blogeditor · 15 de diciembre de 2014
El recién nombrado publirrelacionista y vocero del GDF, coordinador de comunicación social de Miguel Angel Mancera, Óscar Kaufmann, también lo fue del Grupo México durante la explosión el la mina de Pasta de Conchos hace casi nueve años, la minera que se amparó en 2013 para evitar que se rescataran los cuerpos enterrados.


De suyo, lo malo no es que el jefe de gobierno recurra al auxilio de un experto en Relaciones Públicas para que le ‘maneje crisis’ como las que afrontó Germán Larrea. Es más bien la negación a solucionar los problemas apremiantes de la ciudad (y los del país, con la única oferta continuista de Enrique Peña Neto), barnizándola con remedios epidérmicos y proyectando una candidatura a la presidencia destinada al fracaso.
El ungimiento de Kaufmann confirma la colonización del PRI, sus peores vicios y costumbres en el Distrito Federal, sin que el otra invencible partido haya ganado una elección importante en la ciudad desde 1997. (Si acaso, un par de comicios delegacionales ayudados con candidatos chapulines llegados al tricolor por pura conveniencia).
Arranca oficialmente el destape a la candidatura presidencial del ex procurador del DF y hoy regente de la Ciudad de México (tras sincerarse: ‘Quiero ser presidente de México‘, en entrevista de La Opinión de Los Ángeles, en su edición del 10 de marzo de 2013).
Fechas. La madrugada del domingo 19 de febrero de 2006, 65 mineros fueron atrapados y murieron en las entrañas de una mina debido a la explosión en San Juan Sabinas, Coahuila. Sólo dos cuerpos han sido rescatados, y entregados a las familias. Las autopsias revelaron que, contra lo que alegaba la empresa, ellos habían muerto por asfixia.
[contextly_sidebar id=”RlUp7rHGzOiKv3vkB3inI49JOWSrkTKD”]Los restos mortales de los otros sesenta y tres mineros permanecen en esa inmensa tumba improvisada. Como el gobierno no ha obligado a Grupo México a realizar maniobras para tal efecto, sacarlos representa una inversión indeseada para uno de los hombres más ricos de México, dueño desde 2010 de la cadena Cinemex (donde pueden verse anuncios mentirosos minimizando la estrategia ecocida del consorcio, y exaltando las bondades de su empresa minera). Un oprobio congruente en este país que tolera el ejercicio de la esclavitud en megagranjas de entidades como Sinaloa, como puede acreditarse en una serie de artículos publicados en Los Angeles Times. Preámbulo de lo que será aún más habitual cuando calen hondo las irresponsables reformas peñanietistas avaladas por una oposición cómplice del PRI, totalmente domesticada.
Las salas de cine propiedad de Germán Larrea, quien compró la cadena Cinemex en 2008, eximen de culpa a Grupo México en otros casos notorios de negligencia y corrupción ambiental. Proyectan fantasías bondadosas parciales, sin oportunidad de conocer la verdad sobre sus tropelías.
Óscar Kaufmann fue vocero del Grupo México del crápula Germán Larrea Mota Velasco (derrame en el Río Sonora). Ahora lo será de Miguel Ángel Mancera. Habiendo tantos candidatos disponibles y con mayores méritos, no es buen augurio que el titular del GDF confíe su estrategia chayotera y comunicativa a alguien con antecedentes tan lamentables.
Y en mala hora llega Kaufmann a la Ciudad de México para ‘imponer orden’ e institucionalizar la mentira, hasta que concluya el obtuso gobierno de Mancera. Pocas notas sobre el actual estado de cosas en la ciudad se filtran en medios convencionales; han sido las plataformas críticas las que han compartido las lacras del actual gobierno seudo ‘progresista’, elevando el costo de una izquierda totalmente desdibujada.
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La administración de las crisis y el control de daños en países autoritarios a veces los obligan a dar golpes de timón (hasta el momento, no en México). En la República Popular China, han ayudado a allanarle el camino a la camarilla que gobierna ese país en la actualidad, quitando del camino a posibles rivales acusados -justificadamente- de corrupción masiva. Está por verse si se extiende al círculo cercano, algo que a Peña Nieto le afectaría hasta a su persona.





Video de Ai Wei Wei (@aiww), Perturbando la Paz, sobre sus indagatorias y la de muchos voluntarios convocados por él en redes sociales que lo acompañaron sobre el terremoto en el condado de Wenshuan, provincia de Sichuan, donde murieron más de ochenta mil personas, entre ellas miles de niños aplastados bajo los escombros de escuelas mal construidas, hijos únicos de prácticamente la totalidad de familias afectadas. Una defensa del trabajo del activista Tan Zuoren, condenado a cinco años de cárcel por exhibir la corrupción que posibilitó la tragedia, y liberado apenas en el mes de marzo 2014. El inicio de la historia que llevó al afamado artista a tener problemas serios con la policía, que lo mantuvo incomunicado 81 días a raíz de su involucramiento con causas sociales chinas.

Lágrimas de Sichuan. Otro video sobre el mismo caso, producido por HBO y nominado al Óscar en 2010. Su exhibición en la República Popular China está prohibida.

La persecución selectiva de autoridades corruptas en China acometida por Xi Jinping, (como aquí en México con cárcel para Elba Esther Gordillo y luz verde a Carlos Romero Deschamps), allá es mucho más amplia. El líder chino consolida su control sobre los distintos estamentos de la vida pública y gana adeptos en la opinión pública. Algo ha avanzado, mientras acá se vislumbran mínimos esfuerzos que mantienen intocados los cotos de poder peñanietistas (comenzando por la Casa Blanca de Angélica Rivera, las suyas propias o las propiedades y trinquetes de sus allegados).
¿Qué habría hecho alguien como Óscar Kaufmann, de haber sido contratado por el gobierno de la RPC, para justificar las muertes en Sichuan? Queda por verse si logra ‘vender’ con éxito a Mancera su nuevo encarrerado hacia la candidatura presidencial de la ‘izquierda’ en 2018.
A Kaufmann y su antiguo patrón Larrea habrá que recordarles los nombres de sesenta y cinco mineros que no debieron morir en Pasta de Conchos. El 19 de enero de 2015 se cumplirán nueve años de impunidad, y seguiremos tod@s contando.
Javier Pérez * Amado Rosales * Jesús Morales * Lauro Olacio * Guillermo Iglesias * Adrián Barbosa * José Luis Calvillo * Oscar Javier Cerda * José Ángel Guzmán * Roberto Zapata * Mario Alberto Ruiz * Pedro Dueñez * Ricardo Hernández * Jesús Rodríguez * José Alberto de León * Fermín Narváez * José García * Rolando Alcocer * Roberto Guerrero * Gilberto Rico * Ignacio Hernández * Jorge Antonio Tovar * Juan Manuel Rosales * Jesús Álvarez * Agustín Botello * Jorge Bladimir Muñoz * Ignacio Campos * Juan Antonio Cruz * Juan Fernando García * Jesús Cortez * Tomás Patlán * Juan Arturo Salazar * Felipe de Jesús Torres * Feliciano Vázquez * Pablo Soto * Hugo Ramírez * José Alfredo Ordóñez * Margarito Cruz * Gregorio Rangel * Margarito Zamarrón * Eliud Valero * Julián Martínez * Raúl Villasana * Juan Antonio Cárdenas * Gilberto Ríos * Guillermo Ortiz * Mario Cordero * José Porfirio Cibrián * José Ramón Hernández * Juan Raúl Ortega * Luis Jorge de Hoyos * Arturo García * Mauro Antonio Sánchez * Ernesto de la Cruz * José Alfredo Silva * Jorge Arturo Ortega * Juan Ramón Barrientos * Juan Martín Gómez * Reyes Cuevas * José Armando Castillo * Isidoro Briceño * José Manuel Peña * José Isabel Mijares * Jesús Viera * José Eduardo Martínez
Ninguno de ellos debió morir.
Su desempeño durante la fase de desvío de responsabilidades parece justificar, en un acostumbrado sesgo de la perversa historia cotidiana de México, el nombramiento del nuevo coordinador de comunicación social de Miguel Ángel Mancera. Se suma Óscar Kaufmann entonces a Joel Ortega y Luis Rosales Gamboa: director del Metro y encargado de despacho de la policía; veteranos operadores del crimen sin castigo en el New’s Divine. Inagotable lista de delincuentes y facilitadores, de gobiernos y empresas, que engrosa el compendio de la infamia nacional.
¿Cuántos más habrá, y hasta cuándo?