¿Son sintientes los invertebrados?

Redacción Animal Político · 21 de junio de 2023

¿Son sintientes los invertebrados?

Cuando hablamos de animales se nos viene a la mente la imagen de un perro, un gato o una vaca, que son vertebrados mamíferos. Pocas veces pensamos en arañas, abejas, hormigas, pulpos, crustáceos y muchas otras especies invertebradas; es decir, aquellas que no poseen una estructura ósea. Se nos olvida que los vertebrados constituyen apenas el 3 % de las especies del reino animal y que el resto (97 %) son invertebrados. Estos animales tienen papeles relevantes dentro de los ecosistemas, pues actúan como polinizadores, descomponen materia orgánica, dispersan semillas, son depredadores, entre muchos otros roles ecológicos. Sin embargo y más allá de una “función”, de acuerdo con Fritz Jahr, Albert Schweitzer y Paul Taylor, 1 todo ser vivo no sólo tiene valor por lo que aporta al bienestar de la humanidad, también tienen un valor intrínseco por el hecho de estar vivos.

No obstante, ya desde la Grecia antigua existía una concepción lineal y progresiva de la escala natural, que clasificó a todos los seres vivos en categorías, donde los animales se subdividen en inferiores y superiores, colocando al humano en la cúspide. Esta escala posicionaba a la mayoría de los invertebrados jerárquicamente por debajo de los vertebrados por carecer de características semejantes a éstos.

El común denominador de los vertebrados es su parecido estructural y funcional con el ser humano, principalmente por contar con un Sistema Nervioso Centralizado (SNC) que les permite tener la capacidad de experimentar hechos positivos o negativos, es decir, la sintiencia. Ser sintiente significa tener consciencia y habilidad cognitiva necesaria para poseer sentimientos, siendo capaz de evaluar las acciones de otros en relación consigo mismo, recordar algunas de sus acciones-consecuencias, evaluar riesgos y beneficios. Por lo tanto, sintiente es aquel que tiene su propia experiencia de vida.

En tanto que la mayoría de los invertebrados no cuenta con SNC, se niega que sean capaces de ser sintientes (excepto pulpos y crustáceos). Debido a lo anterior, existe mínimo o nulo cuestionamiento cuando aplastamos a una araña o un mosquito, se tuestan grillos y alacranes vivos para consumirlos, o fumigamos a las hormigas y cucarachas que invaden nuestras cocinas. Es importante reflexionar que desdeñamos y exterminamos a los invertebrados solo por no expresar su dolor como los vertebrados.

Al buscar evidencias científicas sobre la posible sintiencia en los invertebrados se ha constatado que son capaces de tener experiencias tanto positivas como negativas en respuesta a su entorno, al mostrar intereses, preferencias y deseos. No sólo cuentan con receptores al dolor (nociceptores), sino que secretan mediadores químicos como la octopamina, hormona del estrés implicada en los procesos de “huida o pelea” que permite que el cuerpo se ajuste a demandas de energía en situaciones de riesgo, como ocurre en las arañas tejedoras. En el caso de las arañas lobo, que se desprenden voluntariamente de alguno de sus miembros cuando son apresadas por escorpiones, aprendieron a identificar el “aroma” de sus depredadores para escapar con antelación.

Otro grupo muy estudiado y representado dentro de los artrópodos es el de los cangrejos, capaces de resolver laberintos complejos mediante recompensas positivas, como alimento. Asimismo, los cangrejos ermitaños son hábiles para seleccionar conchas en las que podrían llegar a habitar, si un tipo de sustrato o suelo les favorece.

Recientemente se han identificado hallazgos sobre la complejidad de los estados mentales en insectos, cuestión ampliamente comprobada en cefalópodos. Las abejas son capaces de experimentar estados de ansiedad ante estímulos ambiguos y de vincular estados mentales a recompensas y castigos, como ocurre en las personas. También tienen una memoria flexible con ideas de lo que quieren lograr, capacidad de explorar soluciones y conciencia de los posibles resultados de sus propias acciones. Además, sienten placer ante el juego, prefieren rodar pequeñas pelotas de madera en un hábitat controlado por largos periodos, en vez de buscar comida, llegando a repetirlo en varias ocasiones y ser “gratificante” para ellas. Algunos insectos aprenden a evadir situaciones que les causan dolor, como en el experimento con abejorros que toleraron temperaturas muy altas para obtener una recompensa (en este caso sacarosa), pero que eligieron otras opciones de forrajeo más seguras en una segunda ocasión y por “decisión propia”.

Tales comportamientos se presentan en vertebrados con estados afectivos que se originan en el sistema límbico. Aunque no se ha identificado algo similar en estos invertebrados, dichas situaciones nos hacen pensar que podrían tener una estructura análoga que les permite experimentar emociones.

La clara implicación es que estos invertebrados no se comportan de manera puramente instintiva, sino que dependen de sus experiencias. El etólogo neerlandés Frans de Waal 2 argumenta que hay especies de invertebrados que desarrollan conductas “más complejas” que otras frente a ciertos estímulos; sin embargo, todos estos animales tienen que prestar atención y encontrar la manera de resolver problemas que se presentan en su entorno, pues “no pueden sobrevivir sin cierto grado de cognición”.

Asimismo, la Declaración de Conciencia de Cambridge señala que:

“los circuitos neurológicos que hacen posibles los estados de comportamiento/electrofisiológicos de la atención, el sueño y la toma de decisiones parecen haber surgido en la evolución muy temprano, en cuanto tuvo lugar la radiación de los invertebrados, siendo evidente en insectos y moluscos cefalópodos (como los pulpos)”.

Esto nos permite sostener que es posible la existencia de sintiencia y consciencia, tal vez no en todos los invertebrados, pero sí en especies como los insectos.

Los ejemplos expuestos anteriormente son tan sólo una pizca del panorama sobre la necesidad de adquirir más conocimiento sobre las capacidades de estas especies, ya que aún no es posible constatar que cumplen con todos los criterios para determinar si son sintientes.

La brecha en la definición de lo “sintiente y lo no sintiente” para garantizar una protección legal deja desprotegidos a la mayoría de los invertebrados. A pesar de ello, se observan esfuerzos como en la Unión Europea y Nueva Zelanda, donde se ha comenzado a proteger principalmente a pulpos, crustáceos y abejas melíferas obligando, por ejemplo, a utilizar métodos de muerte que no les causen dolor. 3

Ésta es un área de conocimiento emergente. Recordemos que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, 4 por lo tanto, mientras se obtiene más información al respecto, es importante ser precavidos sobre lo que les hacemos a estos animales. Debemos considerar que, aunque incierto, es científicamente posible causar sufrimiento a estos individuos. La ciencia avanza a una velocidad inquietante, por lo que mañana podría sorprendernos saber quién siente y cómo.

* Ameli Karla Espinosa López es licenciada en Biología por la Facultad de Ciencias, de la UNAM. Sus áreas de interés abarcan la bioética y la zooética, así como la experimentación ética, y el bienestar y comportamiento de animales invertebrados. Elizabeth Téllez Ballesteros es médica veterinaria zootecnista, maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (fmvyz), y doctora en Bioética, todos por la unam. Es profesora de asignatura del Seminario de Bioética en la FMVyZ y candidata a investigadora del Sistema Nacional de Investigadores del CONAHCyT.

 

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1 Taylor, P.W. (2005). La ética del respeto a la naturaleza. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas (Cuadernos de crítica, 52).

2 De Waal, F. (2016). ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? Barcelona: Tusquets.

3 Elwood, R.W. (2011). Pain and Suffering in Invertebrates? ILAR Journal, 52 (2), 175-184.

4 Sneddon, L.U. (2017). Comparative physiology of nociception and pain. Physiology, 33, 63-73.