blogeditor · 7 de septiembre de 2022
Hace unas semanas se anunció un seminario sobre tauromaquia dentro de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
¿Por qué debería importarnos que una de las universidades más importantes de nuestro país decida aliarse con el centro de estudios taurinos de México? ¿Acaso es algo malo explorar una actividad cultural dentro de un recinto universitario? Se dice que las universidades deben estar abiertas a toda clase de pensamiento, dar cabida a la libertad de expresión y sus productos culturales, así como al debate entre las diversas posturas; sin embargo, a muchas personas nos ha parecido que los recintos universitarios no son lugar para difundir actividades que consisten en dañar y matar a otros de forma deliberada (aunque se haga de manera artística y vistosa).
El tema del primer foro era el derecho a la cultura como un derecho humano; y aquí habría que aclarar cómo se les ha clasificado. El esparcimiento y acceso a la cultura se consideran derechos de segunda generación, junto con el derecho a la atención a la salud, a la educación y al trabajo, entre otros, que en general consisten en condiciones indispensables para tener una vida sana, con los medios necesarios para sobrevivir seguros y progresar mental y emocionalmente, por lo que no sólo deben respetarse, sino protegerse. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que: “ninguna práctica que suponga el maltrato y el sufrimiento innecesario de los animales puede considerarse una expresión cultural amparada por la Constitución”. Más aún, la UNESCO ha rechazado considerar tales eventos como patrimonio inmaterial de la humanidad. Por tanto, el argumento del derecho a la cultura no sólo no se sostiene, sino que va en contra de lo que instituciones nacionales e internacionales han considerado aceptable y digno de protección.
En el segundo tema se hablaría sobre el toreo como un arte pedagógico para los menores, es decir, una teoría de cómo guiar a los infantes para desarrollarse adecuadamente. Algo que quizá olvidan quienes auspician estos seminarios es que existe un derecho a una infancia libre de violencia, y exponer a menores a eventos que involucran la tortura deliberada hacia animales sintientes como los toros, así como équidos y humanos en riesgo de resultar heridos por el toro que lucha por su vida, no puede ser parte de una pedagogía sana en la infancia ni en ninguna otra edad. La tauromaquia no enseña a las niñas y niños a saber que existe la muerte, sino a concebir a los animales como seres inferiores que están a nuestro servicio, cuyas vidas son desechables, inculcándoles que no sienten (idea mecanicista del siglo XVII) y por lo eso se les puede lastimar y matar para nuestro disfrute.
Peor aún es cuando no sólo se les hace espectadores, sino actores de la violencia al darles clases desde pequeños para aprender a herir y matar lenta y dolorosamente con instrumentos punzocortantes a otros seres sin que esto sea necesario, ya que no se hace en defensa propia. Las niñas y los niños son instruidos para quitar la vida a otros sin justificación y sin remordimientos. Se les enseña a ignorar el dolor y el sufrimiento en toros, caballos y hasta humanos porque, según los taurinos, las lesiones en todos éstos están justificadas en favor del espectáculo y del negocio; hay vidas que no tienen más valor que el económico. Los menores saldrán de la plaza e irán por un helado para olvidar todo, porque la lección es la poca dignidad y valor de la vida en favor de un entretenimiento fugaz y un negocio cada vez más débil.
El tercer punto trata sobre el bienestar del toro de lidia. Buscando distraernos y alejarnos del maltrato y tortura que se les inflige a estos vacunos en el ruedo, se insiste en enfatizar en que “viven como reyes”, pero eso ¿cómo justifica que sean torturados en un espectáculo público? Los aficionados también se defienden diciendo que, de todos los animales de una ganadería, muy pocos mueren en las plazas, pero ¿y los demás, viven hasta la vejez? Obviamente no. Y nos referimos a los vacunos en plural, sin especificar sexo ni edad, pues los toros que se ven en las corridas no son los únicos afectados: también lo son las vaquillas con quienes se realizan las tientas y los becerros con quienes practican los futuros toreros o que son matados en las becerradas.
¿De qué nivel de bienestar o a qué animales se refieren cuando hablan del bienestar en el ganado de lidia? Justificar el daño físico, el miedo provocado y la muerte lenta en el ruedo, bajo el argumento de que las víctimas viven como reyes y se les da una muerte “honrosa” —según los taurinos—, sería “humanizarlos”, como si los toros se dijeran: “No importa que ahora vaya a morir, me la pasé muy bien en la ganadería y esta muerte es más digna que en el rastro donde no hay música ni público”, eso sí es humanizarlos.
Se les trata bien en la ganadería para maltratarlos después. No se los toca para que los humanos sean para ellos algo desconocido que siempre está lejos, y entonces, cuando traspasen la zona de fuga, se defiendan al sentirse amenazados. Se los trata bien y se los cuida para que el animal resulte atractivo, se los trata bien para poder decirse amantes y protectores de los mismos animales que violentan.
El cuarto tema es la vigencia de la tauromaquia. No se debe defender la permanencia de una actividad que va en contra del progreso ético y cultural de una sociedad; por el contrario, pugnar por mantener tradiciones violentas para el gusto y diversión de unas cuantas personas es una actitud retrógrada. Las universidades son centros de cultura, educación y progreso humanístico, por lo que no puede haber otro veredicto que la de no permitir este tipo de actos. En ocasiones, quienes defienden las corridas de toros preguntan por qué no asisten a los foros de debate académicos universitarios serios para hablar en favor de la tauromaquia; la respuesta es porque simplemente la gran mayoría de ellos no está de acuerdo con esta actividad, y quienes la apoyan suelen tener conflicto de interés porque trabajan para una ganadería o en las plazas de toros.
El tema del quinto foro era sobre el manejo quirúrgico de heridas por cuerno de toro en caballos. En efecto, los toros y los toreros no son los únicos lastimados dentro de las corridas; los caballos también son expuestos, recibiendo numerosos ataques que incluso llegan a ser fatales. El tratamiento de traumatismos es parte de la Medicina de caballos y siempre es importante actualizarse; el dilema ético surge al utilizar los conocimientos médicos con la intención de apoyar eventos violentos o hasta de justificarlos por permitir el avance de la ciencia (olvidándose de los Juicios de Nuremberg). Sería como justificar conflictos armados gracias a los avances en Biomedicina humana.
La fiesta de los toros como una expresión popular en México (el último tema) va perdiendo cada vez más apoyo de la sociedad, al reconocerse como un vestigio colonial que, lejos de engrandecernos, nos llena de vergüenza como país y como humanidad. Las universidades tienen el deber de ser centros de estudio, investigación, cultura e inspiración que apoyen el avance de la sociedad a partir del desarrollo de conocimiento, sabiduría y virtudes por el bien común. Defender a la tauromaquia es defender la crueldad, la falta de empatía y la ignorancia que se esconden glamorosamente bajo un traje de luces.
La UAM, como otras universidades en México, es una institución llena de mentes brillantes y destacados profesionales e investigadores. Avalar o albergar este tipo de eventos es manchar aquello que representa como centro de saber y cultura, es decirnos que los argumentos lógicos, éticos, filosóficos, biológicos y médicos no importan ante la necedad de mantener la violencia tradicional, ante una rabieta contra al cambio necesario e inevitable para transitar hacia una sociedad de sabiduría, paz y benevolencia; valores que en toda universidad se deben respetar y promover.
No es censura, es cordura. En la tauromaquia no hay bienestar animal y su cultura es promoción de la violencia. La realización de un foro que fomenta falsedades y crueldad demeritará a las instituciones que lo alberguen y apoyen.
* María del Carmen Valle Lira (@Leptospira) es médica veterinaria zootecnista, maestra en ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia y candidata a Doctora en Bioética por la Facultad de Medicina, ambas de la UNAM. También es Diplomada en Bioética por el Programa Universitario de Bioética y está certificada como docente de Bioética por la UNESCO. Beatriz Vanda Cantón es médica veterinaria zootecnista, maestra en ciencias (área de Patología) y doctora en Bioética. Se desempeña como académica de tiempo completo en la UNAM.