Stranger Things y el poder de la nostalgia

Redacción Animal Político · 17 de diciembre de 2025

Stranger Things y el poder de la nostalgia

Julio, 2016: Stranger Things comienza a sonar; desde la primera temporada, Netflix y los hermanos Duffer entendieron que la característica mezcla entre ciencia ficción ambientada en los años ochenta era la identificación emocional que haría que una audiencia global conectara con ella. No solo miles, millones de personas estaban experimentando una conexión gradual y nostálgica en un territorio simbólico al que se puede volver, aun cuando esté marcado por el miedo y lo desconocido, un tono bastante similar a la actualidad si lo comparamos con el presente y los discursos transmitidos por los medios.

En un sinfín de contenido disponible en la red, resulta interesante preguntarnos: ¿qué hizo que Stranger Things se volviera un fenómeno mundial? La respuesta puede ser evidente: Las bicicletas, el papel tapiz floreado en las paredes, los videojuegos arcade, la música synth y los vínculos cara a cara que construyen una imagen de comunidad que contrasta con la presente limitante en cuanto a conexiones humanas; evocan a esta idealización del pasado, abriendo paso a que la nostalgia funja como refugio y promesa de un tiempo más simple, cercano, y aparentemente más seguro, a pesar de los peligros que envuelven al pueblo Hawkins.

La nostalgia en la serie opera como una estrategia narrativa eficaz porque no depende de la experiencia directa del espectador, incluso quienes no vivieron los años ochenta se sienten identificados apropiándose de él: un recuerdo -o la imagen de un recuerdo se vuelve compartido, construido a partir de referencias culturales, emociones y deseos, siendo de ese modo accesible para todos.

Es así como se nos revela algo interesante: recordar es más digerible cuando aquellas memorias son agradables. La serie selecciona cuidadosamente qué partes del pasado mostrar y cuáles omitir. Los años ochenta aparecen limitados en conflictos sociales, desigualdades o tensiones políticas. Lo que genera es una sensación agradable del pasado, identificada como la “política del recuerdo” propiciadas por los mismos Estados Nacionales son las que generan las condiciones de lo decible y lo indecible, es decir, los procesos de verdad y silenciamiento. Y que entra en un punto de comparación con la información que hoy podríamos tener disponible, información seleccionada cuidadosamente para ser mostrada a las masas.

La política del recuerdo busca construir relatos del pasado que sirvan a las necesidades del presente. Sin embargo, también nos lleva a preguntarnos: ¿qué hacemos con ese pasado? Mirar atrás puede ayudarnos a entender quiénes somos, pero quedarnos ahí puede impedirnos enfrentar los problemas del presente.

La relación de este argumento tiene que ver con aquellas versiones editadas, útiles para generar confianza y esperanza. Crea un fuerte sentido de “nosotros”, siendo, en el caso de la serie, el grupo de amigos y el pueblo de Hawkins que luchan contra una amenaza común y que en nuestra realidad denominaríamos “estructuras políticas de poder” independientemente de la ideología.

La serie no propone volver al pasado, habría que ser observado críticamente: su mayor aporte está en evidenciar cómo los recuerdos se construyen, se editan y se utilizan; como los históricos héroes del pasado o un ejemplo más actual, “la cuarta transformación”, insertando al presente un aspecto de “fuerza y transformación” que hubo en un pasado, alineándolo a la idea de (ahora sí) “estar del lado correcto” de la historia… “Primero los pobres”, otra narrativa emocional y nostálgica de un estado protector y de un México solidario… de ese modo, podría citar varios ejemplos, pero con estos espero se reafirme el uso emocional en los discursos transmitidos.

La política del recuerdo refuerza que el pasado siempre es una narrativa en disputa. Reconocer el poder de la nostalgia es el primer paso para disfrutarla sin quedar atrapados en ella y poder ver de forma más nítida las situaciones que día con día se nos presentan, sobre todo siendo muy conscientes de la fragilidad de la manipulación de medios que tenemos.

Idealizar el pasado es volverlo más agradable, es endulzarlo, pero eso no lo vuelve inocente; simplemente lo hace más digerible. El riesgo surge cuando el recuerdo se convierte en mito y deja de ser cuestionado, la ignorancia es un terreno frágil, uno idóneo para la influencia. Al final, la invitación es a reconocer que, tanto en la ficción como en la política, quien controla la “narrativa” controla la percepción de la realidad. Un buen discurso y escenario adecuado pueden ser más que suficientes para sembrar una idea que a largo plazo eche raíces.

Cerraré con una verdad un poco incómoda: quien controla el pasado narrado influye en el futuro; limitarnos a cuestionar e informarnos para ver las situaciones a las que nos vemos expuestos de una forma crítica requiere esfuerzo, pero si no se hace, es una condena a permitir que la nostalgia active recuerdos selectivos, endulce el pasado o moldee el presente y marque el futuro posible (aunque este no siempre exprese nuestra verdadera posición).

* Marisol Rodríguez es licenciada en mercadotecnia, apasionada por la lectura y la investigación de mercados. Actualmente funge como Project mánager en Lexia en el equipo cuantitativo. Amante de los momentos, la vida y experiencias.