Redacción Animal Político · 19 de junio de 2025
En México, enfermarse aún representa un desafío complejo. Acceder a atención médica especializada no siempre es un derecho garantizado, sino un proceso con obstáculos. Millones de personas viven con enfermedades crónicas que requieren atención continua y, según el INEGI, estas se han convertido en la principal causa de muerte en los últimos años. Uno de los factores clave detrás de esta realidad es la dificultad para contar con atención médica oportuna por parte de especialistas.
Esta situación responde, en buena medida, a deficiencias estructurales acumuladas a lo largo del tiempo, que han limitado la capacidad del sistema de salud de México para responder de forma equitativa. En 2025, la inversión pública en salud representó el 2.5 % del PIB, lo que equivale al 41.7 % del mínimo recomendado por la Organización Panamericana de la Salud. A esto se suma la escasez de personal médico. Según datos de la OCDE, en 2021 México contaba con solo 2.5 médicos por cada mil habitantes, cifra que se mantiene por debajo del promedio de 3.5 y con una distribución desigual que favorece las zonas urbanas.
La brecha también se refleja en el acceso a especialistas. Sin un diagnóstico a tiempo, aumentan las complicaciones y los riesgos. De acuerdo con cifras de 2023 del Sistema de Información de la Secretaría de Salud, mientras que en Nuevo León el 83.5 % del personal tiene formación especializada, en estados como Oaxaca o Chiapas más de la mitad solo cuenta con formación general. Para los más de 23 millones de personas que viven en zonas rurales, la posibilidad de ver a un especialista es aún más limitada.
La conectividad digital está transformando la atención médica. Sin grandes reformas ni hospitales nuevos o mayor número de especialistas, la telemedicina se perfila como una alternativa viable para responder a la creciente demanda de atención especializada. Lo que hace poco parecía un recurso futurista, hoy es una herramienta en expansión.
Desde 2018, el ISSSTE ha implementado un modelo que permite ofrecer consultas digitales en 15 especialidades y subespecialidades, con beneficios como la reducción de traslados, diagnósticos más oportunos y ahorros que superan los 73 millones de pesos anuales. Para 2021, el 30 % de las consultas de especialidad en la institución ya se realizaban a distancia.
Este impulso se aceleró entre 2022 y 2023. Según la Asociación HealthTech México, la salud digital creció más de 300 %. Hoy, endocrinólogos monitorean remotamente a personas con diabetes; psiquiatras dan seguimiento sin que el paciente tenga que salir de casa, y cardiólogos urbanos detectan eventos agudos en tiempo real desde centros comunitarios. Incluso una imagen es suficiente para orientar diagnósticos dermatológicos o hacer tamizajes de retinopatía en comunidades sin cobertura oftalmológica.
La experiencia internacional también aporta evidencia. En Brasil, la telemedicina se ha empleado para atender emergencias neurológicas, mejorar la salud materno-infantil, y brindar telegeriatría continua. Colombia destinó 1.3 millones de dólares a garantizar la conectividad de centros de salud y avanzar en la integración de servicios médicos a distancia en regiones remotas. La clave fue entender que sin conexión, no hay acceso real a la salud.
Estos avances coexisten con otro reto fundamental: la informalidad laboral. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2025, el 54.4 % de la población ocupada trabaja en condiciones informales, lo que significa que no cuenta con seguridad social ni con acceso garantizado a servicios públicos de salud. En las zonas menos urbanizadas, esta cifra se eleva al 67.8 %. Para millones de personas, no tener un empleo formal equivale a no tener atención médica.
Una propuesta concreta es establecer nodos comunitarios de atención médica digital en clínicas rurales, equipados con señal satelital, dispositivos básicos y personal capacitado. Este modelo ya ha sido exitoso en otras regiones remotas de América Latina. En centros de salud sin médicos, estos nodos permiten establecer contacto directo con especialistas a distancia. Con voluntad política, no es una utopía: es una posibilidad real.
Además de ampliar el acceso, la telemedicina contribuye a reducir los tiempos de espera, evitar traslados y prevenir hospitalizaciones innecesarias. Para las familias, esto se traduce en ahorro de tiempo, menores gastos de transporte y menos ausencias laborales.
Impulsar esta tecnología, sin idealizarla, parece ser el camino. En las ciudades, la telemedicina puede representar comodidad. En las comunidades rurales, puede marcar la diferencia entre recibir atención o padecer las consecuencias. En un país donde la salud es una batalla contra la geografía, la telemedicina ya no es promesa: es un derecho urgente.
* Abel E. Zavala es especialista de la Comisión Americana de Salud y Bienestar de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (@CISS_org). Es químico farmacólogo, maestro en salud pública y doctor en ciencias de la salud con mención en epidemiología. Ha escrito artículos científicos en revistas especializadas, así como publicaciones en formato de capítulo y libro centradas en el análisis y la reflexión sobre temas de salud desde enfoques epidemiológicos, clínicos, biomédicos y de seguridad social.