Tejer incluso sin el tacto

blogeditor · 30 de agosto de 2021

Tejer incluso sin el tacto

Varios eventos de la semana pasada me generaron muchas inquietudes acerca de los procesos de lucha a favor de los derechos. Por un lado, el reto de mantener la movilización cuando las actividades presenciales –las cuales han sido centrales en la historia del activismo- se ven limitadas. Por otro, las dificultades para mantener redes de lucha de forma permanente que sobrevivan a victorias puntuales. Algunas ideas todavía me transitan sin forma, pero comparto los bosquejos de conclusiones a los que he llegado hasta ahora.

La pandemia nos secuestró las calles. Si de por sí las ciudades ya nos domesticaban para un individualismo contrainstintivo, la contingencia nos restringió el uso del espacio público en el cual solíamos reconciliarnos con nuestro ser colectivo. Con marzo de 2020 se silenció el Zócalo de Ciudad de México, así como la Macroplaza de Monterrey, la Plaza Grande de Mérida y otros puntos de nuestras ciudades que días antes rebosaban de mujeres arrebatando el derecho a vivir. Aún me entra un nostálgico coraje al recordarlo. En estos años han sobrado los motivos para marchar, pero también han sido los más complicados para hacerlo.

Si bien este contexto no ha impedido del todo que se realicen marchas, sí nos ha confrontado: el tejido de redes para las causas requiere nutrirse incluso cuando no son posibles esos episodios de multitudes con pancartas, gritos y esperanzas. No estoy diciendo ninguna novedad frente a la cual no existan ejemplos como el del Colectivo Tres Barrios de Campeche en contra de los desalojos que hubiese producido el Tren Maya, y el movimiento de la comunidad LGBT+ para lograr el reconocimiento del matrimonio igualitario en Yucatán. La semana pasada el Gobierno Federal anunció que el trazo del megaproyecto turístico sería trasladado a las afueras de la capital campechana, lo que significa que más de 300 familias permanecerán en sus barrios. Al día siguiente, el Congreso de Yucatán, presionado por la cercanía de una inminente orden por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, decidió reconocer la protección legal a las parejas del mismo sexo.

Ambos procesos lograron adaptarse a la difícil circunstancia que obstaculiza ya no solo realizar protestas públicas sino incluso reuniones de planeación y de actividades presenciales de difusión. La existencia de redes previas a la pandemia fue un factor determinante en ambos procesos –así como en muchos otros del país- para que la urgencia sanitaria no implique el silencio de otras paralelas.

Por supuesto que esto lo escribo desde la ingenua sorpresa de quienes hemos nacido y crecido en zonas urbanas. El hacer comunidad nos parece una posibilidad ajena y excepcional entre fraccionamientos bardeados, automóviles y el anonimato de las personas que nos rodean en el día a día. Ese remplazo de la individualidad por el individualismo ha sido muy conveniente para que muchas de las cosas que nos afectan permanezcan como están. La protección de los derechos depende en gran medida de resistir a esa tendencia enajenadora.

El Colectivo Tres Barrios se formó hace dos años a partir de redes prexistentes que permanecen vigentes tras la victoria. Pero el reto que enfrentan movimientos como el LGBT+ en Yucatán será conservarla ahora que al fin se ha aprobado el matrimonio igualitario. El vínculo que unía en comunidad no puede depender de cambios legislativos pendientes. Creo que su siguiente gran batalla será esa. Confío en que también se ganará, por difícil que sea.

@kalycho