blogeditor · 21 de marzo de 2014
José Ramón Enríquez
Juan Pablo Editores
Ediciones Sin Nombre
México, 1999
Pp. 52
El autor da cuenta de su vida con valentía inaudita y ofrece de manera abierta y sin ningún tipo de censura sus certezas y temores, sus sufrimientos y alegrías, sus amores y descubrimientos.
Habla de sí, de su Dios, de su fe inquebrantable en Jesús, el hijo de éste, de los pobres, del reino que hay que construir aquí, de la Iglesia a la que critica, pero de la que no reniega.
De sus años en la universidad y el Partido Comunista Mexicano (PCM), del encuentro entre cristianos y marxistas. De sus años en el noviciado de la Compañía de Jesús en México. De su amor por la literatura y el teatro.
[contextly_sidebar id=”be16f85504743e27878d436d029bc104″]Es un relato poético o poesía relato de una autenticidad que no es común. Es una biografía-confesión a la manera de las Confesiones de san Agustín de Hipona.
El texto es hermoso, cuestionador y al mismo tiempo un canto a la vida con la que se está en paz. El relato es sencillo, directo y también de una gran profundidad.
Es una obra conmovedora donde un hombre se presenta desnudo, sin ninguna barrera, ante los demás. Me gustó mucho.
El titulo lo toma del libro de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. Es una de las maneras que él propone se puede hacer oración: acostado con la cara viendo hacia arriba.
Otra manera de leer el texto es el de una oración que se hace delante de Dios, supino rostro arriba, donde se repasa la vida y a él se da las gracias por el gozo infinito de vivir.