Redacción Animal Político · 1 de febrero de 2023
La Bioética principialista es la que aporta principios para resolver los problemas propios de su disciplina. Dentro de estos principios se encuentra el de autonomía, que se refiere a respetar la libertad y la elección individuales, y lleva a la autenticidad y la independencia, es decir, libertad de acción y motivos propios; en resumen, de autodeterminación.1 Dado que la autodeterminación es la capacidad de las personas para decidir sobre lo que les interesa, por ejemplo en cuanto a su salud y su cuerpo, es cuestionable por qué no se puede decidir cuándo y cómo terminar con la propia vida cuando ésta ya no es digna ni tolerable; hablando tanto de enfermos en fase terminal como de quienes padecen trastornos mentales graves.
En diversos países, incluido México, algunas personas considerarán que la muerte asistida es una idea absurda, pues la vida es sagrada y no se debe atentar contra ella. Y más condenable les parecerá pensar en el suicidio asistido para las personas que presentan una enfermedad mental, ya que éstas no cuentan con la capacidad cognitiva para tomar decisiones. Sin embargo, en algunos países como Bélgica, Holanda y Luxemburgo, se puede llevar a cabo el suicidio asistido en personas con este tipo de problemas.
En estos países existen leyes muy estrictas que analizan la situación del paciente para que su solicitud de suicidio asistido sea aceptada. Los requisitos esenciales que hacen no punible dicha práctica son los siguientes:
Al existir leyes rígidas y mecanismos de control estrictos, los médicos que llegaran a dar incumplimiento al protocolo legalmente establecido son sancionados en su profesión e incluso pueden ir a la cárcel.
En varias localidades de estos países se han establecido comités para examinar tales solicitudes —en Holanda existen cinco comités o comisiones regionales—, y cuando se lleva a cabo la eutanasia o el suicidio asistido se debe reportar de ello al comité correspondiente. El médico le debe comunicar al forense municipal todas las muertes no naturales y posteriormente se pasa a un comité formado por un médico, un especialista en Ética y un experto en Derecho, quienes determinan si se realizó debidamente el proceso. Si no fue así, el médico en cuestión puede ser procesado criminalmente; las penas varían, desde tres años de prisión por auxiliar el suicidio hasta 12 por eutanasia.
Un caso de suicidio asistido que ha sido muy difundido es el de Aurelia Brouwers, una joven de 29 años que vivía en Deventer, al este de Holanda, y estaba diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad, estrés postraumático crónico y diversas adicciones; después de varias revisiones y solicitudes de los médicos tratantes, se aceptó su solicitud de suicidio. El caso ha causado controversia debido a que la paciente no padecía una condición incurable. Sin embargo, el sufrimiento existencial que experimenta una persona con enfermedad mental —quien ha vivido episodios de depresión mayor y cuadros de ansiedad lo puede comprender mejor— es equiparable al dolor insoportable que siente alguien con una enfermedad en fase terminal, pues en ocasiones los medicamentos ya no tienen efecto. Por ello, ambas situaciones deben considerarse viables para solicitar el suicidio asistido.
Algunos defensores del suicidio asistido consideran que éste se apoya en el principio de autonomía del enfermo: si una persona tiene un sufrimiento insoportable que no logra aliviar por ningún medio y desea acabar con su vida, ¿por qué se le tiene que impedir la muerte? ¿Acaso no tiene el derecho de autodeterminación? ¿Por qué es una obligación vivir en una situación insoportable?
Lo que importa destacar es que en los países mencionados existe esta opción que ayuda a aliviar el dolor y el sufrimiento de muchas personas. Es un proceso que debe apegarse a leyes estrictas y protocolos médicos bien definidos que ayuden a una muerte digna, por lo que una tarea pendiente en nuestro país, y en muchos otros, es reconocer el derecho de los enfermos a solicitar el suicidio cuando el sufrimiento existencial y físico hacen que la vida ya no sea digna de ser vivida.
* Norma Alicia Ordóñez Vázquez es doctora y maestra en Ciencias de la Salud en Salud Mental Pública por el posgrado de la Facultad de Medicina y Licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología, ambas de la UNAM. Su desempeño e interés está en la investigación social y de la salud. Ha incursionado en la docencia en el nivel medio básico, medio superior y superior. Realizó una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética.
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1 Insua, J.T. (2018). Principialismo, bioética personalista y principios de acción en medicina y en servicios de salud. Persona y bioética, 22(2): 223-246. DOI: 10.5294/pebi.2018.22.2.3
2 Gallego, L., Barreiro, P., De Santiago, M. (2022). Eutanasia y suicidio asistido en personas con enfermedad mental. Cuadernos de Bioética, 33(108), 157-178. DOI: 10.30444/CB.121