Sostener la visibilidad lésbica

Redacción Animal Político · 26 de abril de 2025

En 2008, un grupo de activistas en España –la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales– declaró el 26 de abril como Día de la Visibilidad Lésbica. Típicamente esta efeméride se usa para visibilizar las realidades lésbicas, tanto las positivas (logros, perfiles reconocidos, alegrías y afectos generales) como las problemáticas que atraviesan estas poblaciones, y las reivindicaciones políticas que de ellas emanan.

Gracias a los movimientos lésbicos sabemos de algunos desafíos específicos enfrentados por estas poblaciones, como la falta de acceso a servicios de salud adecuados (particularmente de salud sexual y mental), el rechazo social y las dinámicas particulares de violencia al interior de parejas de mujeres, entre otros. Arrojar luz sobre estas problemáticas es en sí mismo un reto por las dificultades para obtener datos amplios y de calidad, y el siguiente paso es, por supuesto, aún más complicado pues implica la búsqueda e implementación de soluciones.

Muchas personas estamos dispuestas a invertir tiempo y energía en este tipo de labores porque nos motiva el co-construir un mundo donde haya menos crueldad y mayor bienestar, donde las personas no atraviesen las injusticias que nosotras atravesamos. Podríamos considerar que trabajar en temas de justicia social satisface nuestras necesidades espirituales, pues retomando las palabras de bell hooks en su libro Todo sobre el amor, esto nutre nuestra “fuerza de vida (…) que potencia nuestra capacidad de estar más completamente autorrealizadas y de entrar en comunión con el mundo que nos rodea”.

Pero ¿qué hay de nuestras demás necesidades? Ciertamente hay una expectativa más o menos explícita de que el activismo se debe hacer simplemente “por amor”, como observa la periodista Sarah Jaffe. Cuando esto se traduce en que la labor invertida en la búsqueda de justicia social debe ser poco o nada remunerada, y que no debe estar acompañada de prestaciones que faciliten el acceso a servicios de salud, a la vivienda, y a cuidados para el futuro (como una pensión), se generan dinámicas difíciles de sostener.

En el contexto mexicano, las personas que hemos experimentado lesbofobia tenemos básicamente dos caminos disponibles si queremos participar en los movimientos feministas y/o LGBTI+: podemos intentar conseguir un trabajo remunerado dentro de organizaciones de la sociedad civil, de tal forma que podamos invertir la mayoría de nuestro tiempo y energía realizando labores que nos sean significativas y que permitan cubrir nuestros costos de vida, o podemos ofrecer a dichos movimientos el tiempo y energía que nos “sobren” tras dedicar la mayoría de éstos a otra fuente de ingreso. Por supuesto, el tener más recursos (familias o parejas que nos ayuden con la vivienda, por ejemplo) y menos compromisos (como personas de las cuales cuidar), facilita el dedicarse a labores poco o nada remuneradas, lo cual contribuye a la desafortunada reproducción de desigualdades sociales dentro de los mismos movimientos de justicia social.

El Proyecto DFOSC destaca que el marco fiscal y legal en México, sumado a las dinámicas del financiamiento internacional para organizaciones humanitarias –particularmente afectadas por la segunda presidencia de Trumpdificulta bastante la sostenibilidad financiera de las organizaciones de la sociedad civil sin fines de lucro, especialmente aquellas más interesadas en las poblaciones lésbicas como las feministas y las LGBTI+, pues suelen contar con pocos recursos para trabajar y sostener todas las cargas administrativas requeridas por el gobierno mexicano. Esto aumenta las probabilidades de que trabajar en una organización así implique hacerlo sin condiciones de estabilidad (contratos limitados a proyectos), sin seguro social y sin remuneraciones completamente a la altura de las necesidades de las colaboradoras, especialmente en un contexto como el de la Ciudad de México, donde los costos de vivienda son tan distantes de los ingresos promedio de la población.

Este panorama subraya la importancia de que los movimientos lésbicos se entrelacen con movimientos como los de justicia laboral y fiscal. Mientras tanto, la buena noticia es que la movilización política también es atractiva para las lesbianas, porque ayuda a satisfacer las necesidades socioafectivas (generando comunidades y relaciones afectivas con otras activistas) además de las espirituales. Pese al desafío de la precariedad económica, la intención de visibilizar a las poblaciones lésbicas y contribuir a la satisfacción de sus necesidades sin duda continuará, especialmente en la medida en la que podamos cuidar de nosotras mismas como integrantes de estos movimientos sociales. 

* Sofía J. Poiré (@sof_jp) es activista y socióloga especialista en género y diversidad sexual.