Social o acceso a salud por la vía laboral.

¿Qué mujer joven va a decidir con ligereza tener un hijo si sabe que eso puede significar dejar su empleo, frenar su carrera o cargar sola con la crianza? No faltan ganas de formar familia; falta quién comparta la carga.

Corresponsabilidad: cuidar no es asunto solo de las mujeres

Aquí está el centro del problema. En México seguimos organizando el cuidado como si fuera una tarea natural y privada de las mujeres. Los datos lo muestran con crudeza: según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados 2022 del INEGI, 96 % de las personas cuidadoras principales de niñas y niños de 0 a 5 años son mujeres; solo 4 % son hombres. Pero el cuidado no debería recaer en una sola persona ni en un solo género. Es una responsabilidad que debe repartirse entre el Estado, las empresas, la comunidad y las familias, y dentro de las familias, entre hombres y mujeres por igual. Eso es la corresponsabilidad.

La ley misma reproduce la desigualdad. La Ley Federal del Trabajo otorga a los padres únicamente cinco días laborables con goce de sueldo por el nacimiento o adopción de un hijo, y ese costo recae por completo en las empresas, mientras que la licencia de maternidad contempla 12 semanas cubiertas por la seguridad social. El mensaje es claro: el cuidado es cosa de mamá. Y para las empresas, el resultado es perverso: contratar a una mujer en edad reproductiva se percibe como un riesgo. 

Lo más revelador es que los hombres también quieren cambiar esto. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo encontró que 68.2 % de los hombres y 62.4 % de las mujeres quisieran dedicar más tiempo al cuidado de personas en su hogar. No es falta de voluntad de los padres: es un sistema laboral que no les da tiempo para ejercer la paternidad.

La corresponsabilidad exige que cada actor asuma su parte. Al Estado le toca construir guarderías, estancias infantiles, escuelas de tiempo completo y centros de día para personas mayores. A las empresas, horarios flexibles, espacios de lactancia y una cultura que deje de ver el embarazo como un problema. A los hombres, asumir la crianza como propia y no como una “ayuda”. Mientras el cuidado siga recayendo solo en las mujeres, tener hijos seguirá siendo, para muchas, una renuncia.

Invertir en cuidados es, al mismo tiempo, política de igualdad, política de natalidad y política económica.

Una economía que no alcanza para formar una familia

El segundo factor es igual de claro: la economía no da. El PIB de México creció apenas 0.8 % en 2025, sumando cuatro años de desaceleración y dos años por debajo de su capacidad media. Peor aún, el PIB per cápita se encuentra en niveles de 2017. Es decir, en promedio, los mexicanos no somos más prósperos que hace casi una década, mientras que la vida sí se ha encarecido.

Para los jóvenes, el panorama es todavía más duro. Según el INEGI, la informalidad laboral entre las personas de 15 a 29 años llega a 58.8 %, por encima del 54.3 % de la población general. Casi seis de cada diez jóvenes que trabajan lo hacen sin seguridad social, sin prestaciones y sin acceso a crédito. Con ese piso, planear una familia se vuelve un acto de fe. Y la desigualdad también aquí tiene rostro de mujer: entre las jóvenes que no trabajan ni buscan trabajo, 42.7 % se dedica a los quehaceres domésticos; entre los hombres, solo 8.2 %.

Y luego está la vivienda. Un hogar propio solía ser el primer paso para tener hijos. Hoy es un sueño lejano. El propio Programa Institucional de la Conavi reconoce que solo 38.7 % de los hogares tiene el ingreso necesario para comprar una vivienda y que la mayoría de la población queda excluida del mercado formal. Mientras tanto, los precios siguen subiendo: de acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal, en el primer semestre de 2026 una vivienda con crédito hipotecario costaba en promedio 1 millón 960,032 pesos, y su valor creció 7.3 % en un año, más del doble que la inflación, que fue de 3.4 %, con una tasa hipotecaria promedio de 11.42 %.

No es que los jóvenes “prefieran los viajes a los hijos”, como repiten algunos. Es que no hay dónde criarlos ni con qué sostenerlos.

Lo que se necesita no es otro estudio, es voluntad

Bienvenido el análisis que pidió la presidenta. Pero el diagnóstico ya está sobre la mesa: una carga de cuidados que recae casi por completo en las mujeres; un Estado que no ha construido la infraestructura para compartirla; leyes laborales que les niegan a los padres el tiempo para cuidar; empresas que todavía ven la maternidad como un costo; y una economía estancada que le cierra a los jóvenes la puerta de la vivienda y la estabilidad.

Que la Ciudad de México encabece la caída de la natalidad debería bastar para que nadie, empezando por sus propios legisladores, vuelva a negar la crisis del cuidado.

La baja natalidad no se resolverá con campañas que les digan a las parejas que tengan más hijos. Se resolverá cuando tener un hijo no signifique renunciar al trabajo, a la salud económica ni a un techo propio. Eso exige un Sistema Nacional de Cuidados con presupuesto real, licencias de paternidad dignas y pagadas por la seguridad social, empresas corresponsables y un modelo económico que vuelva a crecer, entendiendo que invertir en cuidados es también invertir en crecimiento.

Las mujeres y los jóvenes de México no están rechazando la familia. Están respondiendo, con toda lógica, a un país que todavía no ha decidido compartir la tarea de cuidarla y que tiene incertidumbre económica.♦ 

*Agueda Ale Valdés es integrante de la Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y Trabajo Propio de las Mujeres. Es egresada de la Licenciatura de Ciencia Política por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y maestra en Responsabilidad Social por la Universidad Anáhuac del Norte y en Políticas Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Su experiencia se ha enfocado en las áreas de responsabilidad social, igualdad de género y justicia social.

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