Superar el minimalismo electoral

Redacción Animal Político · 1 de marzo de 2023

Por: José Ramón Narváez Hernández (@jrnarvaez)

Mientras hay quien quiere que reduzcamos el ámbito de lo electoral yo les voy a proponer que lo ampliemos, pero resignificándolo.

El problema es que el nombre no ayuda mucho pues de inmediato se asocia a las elecciones y de ahí a los periodos electorales; frente al desgaste del principio de representación, parece excesivo y superfluo invertirle al tema electoral, este minimalismo electoral afecta tremendamente la democracia, porque la encapsula en procesos burocráticos y la identifica acotadamente sólo con la democracia institucional.

Pero piense un momento en todos los espacios en los que la democracia tiene un desarrollo concreto y cotidiano; todas aquellas ocasiones en las que ejercemos nuestros derechos políticos o, mejor aún, participamos políticamente, y eso constituye un derecho bisagra, integrador de derechos como: asociación, libertad de expresión, acceso a la información, formación política, educación cívica, libertad de prensa, etc.

Si sumamos la virtualidad estos ejercicios se potencian y la necesidad de tener un marco normativo e institucional adecuado se hace urgente. Ahora nos reunimos, nos expresamos, nos informamos y nos formamos políticamente a través de la tecnología digital. Ampliar entonces el rango de influencia de lo político-electoral es urgente.

El minimalismo electoral ha generado una especie de batalla por los espacios políticos, ya sea integrando la burocracia electoral o dentro de los cargos de elección popular; el mensaje para el electorado es confuso y perjudicial: vote y olvídese, nosotros nos encargamos. Así que el sistema electoral se convierte en puros cálculos para quien lo opera o potencialmente quiere operarlo, todos queriendo sacar alguna tajada, incluidos los electores.

Quizá el clientelismo caudillista que heredamos de la Revolución nos llevó al minimalismo electoral, que paradójicamente no implica simplismo electoral, sino por el contrario un sofisticado y complejo sistema, incluso en algunos puntos sobrerregulado; la desconfianza permanente y la pugna política por los escasos espacios son el caldo de cultivo para utilizar el sistema unos contra otros, lo cual genera un uso abusivo y egoísta del sistema, 1 otro muy mal mensaje para la ciudadanía; el justiciable termina pensando que el sistema existe para darle salida a caprichos e intereses mezquinos.

La solución está al alcance de nuestras manos -literalmente- la tenemos incluso en nuestros dispositivos móviles, aprender a participar políticamente y hacer de eso un derecho.

Primero. Generar conciencia política: debemos repolitizar a la sociedad haciéndole saber que sus acciones por más marginales que sean terminan impactando en la cultura política. Quien toma malas decisiones en lo personal lo hará en lo colectivo, quien no sabe solucionar conflictos personales tampoco podrá hacerlo de manera social. Una sociedad hiperconflictivizada difícilmente podrá ponerse de acuerdo y alcanzar consensos, lo que llevará a la clase gobernante a encontrar el mejor argumento para desplazarla de cualquier discusión pública, si no son capaces de ponerse de acuerdo, nosotros seguiremos tomando decisiones por ustedes. Y aunque suene poético, en realidad el eslogan para este punto será: Yo, junto con las demás personas, somos parte del cambio.

Segundo. Responsabilidad política: dependiendo el nivel de injerencia en los demás, será el nivel de responsabilidad sobre lo que cada persona hace y dice políticamente, y puesto que no estoy proponiendo un sistema vinculante y coactivo como podrían pensar mis colegas abogados -porque ese ya existe-, me refiero más bien a un sistema normativo ligado a la ética y la cultura política, pues después de tomar conciencia debo identificar cuál es el impacto de mis dichos y acciones en los demás, así podríamos solucionar en parte problemas como los discursos de odio, la infodemia, la posverdad, etc.

Tercero. Poner el bien común al centro de la discusión política: el derecho a la participación política debe ser un derecho nuevo, integrador, propedéutico, pacificador; apelando siempre al orden justo, la paz y la democracia; todas las acciones políticas deben tener como vocación primaria generar cohesión social, identidad, inclusión y mejora de los estándares de vida, incluida la mejora del medioambiente (en realidad estoy pensando en biocracia). 2

Cuarto. Derecho a entendernos: no basta tener herramientas para impugnar aquellas acciones que nos lesionan, es necesario aprender a armonizar nuestros intereses y generar un constitucionalismo colaborativo donde quepan todos los derechos sin tener que sacrificar algunos, una visión mucho más sustentable y menos competitiva y aniquiladora. Así que serían necesarias muchas herramientas, pero de carácter compositivo, todo a través de una propuesta educativa emancipadora y constructiva.

En fin, les dejo mi propuesta, tendrán que aceptar que al menos es algo distinto.

* José Ramón Narváez Hernández (@jrnarvaez) es Doctor en Derecho por la Universidad de Florencia. Profesor Investigador de la Escuela Judicial Electoral del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (@TEPJF_EJE).

 

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