blogeditor · 2 de febrero de 2017
Por: Eréndira Aquino (@ErendiraAquinoA)
Esta historia comenzó cuando en El Nido (guarida desde donde trabaja el staff de Animal Político) nos preguntamos dónde conseguiríamos los tamales para el Día de la Candelaria, dado que nos acordamos de comprarlos cuando faltaba un solo día y en todas partes ya no tomaban pedidos.
Como buena millenial, su servidora acudió a San Google y buscó “tamales Colonia Condesa”, lo que arrojó varios resultados, entre los cuales estaba la página web Yelp, que reseña y recomienda restaurantes y servicios locales. Me encontré con Los Tamales de la Roma en el enlace que pueden checar acá.
Confiada en las bondades de internet, llamé al número 5207 – 8745 (que es el que aparece en el enlace de Yelp) y me atendió una persona que me dijo que necesitaba mi correo electrónico para poder enviarme el menú, tomar mi orden y decirme cuánto y dónde depositar para que al día siguiente entregaran los tamales a domicilio.
El correo electrónico llegó, con la dirección remitente [email protected]. El archivo adjunto era, efectivamente, un menú. Entonces elegimos los sabores y cantidades, luego hice el pedido y recibí de vuelta una cuenta bancaria para depositar el total de la compra.
Primer requisito sospechoso: que pagáramos el total antes de recibir los tamales, es decir 960 pesos (sí, así de tragones somos).
Cuando me percaté de lo raro que era que me pidieran todo el dinero, acudí al banco y deposité poco más de la mitad, llamé al supuesto negocio y me dijeron que no podían hacer la entrega, a menos que pagara la otra parte.
Ya un poco desesperada, le dije que no podía pedirme pagarlo todo sin la garantía de que mis tamales llegarían (ingenua yo), a lo que me respondieron que ellos se encontraban en la misma incertidumbre sobre si yo pagaría el resto del pedido para recibirlos.
Total que, en la desesperación por conseguir el pedido (porque el muñeco de la rosca no perdona) realicé el pago, volví a llamar con los supuestos tamaleros, me dijeron que me enviarían un correo electrónico de confirmación del pedido y que esta mañana tendría conmigo los tamales.
Los tamales no llegaron. Un compañero me acompañó por el pedido. Llegamos a la dirección que aparecía en Yelp. Efectivamente Los Tamales de la Roma existe, pero al preguntar por el pedido la persona que atiende me dio la mala noticia: el pedido nunca se tomó, ni reciben pagos electrónicos. Me habían estafado.
Lo peor no fue eso, sino que la encargada reconoció que saben de la existencia de este mecanismo de fraude, porque otras personas han acudido antes en la misma situación que nosotros. Pero por lo visto, con todo y pena por los defraudados, hasta ahora no han hecho nada para impedir que más gente siga cayendo en la estafa.
De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) los posibles fraudes cibernéticos representan el 32 % de las reclamaciones del sector bancario.
De enero a septiembre de 2016, CONDUSEF recibió 3 millones 917 mil 674 reclamaciones por posible fraude. El banco con más reclamaciones es Banamex, ahora Citibanamex, seguido de Santander y Banco Azteca.
Lo bueno: unos estafadores no nos iban a detener y conseguimos tamales para salvar el 2 de febrero en El Nido.
Lo malo: la estafa se dio y perdimos los 960 pesos que se depositaron en una cuenta de Citibanamex, que se hace pasar por una tamalería que sí existe… y a los de la tamalería y a Yelp parece no importarles que esto suceda.
Moraleja: hay que tener cuidado con los fraudes electrónicos, porque cada vez son más sofisticados y difíciles de detectar. Y si caes -como nosotros- hay que denunciar.
* Eréndira Aquino es una millennial reportera que a partir de ahora tendrá más cuidado con lo que compra en internet, sobre todo si desde un principio le parece sospechoso todo el asunto.