blogeditor · 16 de mayo de 2016
You can fool some of the people all of the time, and all of the people some of the time;
but you cannot fool all of the people all the time.
Abraham Lincoln
Tal como había advertido a principios de año, las elecciones locales en Tamaulipas generarían problemas de penetración del crimen organizado para los partidos políticos y sus candidatos. Más allá de conocer si los candidatos están vinculados o no con los delincuentes, lo que en la gran mayoría de los casos es difícil de demostrar, lo alarmante es el grado de penetración del crimen organizado en dicha entidad y el poco avance logrado por el gobierno federal en estos tres años. En pocas palabras, la penetración del narco es sistémica.
Tamaulipas es el claro ejemplo de todo lo que no ha funcionado en la (renovada) estrategia de seguridad del gobierno federal. La coordinación es dudosa, la reducción del crimen no ha sucedido y el estado está literalmente controlado por diferentes bandas de malosos que hostigan a la población.
Hace no mucho tiempo hablaba con una amiga cercana, ella es de Tamaulipas; nació, creció y se educó hasta la universidad por esas tierras fronterizas… luego, como muchas personas emigró a la gran capital para realizar los sueños profesionales de su marido (hoy un connotado miembro de un partido muy revolucionario cuyo nombre debo reservarme).
Conoce hasta la médula la vida y sociedad tamaulipecas, en particular la de Matamoros, de donde es originaria. Hace un par de meses platicábamos domingueramente sobre la situación de su estado. Siempre que la veo, le hago la misma pregunta: ¿Cómo va todo por allá? ¿Es en serio que ya todo se resolvió, que el gobierno federal está arreglando las cosas? “¡¡¡Puras mentiras!!!”, fue su inmediata respuesta sin titubeos.
Normalmente responde serena y en forma resignada. Esta vez en su tono había una gran molestia; ésta se basaba en la mentira constante de que el gobierno federal repite a manera de autoconvencimiento de que todo va mejorando. El gobierno miente, trastoca y oculta lo que pasa todos los días en amplias regiones de Tamaulipas y la población es rehén de la situación de indefensión generalizada.
La charla se alargó más de lo habitual. Intentaré expresar lo más importante de sus relatos en una tierra que como ella reconoce, ha vivido con la presencia del “narco” desde que era niña, en los tiempos del legendario Juan Nepomuceno Guerra, quien remata: “aquellos igual eran narcos, pero respetaban a la gente y no se metían con nosotros”. Me cuenta que de niña, alguna vez mataron a unos sujetos en una gasolinera cerca de su casa, pero, en tono aliviada aclara, “sólo mataron a los dos tipos que estaban ahí, al resto de las personas no las tocaron…”
Matamoros y otras poblaciones de Tamaulipas vive en una especie de depresión colectiva terrible, dice, la gente que pudo irse ya se fue, los que no, ahí están, callados, con “bajo perfil”; que no se note mucho tu presencia, que no se note que respiras, mucho menos que tienes algo de dinero o que te va bien. Cualquier descuido puede ser motivo de un secuestro y el subsecuente homicidio. Así, sin más, por unos miles de pesos.
El narco va y viene, con libertad, unas veces son los unos, otras veces, los otros (¡cómo sea que se llamen ahora!, exclama). En una ocasión, en una carretera entre Matamoros y Monterrey, el autobús en el que viajaba se paró por completo. Por alguna razón que no supo explicar quedó en medio de un fuego cruzado entre dos bandas rivales. Llovían balas alrededor de ellos. De alguna manera un militar alcanzó el autobús y se subió en él, quitó al chofer y lo echó en reversa hasta un lugar más seguro. Dice haber visto por la ventana (porque todos se tiraron al piso a la orden del soldado) un tanque militar abriéndose paso entre las balas. Repito: un tanque militar entre las balas. Eso se llama guerra aquí y en Siria.
Ésta es sólo una anécdota de las miles que hay todos los días. Ahora vive la mayor parte del tiempo en Brownsville, Texas. Cuando va a Reynosa o Monterrey, se desplaza por el “otro lado” hasta que baja por Laredo a Monterrey. La gente evita las carreteras. No sale después de las 6pm. No llama la atención. No hay contacto de miradas. No compra cosas. Remata: “Todos saben quién anda en qué cosas y todos guardan un pesado silencio de complicidad”.
Esa es la realidad que evade nuestro gobierno. Escondidos tras blindajes y guaruras, solo unos cuantos alcanzan a verla en las “redes sociales” y no tardan en calificarla de síntomas de “mal humor social”. Están tan alejados de la realidad de los mexicanos, que minimizan y desprecian los llamados desesperados de auxilio…
La inseguridad en Tamaulipas no parece tener fin cercano, la población ya se acostumbró a vivir de esa forma, aquellos que no pueden irse, sobreviven estoicamente en un estado de sitio permanente. Donde grupos cada vez más pequeños de células delictivas actúan de forma independiente y violenta contra sociedad, gobiernos locales y entre ellos mismos. El estado es una zona en guerra, donde el gobierno federal poco ha logrado en estos tres años de una estrategia poco efectiva y mal implementada. Sin duda, es aún necesaria la coordinación efectiva de los tres niveles de gobierno de la mano de la sociedad civil y empresarios de todo el estado, como sí sucedió en otras partes del país. Pero, no es claro por dónde se puede empezar.
Mi amiga sigue hablando porque encuentra una forma de poder expresar lo que vive a diario. “Todos los días hay cuerpos, hay destazados. Hace poco levantaron a unos chavos, como no quisieron ser parte de la banda fueron destazados. Otros como formaron parte de la banda, fueron destazados por los contrarios”. No hay escapatoria, me dice, todo esto pasa todo el tiempo y las noticias no dicen nada… el gobierno repite una y otra vez que el operativo es un éxito y la gente no sale de sus casas.
La vida transcurre así en Tamaulipas, la tierra que -dice mi amiga- solía vivir con los narcos, pero con aquellos que respetaban a la población y no se metían con ella. Hoy son otros tiempos, tiempos de huir, quedarse callado, esconderse, vivir con miedo, de las autoridades y de los narcos, hoy hay más incertidumbre e inseguridad que antes, nunca se sabe con certeza a quién se debe temer más…
@rodaxiando