Rubén Aguilar · 9 de agosto de 2011
El pasado 9 de julio surgió como nación independiente el Sudán del Sur, en la región del África subsahariana. Se pone así fin a la guerra entre el norte y sur de Sudán que se prolongó por 25 años, de 1983 a 2005. La celebración tuvo lugar en Juba, la capital del nuevo país, donde su presidente, Salva Kiir, y el de Sudán del Norte, Omar al Bachir, prometieron que no volverá la guerra.
El norte y el sur tienen todavía que negociar cómo se van a repartir los beneficios de los recursos petroleros. El sur produce el 75% del petróleo de Sudán, pero las refinerías y oleoductos se encuentran en el norte. Se ha negociado que cada país se quede con el 50% de los ingresos petroleros, pero sigue la discusión entre las partes. La producción total es de 500,000 barriles diarios y al sur corresponden 375,000.
La nueva nación, que tiene 8.25 millones de habitantes y 640,000 km 2, nace en una situación dramática. El 90% de la población vive en condiciones de pobreza extrema (menos de un dólar al día). El 85% es analfabeta y una de cada siete mujeres embarazadas morirá en el parto. Seis de los diez estados que integran el país tiene por ahora un alto riesgo de sufrir hambruna, según la ONU.
Desde finales del 2010 y hasta la fecha 300,000 ciudadanos del sur que vivían en el norte han regresado, pero el gobierno por ahora no les ha entregado la tierra que les prometió. En el norte vivían en mejores condiciones. El presidente Salva Kiir es consciente de la gravedad de la situación. En su primer discurso planteó que “todas las clasificaciones de desarrollo económico y humano nos sitúan en lo últimos puestos”. De eso no hay duda.
Entre los muchos retos del nuevo gobierno está en desmovilizar y reintegrar a la vida civil a los 150,000 miembros de las diferentes fuerzas armadas que estuvieron en pié de guerra estos años. La ausencia de oportunidades económicas puede dificultar su reinserción y abrir el camino, para que los jóvenes se integren a las “milicias rebeldes” que ya amenazan al nuevo gobierno.
El 75% del petróleo que produce Sudán (ahora norte y sur) lo compra China, que es su principal socio comercial. Los chinos cortejan a Jartum (capital del norte) y ahora también a Juba (capital del sur). La sexta fuente de importación de petróleo de China es Sudán y el comercio bilateral asciende a 8,600 millones de dólares. Los chinos pueden ser una fuerza de equilibrio en caso de conflicto entre el norte y sur de Sudán.