Somalia: un pueblo con destino incierto

msfmexico · 29 de diciembre de 2011

Somalia: un pueblo con destino incierto
Por Dr. Unni Karunakara, presidente internacional de MSF

 

Dr. Unni Karunakara en Somalia

Mis años con Médicos Sin Fronteras (MSF) me han llevado a muchos lugares de gran sufrimiento y con retos complejos para la medicina humanitaria. Pero ninguno de aquellos lugares tenían desafíos tan difíciles como Somalia, país que visité en agosto.

Sujeto a dos décadas de conflicto interno, los somalíes son peones de ajedrez en el tablero de una lucha internacional, ya que el país es un escenario principal de la guerra contra el terrorismo. Los servicios públicos de salud son inexistentes y hasta la atención médica más básica es difícil de obtener.

En 2011, las personas que viven en el sur y el centro de Somalia fueron llevadas al límite por la sequía, la falta de cosechas y el alza en los precios de alimentos. Los que podían moverse trataron de encontrar una relativa seguridad en la capital, Mogadiscio, o en las fronteras de Etiopía y Kenia. El destino de los que no huyeron sigue siendo incierto, ya que muy pocos trabajadores humanitarios han logrado acceder a las zonas más afectadas por la crisis actual.
Lo que se queda conmigo de mi visita a Mogadiscio son las historias personales. Conocí a una joven mujer de Lower Shabelle que caminó durante cinco días para llegar a la capital. Había empezado el viaje con su marido y sus siete hijos, pero tuvo que dejar a la mitad de su familia en el camino. Ella encontró refugio en un parque hacinado. Los cuatro niños que llegaron con ella, estaban desnutridos y vulnerables a cualquier enfermedad. Y muy poca ayuda disponible. La mujer tenía pocas esperanzas de que su esposo y sus otros hijos, que estaban demasiado débiles para continuar, lo lograran. Esta es una historia que se repite miles de veces en Mogadiscio.

El verano pasado visité los campamentos de refugiados alrededor de Dadaab, en Kenia. También en este caso, la gente ha estado llegando con muy poco, a excepción de la esperanza de que van a encontrar comida, atención médica y seguridad para ellos y sus familias. Estos campos hoy albergan medio millón de somalíes. Mis colegas de MSF que trabajan en el este de Etiopía y alrededor de la región de Liben, me contaron historias similares de desesperación y miseria.

Lo más difícil de aceptar es el hecho de que tanto nosotros como otros trabajadores humanitarios, a menudo no podemos llegar a aquellos lugares donde se encuentran las personas que más sufren para poder proporcionar asistencia médica y salvar vidas. Y si logramos llegar, es después de semanas de negociaciones y poniendo en mayor riesgo a nuestros equipos. Los grupos que controlan estos territorios no nos permiten llegar con trabajadores humanitarios experimentados a sus zonas, o imponen muchas restricciones para ingresar suministros o para organizar las campañas de vacunación.

En los lugares donde estamos en condiciones de trabajar, nos encontramos con que la política de los clanes interfiere en procedimientos simples como puede ser la contratación de una enfermera o alquilar un coche. Las potencias extranjeras están directa e indirectamente presentes en suelo somalí. La ofensiva militar que Kenia lanzó el otoño pasado hizo que las cosas se complicaran aún más para los actores humanitarios independientes, como Médicos sin Fronteras, cuya seguridad y capacidad de trabajo tienen relación directa  con nuestra independencia real y percibida por los actores locales.
Por estas razones, cuando regresé de Somalia, sentí la necesidad de que seamos honestos y abiertos acerca de las limitaciones que enfrentamos en la prestación de asistencia en Somalia. El público necesita enfrentar el hecho de que sus donaciones no necesariamente se traducen en asistencia médica y nutricional para todos los somalíes que sufren, sino que probablemente sólo llega a las zonas del país donde MSF ha logrado mantener sus actividades y la aceptación de la comunidad, a veces durante más de 17 años. La cruda realidad de Somalia es que muchas personas permanecen fuera del alcance de las organizaciones que puedan ayudarles a sobrevivir.
Esto no implica que no se pueda hacer nada. Lejos de ello, a pesar de la inseguridad y las rigurosas restricciones, mis colegas han sido capaces de responder a la emergencia de manera impresionante. Los equipos de MSF han continuado la prestación de atención médica en una docena de lugares en toda Somalia, en ambos lados de la línea de fuego, como lo hemos estado haciendo durante las últimas dos décadas.
Nuestro personal somalí ha demostrado una extraordinaria dedicación y coraje atendiendo a personas cuya salud depende de ellos y aportando toda la ayuda que pueden ofrecer.

En los lugares adónde la gente ha huido, nuestros equipos han montado operaciones extensas, que combinan la atención médica y nutricional. Pero el frágil equilibrio, entre el acceso negociado y la situación de seguridad, se puede romper en cualquier momento.

Entre mediados de mayo y principios de noviembre, en Somalia y en los campos de refugiados al otro lado de las fronteras, se trataron 55,000 niños en nuestros centros de alimentación terapéutica y 26,000 niños y mujeres embarazadas y lactantes en los centros de alimentación suplementaria. Durante el mismo período, se vacunaron 150,000 niños contra el sarampión y se atendieron 5,000 casos de esta enfermedad. Se han tratado alrededor de 1,000 pacientes con cólera. Nuestros servicios de consulta externa fueron visitados por 365,000 pacientes y otros 16,500 encontraron tratamiento en nuestros centros de hospitalización. También asistimos 4,500 partos.

Seguimos muy preocupados por la situación, sabemos que hay miles de personas a las que no podemos llegar. La compleja realidad de Somalia hoy nos frustra en gran medida y nos hace sentir, a veces, como si estuviéramos trabajando al margen de la crisis. Sin embargo, la ayuda que podemos ofrecer es enorme y salva muchas vidas todos los días. Negociar el acceso a las zonas profundamente afectadas para atender a las personas que viven allí, me recuerda siempre el duro trabajo de mis colegas en Somalia, Kenia y Etiopía. Y agradezco a los millones de donantes de todo el mundo que con tanta generosidad nos apoyan para que podamos mantener y ampliar una ayuda crucial para el pueblo somalí.