blogeditor · 2 de junio de 2015
¿Acabará el actual gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, en la cárcel? Es la interrogante que mayor expectación genera entre la mayoría del electorado sonorense.
Tras una campaña electoral plagada de acusaciones, filtración de grabaciones, documentación de desfalcos y abusos, los términos narrativos que se han impuesto son los de usar el voto como una forma de hacer justicia. No solo justicia electoral, sino justicia penal.
No limitándose a remover al PAN del gobierno estatal, sino buscando usar el voto como mecanismo para darle las riendas de la procuración de justicia a una posible gobernadora que se ha comprometido reiteradamente a “meter a la cárcel” al actual gobernador.
Para casi nadie en Sonora, y para casi nadie a nivel nacional, pareciera quedar duda de que Guillermo Padrés traicionó la confianza de los sonorenses y usó su paso por el poder para enriquecerse a manos llenas. Al agravio de construirse una presa en el desierto para irrigar el rancho de su propiedad, se han sumado múltiples demostraciones de abusos y corruptelas coronadas con las imágenes de un majestuoso desarrollo hípico que alberga decenas de costosos caballos pura sangre en instalaciones de primera, dando pie al mote de “el señor de los caballos”.
Javier Gándara, el candidato panista a la gubernatura, arrancó la contienda con una clara ventaja en las encuestas, en gran medida gracias a su arraigo en la región, su imagen de empresario exitoso, su paso por la alcaldía de Hermosillo y la fortaleza de la identidad panista en el estado. Sin embargo, se ha ido desplomando y, aunque la elección se ve pareja, la tendencia hace más probable su derrota.
Del plato a la boca se le está cayendo la sopa gracias a que la campaña de su rival, la priista Claudia Pavlovich, ha mostrado los vínculos de Gándara con Padrés e incluso sus particulares actos de corrupción. Además, el titubeante y tardío deslinde de Gándara sobre la actuación del actual gobernador no parece dar garantías al principal clamor de la sociedad sonorense: Bote a Padrés.
En el último debate donde participaron todos los candidatos a la gubernatura, la palabra cárcel se mencionó casi 40 veces y, de manera abrumadora el tema dominante fue la corrupción y sus efectos negativos para el desarrollo de Sonora.
En el tribunal de la opinión pública, el caso Padrés es cosa juzgada; sin embargo, no debemos contentarnos con linchamientos mediáticos que luego se materialicen en la vida real. Esto es peligroso, pues es en el marco de las leyes y los hechos que el deseado desenlace debe probar su justicia.
El clamor popular consiste en que haya consecuencias reales, no solo denuncias de corrupción. Nuestras cárceles tienen un porcentaje muy bajo de políticos y funcionarios que han delinquido, por lo que si Padrés termina en el bote será un caso ejemplar, siempre y cuando sea el resultado de un debido proceso y no de una cacería de brujas
[contextly_sidebar id=”hQbsI07jSdDqIfC70Iva16V0LXUCGtKE”]En años recientes, la sociedad sonorense ha sabido utilizar el voto como castigo. Un caso paradigmático es el proceso electoral del 2009 donde, tras el manejo torpe, irresponsable e insensible de la desgarradora tragedia de la guardería ABC, la gente emitió un claro voto de castigo para el entonces gobernador Eduardo Bours y sus candidatos priistas, quienes antes del suceso iban muy arriba en las encuestas. El PAN fue el ganón y se hizo del poder a nivel estatal y en las principales cabeceras municipales.
Lamentablemente, como ha sucedido ya en demasiadas ocasiones en los últimos 15 años, los líderes panistas no estuvieron a la altura ni de la responsabilidad otorgada ni de la expectativa de honestidad y decencia propia del panismo del siglo XX (en el siglo XXI ya solo quedan residuos de esa imagen). En lugar de servir, se dedicaron a servirse y con la cuchara grande.
Si Claudia Pavlovich logra ganar la elección enfrentará el complejo reto de “cumplir su promesa”, lo cual sin duda enrarecerá el ambiente político en Sonora. ¿Cómo cumplir esta promesa y no abonar a la decadencia que estamos atestiguando? Difícil respuesta, pues estamos viviendo un espiral descendente donde el proceso democrático nos está llevando no tanto a elegir a los buenos candidatos, que a usar el voto para castigar a los peores; no mucho más que eso.
Que un gobernador vaya a la cárcel por corrupción no debiera asustarnos, si el caso tiene merecimientos para dicho desenlace. Como sucedió reciente con Bob McDonnell, el exgobernador de Virginia que este mismo 2015 fue sentenciado a dos años de prisión. Se demostró que había aceptado mordidas por un monto de $177,000.00 dólares. Pareciera fácil suponer que el desfalco de Padrés es sustancialmente mayor, pero habrá que probarlo.
Acá en México el químico Andrés Granier, ex gobernador de Tabasco, emanado de las filas del PRI, enfrenta en prisión una serie de cargos por corrupción (peculado, ejercicio indebido de la función pública, etc.). Padrés no sería el primero ni desafortunadamente el último.
Sin embargo, hacer un uso político de la justicia nos hundirá aún más. El complejo equilibro implica un No a la impunidad pero también un No a los juicios sumarios. Debido proceso, ni más pero tampoco menos.
Un giro de la campaña que será recordado por los estudiosos de la comunicación política se verificó cuando, en medio de la cotidiana lucha en lodo, Pavlovich acuñó la contundente sentencia de “el Botox si lo he usado, ese es un tema personal y no es un delito como aquellos de los cuales usted ha sido acusado”.
La candidata Pavlovich ha demostrado combatividad y capacidad de recuperación, sin embargo no se puede decir que “sale limpia” pues varias de las filtraciones generan dudas y suspicacias. Es vital que los sonorenses se movilicen y participen el próximo 7 de junio, no limitándose a saciar su deseo de venganza sino que canalicen sus energías hacia la exigencia de un gobierno transparente y que les rinda cuentas desde el primer día y no esperar otros seis años para decidir si hay que usar el voto para mandar a alguien al bote.