blogeditor · 11 de diciembre de 2015
Roque Dalton
UCA Editores
San Salvador, 2004
Pp. 172
En 1969, Roque Dalton (1935-1975), que entonces tiene 34 años, ya era un poeta conocido y “una leyenda entre diversos sectores de nuestra América”, como afirma su amigo el poeta chiapaneco Eraclio Zepeda (1937-2015), que escribe el prólogo. En ese mismo año por La Taberna y otros lugares obtiene el premio de poesía Casa de las Américas en Cuba. Su prestigio y reconocimiento se acrecientan.
En versión de Zepeda, este es el libro que Dalton pudo trabajar más y al que le dedicó más tiempo. Se organiza en cinco partes: El País (I); El País (II); El País (III); Seis poemas en prosa, y La historia: escrito en Praga. Cada una de ellas contiene un conjunto de poemas. Son 82, más los seis escritos en prosa, para un total de 88 textos.
[contextly_sidebar id=”seWssj3jU5jxND6PJ6mQJ1ppExfdLhc4″]En estos poemas, dice Zepeda, “el poeta hace una síntesis de su patria, de sí mismo. Hombre de dos mundos, del pueblo que resiente y de la oligarquía que presiente, Roque pudo optar por cualquiera de esos caminos. Tenía derechos que le venían por sangre. En El País I y en El País II están las dos propuestas, aunque había escogido la primera de antemano. Esta elección es la que lo lleva a la última cárcel, donde lo mejor del pueblo, sencillamente, siente”.
Y añade que “momentos detenidos, reflexiones sobre el recuerdo, la ternura de ciertas vivencias no repetibles, la sencillez de la sonrisa, la memoria tan frágil, apenas protegidas por el humor blindado, el preciso ejercer nuestro oficio de palabras y la imaginación volando, volando sin olvidar la necesidad cotidiana y modesta de montar la guardia. Esos son los poemas en prosa, como una fotografía que va surgiendo en la penumbra del laboratorio”.
De la poesía de Dalton me sorprende que su lenguaje nunca sea ideológico. Trasciende siempre los lugares comunes y el léxico “revolucionario” de la época que le tocó vivir. Sus textos son elegantes y siempre poéticos. En toda situación encuentra las palabras para expresar su compromiso revolucionario, su pensamiento y sentimientos, de manera que trascienden el discurso convencional y del momento.
Es un hombre de izquierda que se decide por la causa de la Revolución, vive en Praga y en Cuba, y la concepción estética y el lenguaje artístico del socialismo real, no lo influyen. Él es capaz de trascender estas influencias y también los gustos de las oficinas responsables de la cultura oficial, que deciden qué es y no de izquierda. Esto habla de la profundidad de su obra y de su arte.
Me sorprende también la actualidad de su poesía. De la publicación de La Taberna y otros lugares en 1969 a 2015, han pasado 45 años, y la poesía de Dalton no ha envejecido. Sigue viva y es notable la frescura, la ironía, el humor y la crítica presentes en cada uno de los 88 textos. La obra del poeta pasa la prueba del tiempo y a la distancia se corrobora la calidad de su poesía.
La vida de Dalton, el más grande de los poetas salvadoreños, fue truncada -apenas tenía 40 años- por el asesinato estúpido e imperdonable de sus propios compañeros de la guerrilla en la que militaba. Con su pérdida, la poesía en lengua española perdió a uno de sus mejores creadores que tenía todo el futuro por delante. Uno no puede dejar de preguntarse hasta dónde, si viviera, hubiera llegado la poesía de Dalton.