Redacción Animal Político · 15 de agosto de 2024
En políticas de drogas se llama prohibicionistas a los sistemas cuyo único objetivo es la abstinencia. Éstos parten de dos ideas equivocadas: que todo consumo de ciertas drogas es problemático y que pueden erradicarse a través de la política pública. En el primer caso, sobra evidencia para afirmar que los riesgos y daños del uso de drogas están principalmente asociados con las prácticas alrededor de él y la falta de información de los usuarios. En el segundo, la historia del último siglo muestra que el uso de drogas es una realidad social inatajable para la ley.
A pesar de ello, actualmente se sostiene un sistema internacional prohibicionista sobre una larga lista de plantas y sustancias cuyo consumo no ha dejado de crecer y diversificarse. Además, su implementación ha producido graves consecuencias en todo el mundo (mercados ilegales, empoderamiento criminal, productos adulterados y contaminados, estigmatización de usuarios, etc.). Dado el fracaso, llama la atención que este enfoque goce de cabal salud e incluso ponga la mira en nuevos objetivos: el tabaco y sus productos.
Partiendo de lo explicado sobre qué es el prohibicionismo en políticas de drogas, se advierte una creciente narrativa de este tipo en asuntos de tabaco, plasmada en las discusiones multilaterales y las campañas de la OMS para el Día mundial sin tabaco de los últimos años. Sobre éstas, la más reciente (31/5/24) es buen ejemplo. Además de aumentar el tono beligerante contra los productos de tabaco y su industria, usó recursos argumentativos similares a los de campañas que en el pasado condujeron al actual prohibicionismo en drogas: el ideal de la abstinencia, argumentos morales, estigmatización de los actores del mercado, victimización de los jóvenes, etc.
El tabaco es la droga que causa más daños a la salud en todo el mundo. Pero, como ya se dijo, la mayoría de los daños de las drogas son por la falta de información y las prácticas de consumo. En el caso del tabaco, sus principales daños están relacionados con su combustión y no con su sustancia activa (la toxicidad de la nicotina es similar a la de la cafeína). Es decir, es posible usar productos de tabaco sin los daños de la combustión, por ejemplo, mediante el vapeo o productos para mascar, rapé, snus, entre otros.
Quizá lo ideal sería que no exista el consumo de tabaco, como sucede con muchas otras cosas. Pero la historia demuestra que buscar hacer realidad “buenas intenciones” como eliminar prácticas no ideales, sólo empiedra el camino a peores lugares. Esto sucede con la prohibición de drogas que se consumían menos y producían menos daños que ahora desde la ilegalidad. Y si bien no se está planteando una prohibición absoluta, la narrativa y esfuerzos de organismos como la OMS y varios gobiernos nacionales adquieren cada vez más ese sentido. Prueba de ello es el endurecimiento de las leyes y prohibición de vapeadores en países como México, pese a la evidencia de su daño reducido frente a la combustión.
La discusión sobre nuevas políticas en materia de tabaco es asunto relevante en todo el mundo, debido a su uso y consecuencias. Bien haríamos en aprender de los errores del pasado y la evidencia del presente si no queremos hacer más grande este problema. La experiencia e información actuales ofrecen la oportunidad de nuevos enfoques y diseñar mejores políticas. No la sigamos desperdiciando.
* Aldo Contró (@AldoContro) es licenciado en Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Es especialista en historia y política de drogas, y activista a favor de su reforma desde el 2011. Ha colaborado con organizaciones de la sociedad civil como el Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas A.C. (CUPIHD). También colaboró durante un año con el Programa de Política de Drogas del CIDE, Región Centro, difundiendo información relativa a la reducción de daños, realizando la gestión de las comunidades de internet y elaborando materiales divulgativos con algunos de los resultados de las investigaciones realizadas desde el programa. Es cofundador del extinto colectivo Drogas, Política y Cultura, en donde fue coorganizador y ponente en el Congreso Internacional Plantas Sagradas en las Américas y el Foro Internacional Plantas Sagradas: usos y normas, ambos realizados en el 2018. Es también cofundador de la Sociedad Mexicana de Cannabis Medicinal, S. C. (SOMEXCANN), en donde realiza actividades divulgativas asociadas a los temas de política y legislación de cannabis y cannabis medicinal.